Tres ataúdes blancos

12 octubre, 2015 |
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En la contraportada de la edición de Anagrama lo anuncian: se va a morir.

Este artículo contiene spoilers

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En la República de Miranda, José Cantoná vive en el barrio La Esperanza con su padre vivo y sin su madre difunta. Es joven, corpulento, alcohólico, toca el contrabajo y cursa Estudios Generales en la Universidad Nacional de la República de Miranda.

En resumen, Cantoná, el narrador, no es nadie en ese país dirigido por el presidente Tomás del Pito, pero por decisión del editor de turno en Anagrama, sabemos antes de empezar que va a suplantar a un líder político de oposición, que va a fracasar y que lo van a perseguir hasta lograr asesinarlo. También, antes de abrir siquiera el plástico que encierra al libro, sabemos que hay una amada y que esta sí logra escapar, pero con ella no queda viva ninguna esperanza de ningún nuevo comienzo para la historia. Esta ha sido una de las mejores novelas que he leído escritas por un bogotano contemporáneo. La recomiendo, porque su historia nos concierne a cada uno de nosotros, y porque tal vez surja algún pensamiento o pregunta que nos ayude a entender algo de la sociedad en la que vivimos.

La República de Miranda, ubicada en algún sitio de Latinoamérica, tal vez con frontera con Panamá, Venezuela, Brasil, Perú y Ecuador, es dirigida por el señor Tomás del Pito, el mejor presidente de la historia. Dueño y señor del país, promete y cumple, compra la paz con asesinatos silenciosos, miedo y riqueza. Tiene al Escuadrón de la Muerte, un grupo “al margen de la ley”, ordenaditos en fila a espera de sus caprichos, a la guerrilla Estalinista hipnotizados, a los narcotraficantes en el bolsillo trasero de su pantalón a medida y a todo el pueblo de Miranda postrado a sus pies. Se acercan las elecciones a la presidencia y Del Pito se lanza a su quinto mandato. Sin embargo, existe un opositor fuerte que amenaza con ganarle las elecciones y acabar con su tiranía, el inigualable Pedro Akira. Con el carisma propio de un líder del pueblo, una oratoria impecable, una apuesta política sin precedentes y lo más importante, pruebas irrefutables para tumbar a Del Pito. Hay esperanza en el país, para algunos, con Akira, hasta que una mañana, en un restaurante italiano, le pegan tres tiros en la cabeza.

Luchar contra Del Pito es como pelearle al árbitro o la FIFA que fue gol de Yepes, todos vimos que fue gol, el mundo entero, pero nadie va a hacer algo al respecto

Así inicia la novela Tres ataúdes blancos de Antonio Ungar, un bogotano que vive en Palestina-Israel y que se ganó, con el éste libro, el premio Herralde de novela. Resulta que nuestro protagonista tiene una característica muy especial, es idéntico físicamente a Pedro Akira, pero no tiene nada que ver con el líder de oposición. Un compañero suyo de colegio terminó de mano derecha del líder, y sabía del parecido, así que cuando lo matan, Jorgito Parra, el puente entre ambos, va al barrio La Esperanza para que Cantoná suplante al verdadero Akira y evite su muerte y la victoria inminente de Del Pito. Para sorpresa de nadie, el protagonista acepta, y sin más, se convierte en Pedro Akira y olvidamos a José Cantoná. Entonces, milagrosamente sobrevive a tres tiros en la cabeza y está listo para seguir con su campaña presidencial. Pero ya sabemos, gracias al editor de turno de Anagrama, que a él también lo van a matar.

Luchar contra Del Pito es como pelearle al árbitro o la FIFA que fue gol de Yepes, todos vimos que fue gol, el mundo entero, pero nadie va a hacer algo al respecto. Y no hay vuelta atrás, perdimos el partido, nos sacaron del mundial y todas nuestras esperanzas, que latían con fuerza, murieron, con lágrimas, gritos, madrazos y sin nadie a quien le importara. Lo más triste es que lo dejamos pasar, seguimos con la vida, aceptamos la derrota y entonces nos preguntamos si ir por Argentina o por Alemania. Así es Del Pito, le importa un pito la humanidad, pero si quiere que sea gol, hace magia verde y es gol, y si a alguien no le gusta, le pega un tiro, lo viste de malo y lo alza como un trofeo frente a todo el estadio para que lo aplaudan. Así lo cuenta el protagonista: “Según me entero demasiado tarde, el Martes Santo la mejor telenovela se había interrumpido sin previo aviso y, en vez del galán, en todos los hogares apareció la carita del bondadoso líder. Su biquita rosada, como de felpa húmeda, hablando durante muchos minutos. Para cuando terminó, las pruebas que yo había mostrado acerca de sus crímenes quedaron abolidas del espacio-tiempo para siempre” (Ungar, 157).

Así le pasó al impostor de Pedro Akira, mostró todas sus pruebas contra el tirano, y por arte de magia, el tirano terminaba siendo él. Entonces, se escapó con su amada, Del Pito ganó las elecciones y aprovechó para decir que Akira estaba muerto. El impostor y narrador vivió feliz unos años, hasta que en un arranque de locura, grabó un video más con la última prueba contra Del Pito, pero lamentablemente, como ya sabíamos, lo matan. Aquí vale la pena retomar las palabras del editor de Anagrama “con ella queda viva la esperanza de un nuevo comienzo para la historia”. Con ella solo queda viva ella, nada más. Lo que pasa, y aquí tomo el puesto del editor de Anagrama, es que esa última prueba llega a los diarios y se vuelve viral. De repente, todo el país está cubierto por la imagen de Akira que dice “Yo estoy vivo” y empieza a circular un manuscrito que ha hecho el impostor sobre sus aventuras.

El impostor y narrador vivió feliz unos años, hasta que en un arranque de locura, grabó un video más con la última prueba contra Del Pito, pero lamentablemente, como ya sabíamos, lo matan.

La esperanza no está en ella, la esperanza está en algo vacío, porque en la realidad Akira está muerto, muerto tres veces, el de verdad, el inventado y el impostor, todos sus seguidores han sido comprados y Del Pito es el presidente. Además, en un guiño más directo de Ungar a la real realidad, como dice el protagonista, esta amada, luego de leer el manuscrito le pregunta al protagonista muerto, ¿Porqué llamas a XXXX  XXXX “Del Pito”?, ¿Por qué no explicas que Miranda es en realidad XXXXXXX?

Llenemos esas X y tal vez muchos coincidiremos con las mismas palabras que remplazan a las ficticias. Imaginemos a Bogotá con los Pedros Akira vivos y pensemos bien por quién votar para las próximas elecciones del 25 de octubre, que luego tendrán repercusión en las elecciones del 2018. Y votemos, porque de pronto gana otro Del Pito, y luego no podremos quejarnos.

Anagrama, 2010, 288 páginas

Ana María Díaz

Soy editora y fundadora de la editorial independiente El salmón editores y redactora de Imagina Bogotá. Tengo una predilección por los libros infantiles y quisiera saber dibujar para ilustrar mis propias historias.

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