Teatros con pasado

29 septiembre, 2015 |
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Los teatros México, de Bogotá y Faenza, tres contadores de historias del barrio Las Nieves que han sido restaurados para el disfrute de los bogotanos.

Pasar por la calle 22 sin sentirse atraído por su exotismo arquitectónico es imposible. Esta es una de las vías que conectan a los Cerros Orientales con el barrio Las Nieves, hogar del espíritu de la Bogotá de antaño y de una trinidad que acoge las múltiples expresiones culturales de la ciudad: los teatros México, de Bogotá y Faenza.

En ellos, los capitalinos disfrutan de danza, dramaturgia, música y cine; además, se encuentran con los vestigios de una historia que ha ido de la gloria a la decadencia, y que, desde hace algunos años, gracias a la intervención de la Universidad Central, han reabierto sus puertas para iluminar con su magia la calle 22.

Sus respectivas historias son tan bellas como trágicas e incluso hay una que no se ha contado por completo: la del Teatro de Bogotá. Este fue construido en 1969 por la firma Cuéllar Serrano Gómez, y a partir de 1972 se convirtió en sala de exhibición de estrenos. Era allí donde los censores se reunían para aprobar lo que podía y no podía verse de cada película que llegaba a la ciudad.

Al igual que muchos teatros de la zona, tuvo un periodo de crisis y fue usado como sala de cine porno, luego abandonado, y posteriormente recuperado por la Universidad Central, que lo restauró y convirtió en un espacio perfecto para presentaciones de ópera y música de cámara (la acústica del teatro es increíble), foros y conferencias.

IMAGINA BOGOTA Teatro Jorge Enrique Molina

Por otra parte está el Teatro México ━conocido actualmente como Auditorio Jorge Enrique Molina━ que fue durante muchos años el lugar de encuentro de la Bogotá popular (alejada de esa que se había construido hacia el norte, que prefería el golf, el rock, el jazz y el cine europeo), cuyas expresiones culturales se veían reflejadas en deportes como el tejo y el fútbol, las peleas de gallos, la música ranchera y el cine mexicano, que atravesaba su época dorada y contaba con figuras emblemáticas como María Félix, Pedro Infante y Cantinflas, entre muchos otros.

Carlos Gardel  y el Trío Matamoros, fueron algunos de los artistas que se presentaron en el Teatro Faenza.

El éxito del cine mexicano entre los bogotanos se debió principalmente a la enorme difusión hecha por la empresa Películas Mexicanas (Pelmex), que construyó teatros en distintas ciudades de Latinoamérica para la exhibición de sus cintas, entre ellos el México. Esta obra pretendía evocar, además del amor por el cine, el misticismo de la cultura azteca, por lo que en su fachada se pueden observar figuras con motivos precolombinos hechas en cerámica.

Tras la crisis que tuvo el cine mexicano en el país, a finales de la década de 1980, Pelmex decidió liquidar y clausurar el teatro, lo que dejó las puertas abiertas para que el mejor postor lo adquiriera. Fue en 1994 cuando la Universidad Central lo compró e inició su proceso de adecuación y modernización. En 1998, el Auditorio Fundadores, sala de exhibición alterna del México, se convierte en el hogar permanente del Cineclub de la Universidad Central, que venía funcionando desde 1975 en el Auditorio Radio Sutatenza.

En los últimos años el Teatro México es reconocido como un espacio moderno, dotado de equipos que permiten proyecciones de altísima calidad, y que le permite al espectador disfrutar de cualquier evento por su comodidad y acústica. Es utilizado para foros, conciertos, obras teatrales, entre otros.

Por último, para completar la trinidad, está el bellísimo Teatro Faenza, que con su fachada estilo art nouveau, atrae las miradas de quienes transitan por la calle 22. Este es, como lo dice Luis Alfredo Barón en un ensayo sobre los cinemas bogotanos, el símbolo de la recuperación del patrimonio arquitectónico bogotano.

Su construcción se inició en 1922 y fue inaugurado el 3 de abril de 1924 con la proyección pública de la película francesa L’ironie du destin (1923), de Dimitri Kirsanoff. Así mismo, se proyectaron películas como La huerfanita, Brumas protectoras y El gran galeoto, además del estreno de La tragedia del silencio, del director bogotano Arturo Acevedo Vallarino. Por él también pasaron grandes artistas de la época, como el Trío Matamoros, el escritor de teatro y dramaturgo Luis Enrique Osorio y Carlos Gardel (quien se presentó los días 22 y 23 de junio de 1935, y murió al día siguiente mientras regresaba a Medellín).

Hasta finales de la década de 1940 fue sala obligada de proyección de estrenos cinematográficos y presentaciones musicales, además de centro social para los bailes y recepciones de las clases acomodadas de Bogotá. Desde entonces ha gozado de gran reconocimiento gracias a su arquitectura y su historia, siendo, por ejemplo, el único espacio construido exclusivamente para proyección de cine que ha sido declarado monumento nacional y, posteriormente, bien de interés cultural.

IMAGINA BOGOTÁ Teatro Faenza

Tras el Bogotazo y la llegada de la televisión al país (razón de la decadencia de casi todos los cines de la época), el Faenza emprendería el camino hacia el abandono. En los setenta, al igual que el Bogotá y otros cinemas del barrio Las Nieves, este se convirtió en sala de exhibición de películas de artes marciales, así como lugar de encuentros sexuales de todo tipo. Su máxima pauperización llegó en los noventa, cuando, en medio del deterioro absoluto, sirvió como refugio de indigentes y delincuentes.

El 20 de enero de 2004 la Universidad Central asumió la restauración del Faenza, marcando así un hito en la recuperación del patrimonio arquitectónico del centro de Bogotá. Han sido 11 años de arduo trabajo (y muchos hallazgos) que hasta ahora han dejado una gran satisfacción para la Institución, pero, sobre todo, para los ciudadanos, que podrán disfrutar de un escenario que produce encantamiento a primera vista.

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