¿Qué tanto está haciendo la Administración de Peñalosa por los habitantes de calle?

21 julio, 2016 |
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La puerta de Transmilenio se cierra detrás de él, que logró colarse al bus en el último segundo, casi a la fuerza. El discurso empieza como muchos de los que uno oye durante el día, en medio del transporte público. Habla de la existencia de más de 25 mil habitantes de calle y de los miles que mueren cada año. Habla del Cartucho, del Bronx, de vivir en la calle, del peligro, del basuco, del miedo, del rechazo, de la soledad. No canta rap ni trata de venderle dulces a los pasajeros del Transmilenio que miran por las ventanas. Simplemente habla pausado, mirando a los ojos de la poca gente que le pone atención. Al final del discurso que se echa, pasa por los puestos con mirada inquietante, extendiendo la mano sin mucho ánimo. Recibe apenas un par de monedas de los pasajeros que están en ese vagón. Finalmente se baja del articulado dos estaciones después de haberse subido y, antes de arrancar, veo por la ventana que se lanza al piso de la estación, se quita la cachucha y empieza a pegarse contra las barandas que hay a los lados de la puerta. Pareciera que está llorando.

Episodios como estos terminaron por mimetizarse con nuestra vida cotidiana en Bogotá, volviéndose momentos tan comunes de nuestros días como esperar el bus, almorzar o llegar al trabajo. Los llamamos indigentes, desechables, habitantes de calle, loquitos, ñeros o los nadie, personas que desde hace varios días, meses o años decidieron empezar a dormir en la calle por miles de razones, volviéndola su hogar y cortando en algún punto su lazo con la realidad como la conocían.

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Fotografía de: http://solopaisas.com.co/

La Secretaría Distrital de Integración Social (SDIS) define al habitante de calle como una “persona sin distinción de sexo, raza o edad que hace de la calle su lugar de habitación, ya sea de forma permanente por lo menos 30 días continuos, o transitoria cuando haga uso de lugares especiales de alojamiento (instituciones públicas o privadas, paga diarios o lugares de consumo).” Según un censo realizado en 2011 a esta población, existen en Bogotá cerca de 10.000 habitantes de calle, aunque es muy complicado saber la cifra exacta, por su naturaleza ambulante.

Asimismo, en un estudio realizado por la SDIS en 2014 sobre la habitabilidad de calle por localidad, se concluyó que las localidades donde más se ubica esta población son Kennedy, Santafé, Mártires, La Candelaria y Puente Aranda, y que existen cerca de 3667 cambuches en la ciudad. De igual manera el estudio indaga por el consumo de sustancias psicoactivas y reporta que 82,81% de los habitantes de calle afirma consumir cigarrillo, 74,88 admite consumir basuco y 62,15 afirma fumar marihuana.

Uno de los epicentros de estadía y de consumo de muchos habitantes de calle son las ollas de la ciudad, sitios de tráfico de drogas, armas y hasta personas, que siempre han estado en el ojo de la opinión pública. Sin embargo el tema se volvió completamente protagonista durante los dos meses pasados en la ciudad debido a la olla del Bronx, ubicada entre las calles 9 y 10 y las carreras 15 y 15ª y la más grande de Bogotá, que fue desmantelada por la alcaldía actual a finales de mayo, en un operativo que duró varios días, donde participaron cerca de 2500 personas entre policías, militares, funcionarios de la Fiscalía, el ICBF, las secretarías de Integración Social y de Salud.

Las historias que resultaron de tal intervención, muchas captadas en video, y que conocimos a través de las pantallas de los televisores y los computadores, van a quedar en la memoria de los bogotanos por mucho tiempo. Con el tiempo las tramas fueron cogiendo tinte de película de terror. Cada titular superaba en fantasía al anterior, pero lamentablemente todos parecían ser ciertos. Con el drama, llegó el sensacionalismo, la coyuntura, la oportunidad. Ya no se trataba de retratar el drama de miles de personas que pasaban sus noches allí, o de evidenciar el gravísimo trasfondo social que estaba detrás de un espacio donde no había ni dios ni ley ni nadie que hiciera nada. Ahora se trataba de poder contar la historia más impresionante, de encontrar el personaje más macabro, de lo que le generara más miseria al público, y de eso había para rato.

Paralelo a las historias, se publicaban los testimonios del alcalde, quien afirmaba de manera firme que el Bronx no volvería a ser una república independiente del delito y que con el operativo se habían logrado desmantelar las bandas de narcotráfico más grandes de la olla: gancho Mosco, gancho Manguera y gancho Payaso. “Mano dura contra los criminales, oportunidades para habitantes de calle y oportunidades para ciudadanos vulnerables” trinó durante los operativos el alcalde.

En cifras de la Alcaldía de Bogotá, durante la intervención del Bronx se atendieron cerca de 2051 habitantes de calle en los 7 centros de atención de la capital que estaban operando con la supervisión de casi 150 funcionarios de la Secretaría de Integración Social. Asimismo se atendieron cerca de 943 jóvenes con el IDIPRON (Instituto Distrital para la Protección de la Niñez y la Juventud), de los cuales 157 aceptaron internarse en los centros disponibles.

Y estos son números muy alentadores, pero detrás de ellos continúa la duda, casi dos meses después, de si la intervención en el Bronx fue la mejor decisión que el alcalde pudo tomar, o fue más bien una reacción policiva frente a este espacio regido por el delito.

 

“Es importante señalar que la intervención realizada en el Bronx fue ejecutada con el propósito de hacer frente a la grave situación de seguridad que se presentaba en la zona, relacionados con una serie de dinámicas desarrolladas por organizaciones al margen de la ley, que generaba una situación de violación de derechos y ponía en riesgo la integridad física, psicológica y moral de poblaciones como niños y adolescentes, personas mayores y habitantes de calle”, afirma la SDIS al respecto del operativo.

“Nosotros lideramos el componente social, es decir, mitigando los impactos socioeconómicos que los operativos generan y brindando atención psicosocial, concentrando las acciones en la atención integral de la población habitante de calle, proceso que contó con el acompañamiento del ICBF y el IDIPRON.”, explicaron.

Cuando le pregunto a la entidad por los retos que se avecinan después de una intervención de este talante, me responden: “apostamos por mantener en el sector y las áreas aledañas a los equipos de promotores sociales y profesionales que hacen parte del Proyecto 1108 ‘Prevención y atención social integral para el abordaje del fenómeno de habitabilidad en calle’, para que continúen con la oferta de la entidad a los habitantes de calle y estos puedan acceder a nuestros centros de atención para iniciar procesos psicosociales de superación de la habitabilidad en calle, permaneciendo en mayor tiempo posible dentro de los centros hasta que culminen satisfactoriamente sus procesos.

De igual manera, la SDIS también le quiere apostar a la prevención del fenómeno de la habitabilidad de calle en el sector intervenido, reduciendo “la incidencia de los factores que generan el inicio de la habitabilidad en calle en las poblaciones en alto riesgo, vinculadas a diversas situaciones urbanas de alta permanencia en calle”. Para ello, la entidad planea proponer procesos y alternativas que permitan “impactar las vidas y las conductas de los diferentes actores involucrados, así como las dinámicas territoriales que producen y reproducen el fenómeno”, una dinámica que según esta secretaría, va a ser desarrollada a nivel distrital.

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Fotografía de: http://hsbnoticias.com/

Por su parte la alcaldía ha hecho pública su firme intención de invertir 172.000 millones de pesos en sus políticas públicas para habitantes de calle, no solo para mejorar la calidad de vida de esta población, sino para “mejorar la percepción de seguridad en la ciudad”. También se han hecho públicas las actividades de resocialización programadas por la administración en los centros de atención como el Javier Molina o La Rioja del IDIPRON, donde están empezando a vivir muchos habitantes de calle después de la intervención en el Bronx. Una de las actividades, la de kick boxing, fue criticada por los ciudadanos, alegando que podía ser una herramienta de ataque más, en caso de que estas personas salieran de los centros e incurrieran en actos delictivos.

Los espacios de recuperación y rehabilitación son un punto clave en este proceso post intervención. Hace dos semanas más o menos, el Alcalde Mayor, Enrique Peñalosa, hizo público un plan de implementación con una variedad de espacios: hogares de paso de día y de noche, centros de atención transitoria y comunidades de vida, para suplir las necesidades inmediatas y de largo plazo del habitante de calle, ya sea que quiera quedarse un rato, pasar la noche bajo techo y en condiciones dignas o que definitivamente quiera dejar la calle, caso en el cual empiezan un proceso de dos a cinco meses en un centro de atención transitoria, para terminar con “comunidades de vida” en una resocialización.  Por ejemplo: este año, en un convenio con el IDIGER, 150 habitantes de calle obtuvieron su primer empleo recuperando los canales de agua de Bogotá, como parte de su proceso de recuperación.

Salgámonos del caso Bronx y vayámonos a lo general.

En 2015 la SDIS, del gobierno de Bogotá Humana en cumplimiento de la Ley 1641 de 2013 que establece los lineamientos para formular una política pública social para habitantes de calle, expidió el Decreto Distrital de 2015 “Por medio del cual se adopta la Política Pública Distrital para el Fenómeno de Habitabilidad en Calle”. Asimismo, formuló el proyecto 1108: “Prevención y atención social integral para el abordaje del fenómeno de habitabilidad en calle.” Esto, para la entidad, significa que “la administración distrital cuenta con una política pública para abordar el fenómeno de la habitabilidad de calle”.

Los planes a ejecutar están y las políticas en el papel están, pero aún falta ejecución, y eso solo podrá evaluarse sobre la marcha. Sin embargo, a algunos les preocupa que todas estas estrategias arañen la superficie, sin llegar al fondo de la problemática social.

“Digamos que el objetivo sea acabar con la venta de drogas en el Bronx”, explica Marcela Tovar, fundadora del Centro de Pensamiento y Acción para la Transición CPAT, quien afirma que es evidente que los que verdaderamente se lucran del negocio no estaban en el Bronx. “Por lo tanto, van a buscar otros lugares dónde vender, generando un efecto de diáspora, tanto de las personas que vivían ahí, como de las actividades ilícitas realizadas”.

Lo mismo opina Carlos Carvajal, ex asesor de la Secretaría de Salud, quien aún duda que la intervención haya sido efectiva. “Hablan de la captura de muchos sayayines, pero estos son solo la fuerza de choque de la mafia que controla ese microtráfico, que no es solo de marihuana y basuco”, afirma, “sino de autopartes robadas, de celulares… ¡De todo!, y muchos de los que capturan siguen delinquiendo en la cárcel. Hace una semana la alcaldía se llenó la boca hablando de que bajaron los índices de inseguridad en la zona, pero la verdad es que el problema no hizo sino expandirse”.

“No es sencillo pensar en una estrategia social para un territorio dominado por mafias y funcionarios corruptos en una ciudad como Bogotá”, reconoce Tovar, quien también alega que el espacio que buscaba “limpiarse” se trasladó parcialmente a otras locaciones, principalmente Plaza España, lo que para ella demuestra que el Distrito no preparó una capacidad de respuesta adecuada para recibir a quienes vivían en ese espacio.

 

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Fotografía: Nathalia Guerrero

Por su parte Íngrid Morris, autora del libro “En un lugar llamado El Cartucho”, refuerza esta sospecha en un texto que defiende que la intervención al Bronx fue una solución meramente estética. “Si la intervención suponía una estrategia de contingencia, de ella no hay evidencia de planeación tanto en la SDIS como en IDIPRON, la mayoría han sido soluciones sobre la marcha”, afirma. “La fuente más importante de información son los habitantes de calle que por décadas han usado esos servicios y son una autoridad al manifestar la manera en cómo ha aumentado o disminuido la atención en estos centros”. Para Morris son ellos los que manifiestan la incapacidad para albergar a tanta gente, y los funcionarios que no dan abasto por tanta demanda de habitantes de calle”.

La SDIS niega rotundamente ese “efecto diáspora”, que ha hecho que los habitantes de calle empiecen a deambular en otras localidades, barrios aledaños, o incluso por fuera de la ciudad, hacia territorios como Ibagué o Villavicencio según algunas denuncias de la ciudadanía y los medios.

“Ni la entidad, ni sus dependencias o funcionarios han dado lineamientos o directrices para trasladar habitantes de calle a otros municipios, puesto que la Secretaría cuenta con centros para brindar atención social a dicha población”, alegan, reconociendo que el comportamiento de los habitantes de calle los lleva a deambular por cualquier territorio. “La sentencia T 043 de 2015 expresa que no se puede obligar a ninguna persona a ser vinculada a algún proceso personal de recuperación y la 040 de 2006, resalta que la mendicidad no se considera  un delito, por lo tanto el traslado de habitantes de calle o la vinculación a los servicios que presta el distrito a esta población es de manera voluntaria”, afirma la entidad.

Respecto a esto último el alcalde se ha pronunciado, pidiendo que se revise y se ajuste el fallo de la corte que indica que no se puede someter a los habitantes de calle a procesos de rehabilitación. “Tenemos, más que nunca, jóvenes y adultos mayores en centros de atención y muchos de ellos están en programas de rehabilitación”, afirmó Peñalosa ante los medios hace un par de semanas. “Pero la Corte Constitucional no permite que nosotros hagamos nada al respecto; no podemos quitarlos del espacio público si ellos quieren estar ahí”.  La petición deja una pregunta en el aire: ¿Qué tanto puede recuperarse de su adicción una persona que está rehabilitándose a la fuerza?

Nathalia Guerrero

Periodista. Cazadora del misterio de las pistas de baile colombianas en THUMP Colombia. Narradora de fenómenos urbanos y underground en VICE Colombia.

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