Peñalosa abre otro debate ambiental con la propuesta de su sendero rompefuegos en los Cerros Orientales

3 mayo, 2016 |
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Por Nathalia Guerrero – Mayo 3 de 2016

A finales de enero del año pasado, y en un intento entusiasta por querer conectarme con los distintos paisajes de mi ciudad, subí con un amigo a la quebrada Las Delicias por cuarta vez en mi vida, ubicada hacia arriba de la Calle 62 con Carrera 3a.

Mientras la gente bajaba, nosotros subíamos entusiasmados por lugares que ya me eran conocidos. Atravesamos el barrio Bosque Calderón y nos fuimos adentrando cerro arriba, entre quebradas y caminos de madera. Luego de pasar por un kiosco, sentimos un gran empujón con mi amigo. Dos tipos con cuchillos del tamaño de sus brazos salieron de la nada, poniéndolos con presión sobre nuestro cuello. Después de hacernos acurrucar y mirar al piso, quitarnos todas nuestras pertenencias, darnos dos mil pesos para el bus de ambos y hasta de botarnos cogollos de marihuana “para fumar en el camino,” los dos individuos desaparecieron monte arriba.

Con el pánico clavado en nuestra espina dorsal, bajamos como pudimos de la montaña buscando la moto o la estación de Policía más cercana. Obviamente habíamos decidido abandonar nuestro propósito de llegar a las quebradas que quedaban arriba de la montaña y yo, personalmente, abandoné mi propósito de conectarme y disfrutar del verde de mi ciudad desde ese día, reemplazándolo por un miedo que me acecha a cada segundo apenas salgo de mi casa.

El problema de la seguridad, o más bien de la inseguridad en los Cerros Orientales, no es una preocupación reciente. Desde hace ya varios años, la problemática concierne a la población más afectada: los caminantes que recorren los senderos, quienes coinciden en que la Alcaldía y la Policía Nacional deben ofrecer protección en muchos más puntos de los cerros y en horarios más extendidos, ya que en zonas como la Quebrada la Vieja o la de Las Delicias existe acompañamiento de la Policía Nacional pero solo de seis a diez de la mañana.

En el caso de estas zonas ya tienen identificados a algunos de los atracadores, pero no pueden capturarlos por falta de denuncias de los caminantes afectados. Sin embargo, en muchos de sus relatos a los medios, coinciden en que el manejo que la Policía le da a los denuncios por atracos en estos puntos es casi negligente, como pasó en mi caso.

Por fortuna muchos en esta ciudad siguen teniendo el propósito de disfrutar de las calles y de lo que se considera es el pulmón de Bogotá. Y no me refiero a políticos, o a funcionarios públicos. Ciudadanos del común que desde hace varios años decidieron apostarle a ese eje verde que recorre paralelamente todo el territorio bogotano, ya sea porque viven en él, porque deben recorrerlo a diario, porque se han encontrado en sus montañas, o porque han encontrado en ellas un espacio de conservación y recreación que pocas capitales tienen en este continente,  y del que toca, sí o sí estar pendientes.

Gente como Andrés Plazas, quien lidera la comunidad Amigos de la Montaña y lleva 17 años subiendo y disfrutando de la Quebrada la Vieja, el sendero de los cerros que tiene mayor afluencia de caminantes actualmente, y el territorio que dio pie a que se organizara esta comunidad desde hace varios años.

“Hemos tenido la suerte de recorrer los Cerros Orientales todos los días, lo cual nos ha permitido adquirir un conocimiento y una sensibilidad frente a ese espacio de la ciudad”, afirma Plazas, quien define a Amigos de la Montaña como una organización que trabaja para una articulación entre los cerros y la ciudad, para una conversación entre las montañas y los ciudadanos”.

La conversación entre las montañas y los ciudadanos que señala Andrés Plazas ha sido objeto de intereses, discusiones públicas, acciones populares y seguimientos desde hace varios años hasta hoy, sin una solución que deje conforme a alguna de las partes. Es decir: políticos, activistas ambientales, empresas constructoras y obviamente los bogotanos, los directos implicados de este balance.

¿Cuánto nos podemos adentrar en nuestra propia espesura? ¿Por dónde podemos caminar sintiéndonos seguros, en qué punto nos toca limitarnos a mirar nada más y qué zonas se vuelven obligación de conservación entre todos?

Además del problema de seguridad, esta organización junto con otras, han trabajado con la administración  en temas como la permanencia de los barrios que habitan los Cerros, el cumplimiento de los pactos de borde y el problema de los incendios. Sin embargo, desde enero han surgido otras preocupaciones relacionadas con los planes de la actual administración: el propósito de convertir en urbana el área de contacto directo con la ciudad y uno de los megaproyectos de Peñalosa, un circuito ecológico que incluye la construcción de un sendero panorámico de 65 kilómetros de largo.

En 2005 una Resolución del Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial excluyó de la Reserva Forestal 973 hectáreas y la convirtió en una Franja de Adecuación, para crear una especie de transición entre los Cerros y la ciudad, y dentro de ella estableció una zona de ocupación pública prioritaria de más de 500 hectáreas. Luego una sentencia del Consejo de Estado, que empezó a regir en 2014 ordenó que esta área se debía volver una zona de aprovechamiento ecológico y recreativo.

La zona de aprovechamiento ecológico y de uso público se ha vuelto una discusión también pública. ¿Qué concepciones tenemos los ciudadanos respecto a este aprovechamiento? ¿Debería ser rural o urbana?  ¿La creación o habilitación de senderos es una opción viable para el uso de esta franja, o es mejor el sendero panorámico y rompe fuegos que Peñalosa propuso cuando estaba en campaña?

Para Juan Carlos Gutiérrez, integrante de la organización Mesa de Cerros, la respuesta a todas estas preguntas tiene que ver incluso con lo ancestral y lo patrimonial. “Lo que la Mesa quiere hacer es reconocer una red de caminos existentes que son históricos”, me cuenta Gutiérrez, que ayudó a fundar esta organización ya hace once años. “Hay caminos indígenas, hay rutas que conectaban los Llanos Orientales con Bogotá incluso antes de la llegada de los españoles, y muchos de esos senderos se mantienen en la memoria de esas personas.”

Mesa de Cerros no solo vela por la conservación de nuestros cerros y de sus senderos, sino también por la protección de los pobladores “populares e históricos”, que han vivido en la reserva incluso antes de que fuera declarada como tal, en 65 barrios ubicados desde Usme hasta Usaquén, según Gutiérrez.

Para la organización es muy importante que cualquier propuesta que se ejecute vaya de la mano con la población habitante de los barrios y las veredas de los cerros. “Hay una preocupación de que se construya una especie de plataforma de turismo a operadores privados y que tengan un impacto social, pero sobre todo ambiental, porque los cerros tienen muy poca capacidad de carga, es una zona muy vulnerable”, manifiesta Gutiérrez, que a su vez me cuenta que las comunidades de estos territorios ya cuentan con sus propias iniciativas de turismo, de aventura, de recreación pasiva, de reconstrucción de tejido social y ambiental.

Gutiérrez ha trabajado con Amigos de la Montaña, pero aclara que los énfasis de ambas organizaciones son un poco distintos. “El nuestro es más amplio: busca reconocimiento de los barrios populares, recuperación de las quebradas… todos los temas, sociales y ambientales”, explica.

“Hasta donde nosotros tenemos entendido, parece que desde Planeación Distrital quieren urbanizar toda la zona no construida dentro de la Franja de Adecuación, y eso significaría un desastre gigantesco para los Cerros Orientales,” afirmó Gutiérrez.

Sin embargo, el mismo Plazas me cuenta que su lucha no solo se trata de los cerros sino de los que los habitan, los que los caminan y de la calidad de vida, la salud física, mental y emocional de los bogotanos.

 

“Ya existe el primer estudio científico de capacidad de  carga en los Cerros Orientales, fue elaborado por Conservación Internacional para la quebrada Las Delicias dentro del proyecto de recuperación de quebradas de Chapinero, que indica que el número máximo de personas que pueden subir a ella en un día es de 125 personas en grupos de 25 personas. El estudio de capacidad de carga de la Quebrada La Vieja está siendo adelantado por la Empresa de Acueducto. Nuestros conteos indican que a la Quebrada La Vieja están entrando más personas de las que deberían: 300 visitantes diarios de lunes a viernes y en promedio 1900 visitantes diarios los días sábados. ”

 

Una necesidad más para implementar una propuesta de más senderos en los cerros. Fanny Santamaría, otra integrante de la organización, me cuenta que debido a esto han estado trabajando con todas las entidades públicas que les ha sido posible, no para abrir, sino para acompañar senderos ya existentes; “buscamos que se pueda ofrecer a los caminantes varios senderos con seguridad garantizada”, afirma Santamaría. “También abogamos para que haya una señalización, porque no solo se trata de caminar sino de mirar, de fijarse, de un uso respetuoso de la montaña.”

 

Cartografía de los senderos  y el Corredor Ecológico y Recreativo 

 

Desde 2014, junto a la Secretaría Distrital de Planeación y el Grupo de Geografía de Montaña de la Universidad Nacional Geoandes, los Amigos de la Montaña han venido realizando la cartografía de los senderos en los cerros con la finalidad no solo de que los ciudadanos nos podamos ubicar, sino que se puedan llevar a cabo políticas públicas sobre ellos más fácilmente. Basados en esta georeferenciación y en los estudios de capacidad de carga, a los Amigos de la Montaña se les hace más que urgente la adecuación del sendero de Las Moyas en la calle 78 y el sendero del Pico del Águila en el Parque Nacional.

Cartografía de los senderos elaborada por la Secretaría Distrital de Planeación con las Organizaciones

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Por otro lado está la propuesta de Diana Wiesner, que está a la cabeza de la Fundación Cerros, un grupo de ciudadanos que desde 2007 está activo, y cuyos estudios sobre la Franja de Adecuación fueron tenidos en cuenta en la formulación del fallo del Consejo de Estado, y que son representantes de la ciudadanía dentro del comité de verificación del fallo

A través de los años, el equipo de la fundación hizo parte de varias investigaciones y estudios, algunos contratados por la administración distrital, que dieron lugar a la propuesta del Corredor Ecológico y Recreativo de los Cerros Orientales. El proyecto, según me cuenta Diana, se plantea en tres estrategias: la social, la biofísica y la espacial.

“La estrategia social pretende generar un gran pacto de borde con los ciudadanos  y los habitantes inmediatos al borde de la montaña para generar una nueva relación y manejo de esta”, explica Wiesner, “con la intención de integrar a las comunidades de manera integral”.

 “La estrategia biofísica se desarrollaría en conjunto con las personas, y trata de recuperar biofísicamente el área mediante acciones participativas y necesarias para la conservación y uso sostenible de la Franja”, continúa Wiesner. “Y la tercera estrategia es la espacial, que el espacio se vuelva de uso público y sirva para demarcar y que los ciudadanos puedan ser veedores apoyando la vigilancia y la apropiación de los cerros en distintos espacios.”

El proyecto, que posiciona al ciudadano como el eje fundamental, fue cobrando fuerza con los años por bogotanos que se fueron convenciendo por una propuesta sensible tanto con la gente como con la montaña. Hoy en día la fundación cuenta con un equipo fijo de diez personas y más de tres mil voluntarios cuyo flujo es variable, dependiendo de la época del año.

“Una de las razones por las cuales no se ha hecho aún nada en los cerros es porque hay una gobernanza muy compleja, una superposición de instituciones que trabajan sobre el área,” agrega Wiesner, quien cuenta haber sido de las pocas personas que se han caminado los Cerros Orientales de extremo a extremo todos los días, durante cuatro meses. “Proponemos entonces una gerencia público privada donde todos tengan asiento pero que sea mucho más gerencial, que se vuelva una prioridad política, porque no lo han sido en las últimas alcaldías”.

 

Enrique Peñalosa catalogó durante su campaña a la alcaldía su proyecto de sendero ecológico panorámico rompe fuegos como una de las propuestas más importantes de su programa ambiental, el cual presentó al público el año pasado mediante este video.

Según Peñalosa, ahora alcalde, el sendero contaría con una longitud aproximada de 80 kilómetros,  desde los límites con Chía la norte, hasta la localidad de Usme, en la salida a los Llanos.

“El sendero permitirá a los visitantes aprender sobre flora, fauna y hasta quebradas de agua, porque educará sobre tipos de árboles, insectos, aves, fuentes que existen en el sendero. Esto hará que amemos la naturaleza y tomemos conciencia de la importancia que tiene en nuestras vidas”, anunció en su momento Peñalosa.

Pero a quienes conocen los Cerros les preocupa el ancho, pues el sendero promete permitir desplazarse en bicicleta, a pie o en silla de ruedas, y aparentemente va a estar conformado por una superficie dura. También genera inquietud que el sendero además cumpliría la función de rompefuegos, es decir una barrera contra incendios dentro de los cerros con un tubo de agua para que los bomberos hagan un mejor manejo de los incendios forestales que se presentan en temporadas de verano.

Sin embargo no se sabe mucho más de lo que el alcalde mencionó durante su campaña, lo que les deja varias preocupaciones en el aire.  “No conocemos la propuesta de Peñalosa, solo vimos un render que mostró en su campaña a la Alcaldía y no sabemos más”, comenta Plazas, que sabe que la administración actual está trabajando en el proyecto, pero dice que aún está muy “crudo”. Según Plazas, los Amigos de la Montaña ya se han reunido con la Alcaldía actual y otras entidades para presentar su propuesta de uso público, seguro y respetuoso de los cerros, que permita la apertura y habilitación de senderos, como se planteó anteriormente.

Sin embargo, la preocupación principal que las organizaciones ambientales tienen con la propuesta de Peñalosa es que esté dispuesto a construir su sendero en zona de reserva y no solo en la Franja de Adecuación. “Si se habilitan los senderos existentes ya Peñalosa estaría cumpliendo lo que prometió”, dicen los Amigos de la Montaña, quienes sienten que la georeferenciación ayuda a adelantar el proyecto del alcalde, y no hay necesidad ni de grandes inversiones, ni de meterle cemento a los cerros en un gran megaproyecto.

La Fundación Cerros de Bogotá también presentó su propuesta al alcalde, incluso antes de que este fuera elegido. “Nuestra posición es que se tiene que hacer un cumplimiento del fallo, con un enfoque muy social y muy ecológico”, afirma tajante Wiesner, quien también me cuenta que la alcaldía pasada presentó un plan medianamente coherente con la propuesta de la fundación. “La idea es que todas las partes tengamos una visión compartida y no dividida, porque así van a pasar otros ocho años sin que hagamos nada”.

Juan Carlos Gutiérrez también expresó su preocupación, afirmando que si bien el render “parece un dibujo sacado de Powerpoint”, ya se ha hablado con varias comunidades habitantes de los cerros al respecto y todas coinciden en el impacto que tendría en la zona, debido a que el proyecto se está planteando dentro de la reserva forestal. “Además Peñalosa dice que va a haber vías para el ingreso de carros de bomberos que, él asume, son pequeños, y eso tendría un impacto muy grande sobre la fauna de la zona”, alega Gutiérrez. “Si lo que el alcalde quiere es acabar con los fuegos, hay que hacer una restauración ecológica a gran escala, de lo contrario va a seguir habiendo incendios forestales”.

Intenté contactar a algún funcionario de la Alcaldía que me pudiera aclarar las preocupaciones de estas organizaciones, y sobre todo que me pudiera explicar los detalles del proyecto, pero no fue posible que alguien diera declaraciones al respecto.

Sin embargo, Imagina Bogotá tuvo acceso a documentos que muestran, al parecer, los análisis y diseños iniciales del proyecto “Sendero Panorámico en los Cerros Orientales”, el cual fue discutido el pasado 7 de abril a puerta cerrada en el Jardín Botánico en una reunión que tenía como objetivo “definir los criterios ecológicos, la escala de intervención y los mecanismos de participación que han de priorizarse de manera a garantizar la funcionalidad y la sostenibilidad ecológico y social del proyecto de ‘Sendero Panorámico.’”

 

 

El sendero iría desde la Quebrada Patiño al norte hasta la Quebrada Fucha al sur, y comprometería varios cuerpos de agua. Asimismo, el sendero estaría conformado por puntos de servicio a no más de 5 kilómetros, helipuertos, zonas de permanencia o miradores, senderos conectantes de acceso que servirían como puntos de estacionamiento para vehículos de visitantes o de emergencia, una zona de restaurantes por Usaquén, un sistema de mitigación de incendios y un corredor corta fuegos. También se recomienda estudiar circuitos para una ciclorruta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En las siguientes imágenes se lee:  “el sendero debe trazarse por el nivel medio, entre el nivel de la “cresta y/o cuchilla” y el nivel del límite de la franja de adecuación, contra el tejido urbano”, situándose dentro de la reserva en ciertas zonas. El ancho del sendero sería de cinco metros, divididos para los senderistas, para los ciclistas y personas con discapacidad.

 

Definicón Pretrazado

Fotos: IDU

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En otro documento trata el tema de las redes hidrosanitarias preliminarmente plantea la instalación de una red de agua cruda a lo largo del sendero alimentada con tanques de almacenamiento de aguas lluvias ubicados estratégicamente dentro del trazado con el fin de proveer el suministro de agua necesario para atender eventos asociados a incendios forestales. La ubicación de los tanques, el tamaño de los mismos, la longitud de la red y sus detalles de diseño será definido por la empresa de acueducto de acuerdo con los lineamientos de las demás entidades. En el documento se aclara que se trabajó con fuentes secundarias que no permite mayor precisión y propone para el drenaje de la escorrentía captada por el área impermeable “…el uso de cañuelas laterales ubicadas longitudinalmente por el costado más cercano al corte del talud” y la instalación de estructuras de subdrenaje longitudinal al sendero, para dar estabilidad a la estructura. Propone también pasos elevados en cada una de las quebradas de los Cerros.

En un tercer documento que data del pasado 11 de marzo y se titula Ayuda de Memoria del  Taller 4 Pretrazado Sendero Panorámico de los Cerros Orientales,  se habla  de la necesidad a largo plazo de adquirir la totalidad del área de reserva pero no se refiere a la Franja de Adecuación.  Catastro presenta un diagnóstico de lotes y predios del proyecto basado en información desactualizada del IDU y la EAB estima en  $ 5.000.000 el precio de adquisición por hectárea en zona de reserva, y se identifican predios que presentan riesgos para el proyecto, como los de los conjuntos residenciales Cerro Verde y Monterosales (Chapinero) que se encuentran en procesos judiciales por derechos adquiridos, y los predios del Ministerio de Defensa del Cantón Norte (calle 100), Calle 40 y la Escuela de Logística (San Cristóbal).

Sin duda la Alcaldía está preparándose en este momento para presentar la propuesta de su Sendero Panorámico Cortafuegos, la cual se contrapone a  la cantidad de propuestas para mejorar las condiciones de senderos ya existentes que desde hace años han elaborado varias organizaciones como las mencionadas. Habrá que ver si la construcción se hará respetando el fallo del Consejo de Estado y el plan de manejo de la Franja de Adecuación, o si la propuesta abrirá un nuevo debate sobre los impactos negativos en zonas de valor ambiental dentro de nuestra ciudad.

 

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