NANOOK OF THE NORTH

14 septiembre, 2015 |
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TIPOINFONanook of the North fue desde su origen un gran espectáculo con el poder de quitar el aliento a través de su mirada de un naturalismo sangrante y una atención detallada a la efectividad estética.

Lo fue cuando se estrenó en los años veinte y lo sigue siendo ahora que continúa vigente e impresionante al llevarnos como espectadores a un mundo mágicamente cruel y aterradoramente desconocido. Su director, Robert Flaherthy, consiguió con una aparente facilidad que hasta saca de quicio, crear una máquina que recorre el tiempo y el espacio metiéndonos en un hoyo del que no tenemos escape una vez arranca la película.nanook-of-the-northPara empezar, hay que señalar que este largometraje es hoy día conocido como el hito de nacimiento del documental propiamente dicho.Obviamente el cine mismo nació en el embrollo de la documentación de la realidad cuando los Lumiere plantaron su cámara frente a su fábrica en La sortie des usines Lumière (1895), pero solo con la película de Flaherthy se integra a la mirada documental el elemento narrativo, la impronta de deseo estético, la mirada voyerista y extranjera, el morboso interés de explotación y la maquinaria de la moción de las pasiones. Diré más: solo con Nanook el registro de la imagen en movimiento dedicada a la fotografía de la “realidad” se convierte en arte. Es precisamente por eso que allí tiene nacimiento el documental como lo entendemos hoy día.

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Nanook of the North tuvo además la fortuna de cargar consigo el veneno dulce de la polémica, cosa que, como es común, ayudó en buena medida a que echara raíces en la historia del cine. Flaherthy fue uno de esos creadores con la magia de los titanes que, además, tenía siempre claro que el arte está mucho más allá de toda sumisión llorona a la ética, la moral, el pulcro y decente buen gusto burgués y la corrección política. ¿Dejó Fláherthy deliberadamente morir de frío a los pobres perros de Nanook?, ¿llevó al límite de lo descarnado alguna muerte animal como las de la morsa y la foca cortadas a cachos y comidas crudas y sangrantes frente a la cámara por los cándidos inuits, esos depredadores puros siempre en busca de comida y pieles? Pues francamente ni lo sé, ni me importa.

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Lo que verdaderamente es de rescatar, aquello por lo que en verdad este largometraje es lo que es y ha trascendido como lo ha hecho, es por su poder estético y emotivo, por esa fuerza que hace hervir la sangre en medio de la vastedad del desierto helado. En busca del arte, Flaherthy sin duda se permitió la licencia de flexibilizar la realidad y la ética para alcanzar el punto exacto de la imagen, hizo un rollito con la “neutralidad del ojo testigo” (ese concepto que poco y nada debería preocuparle al arte) y lo enterró bien hondo en la nieve donde nadie lo encontrara, para cumplir con un objetivo dramático logrado a cabalidad. Dudo mucho que alguien pueda ver Nanook of the North, quedar indiferente y que el corazón y la respiración no se le ralenticen de incomodidad y dolor al ver a esos perros al final del metraje rendidos al frío, cubriéndose de nieve bajo la tormenta, mientras la familia humana duerme, justo después de haberlos visto aullar con la idea de la melancolía del norte.

Todo crudeza, todo vida y muerte de la manera más natural, esta película es la primera y una de las más grandes joyas del cine documental.

Nanook (1)

 

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Andrés Vélez

Andrés Vélez es un literato excéntrico que vive en el centro de Bogotá, boxea a diario y se inventa proyectos imposibles a los que se dedica con devoción en los que SIEMPRE, de alguna u otra manera, el cine es el protagonista. Twitter: @andvecu

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