Mutaciones de Bunbury en Bogotá

14 abril, 2016 |
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Después de cuatro años, desde su gira “El solitario” en el año 2012, donde se presentó en Bogotá, Cali y Pereira, Enrique Bunbury volvió a Bogotá con su gira Mutaciones.

Tal era la expectativa del público bogotano que no bastaron una, ni dos, sino tres fechas, la última en el Jorge Eliecer Gaitán. Así, con tres presentaciones agotadas, casi 5.235 personas esperaban ver al español y cantar a unísono sus grandes éxitos. Pero Bunbury no iba a tocar sus éxitos, quienes habían escuchado su último álbum “El libro de las mutaciones”, la grabación del MTV unplugged, ya sabían esto. Cuando habló sobre este nuevo álbum dijo:

`El libro de las mutaciones’, no es un disco recopilatorio de grandes éxitos. Ni es un disco acústico de músicos desenchufados frente a la chimenea. He buscado entre mi repertorio una selección de canciones que me apetecía replantear. No abarco mis treinta años de carrera de forma equitativa y justa. Algunas no las tocaba hacía años y pertenecen a mi primera década en la música junto a mis compañeros de Héroes del Silencio (1986-1996). Otras, las grabé con mi actual banda (Los Santos Inocentes), durante el periodo 2006-2015. Y también añadí un tema que no aparece en ninguno de mis discos y que permanecía inédito: ‘Dos clavos a mis alas’. Y aunque me lo pidieron, no hay covers” (enriquebunbury.com).

Entonces, con el ánimo de rememorar, pasó el 5, 6 y 7 de abril en Bogotá, y no hubo ni una sola persona que no cantara a todo pulmón.

“El libro de las mutaciones, no es un disco recopilatorio de grandes éxitos. He buscado entre mi repertorio una selección de canciones que me apetecía replantear.”

El concierto iniciaba a las 8:30 p.m. y la carrera séptima con calle 22,  bullía de vida como si fueran las 12 del día. Los usuales vendedores ambulantes, que nadie sabe cómo hacen, siempre aparecen con boletas y mercancía del artista; uno que otro indigente que ya dormía en las esquinas más oscuras; un aparente DJ que en medio de la calle, frente al teatro, hacia un remix, que parecía más bien una pasada de canciones a la mitad, de los éxitos de Bunbury; un mar de gente que aún no se decidía a entrar al teatro; y otros tantos que venían a escuchar el concierto desde afuera. También, estaban los encargados de la logística, los de los parqueaderos y una hermosa cartelera del teatro donde anunciaban a la antigua la obra que estaban dando, acompañado de un clásico “Sold out”. Al atravesar los cordones de seguridad, que eran casi nulos, porque a Bunbury no lo vienen a ver niñas de 12 años con las hormonas disparadas, acompañadas de sus mamás que se tornan más agresivas que el mismísimo Hulk, ni vienen adolescentes de moda a “pasarla bien” sin saberse ni media palabra de una canción, se entra al lobby del teatro. Allí estaba un puesto de pastelería, una mesa con mercancía oficial de la gira, un cubículo de fotos instantáneas con accesorios característicos de Bunbury, y un puesto de bebidas más fuertes. En el segundo piso había una suerte de sala de prensa donde, con un fondo de patrocinadores y luces que apuntaban directo a la cara, las personas pasaban con sobreros y guitarras a hacer de famosos por medio segundo.

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Pasó el primer y el segundo llamado y ya toda la sala tenía sus sillas ocupadas. El escenario, lleno de humo para no revelar la decoración y aumentar las ansias, esperaba a Enrique Bunbury acompañado de Los Santos Inocentes. Después de unos minutos, se apagaron las luces y empezó el concierto BUNBURY MTV Unplugged Mutaciones Tour 2016.

Cerca de las 9:40 p.m. Bunbury se despidió y salió del escenario, pero todos sabíamos que eso no acababa ahí. “¡En-ri-que!, ¡En-ri-que!” gritaban todos, aplaudían, chiflaban, vitoreaban.

Primero salió la banda, los seis integrantes de Los santos inocentes. Luces azules y mucho humo inundaban la sala, empezó la primera canción “Ahora”, y sin más salió Bunbury directo al micrófono, y empezó “Ahora, que el tiempo a pasado/ y he dejado de lado/ la competición”. Estaba vestido con un traje negro, como de costumbre, y tenía decoraciones de dragones y fuego escarlata, las insignias del tour. La base del micrófono era negra y tenía aros rojos que simulaban un palo de bambú y en el escenario se iluminaban dos dragones en la base de la batería. Después de “Ahora”, “Dos clavos a mis alas” y “Sirena varada”, hizo una pausa y contó que iba a hacer un recorrido por los 30 años de su carrera, por todas las épocas de su vida musical y le agradeció al público por estar presente esa noche. Continuó con “Porque las cosas cambian”, “Iberia sumergida”, “Avalancha”, “Mar adentro”, “El camino del exceso”, “Más alto que nosotros solo el cielo”, “ La chispa adecuada”, “Lady blue”, “Al final”, “Los restos del naufragio”, “Infinito”, “Que tengas suertecita”, “El extranjero”, entre otros. Al principio el público se contenía en sus sillas, sentados, como se supone que debe ser. Uno que otro se levantaba y se sentaba cuando los  organizadores se lo pedían. Sin embargo, poco a poco fue subiendo la adrenalina y cuando Bunbury empezó a cantar de cerca con quienes estaban en primera fila, o señalaba a quienes más se destacaban del público para entonar un verso del coro, fue cuando todos enloquecieron. Ya nadie se pudo volver a sentar y ningún organizador pudo evitar que algunos atravesados corrieran de la última fila hasta el frente del escenario.

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Cerca de las 9:40 p.m. Bunbury se despidió y salió del escenario, pero todos sabíamos que eso no acababa ahí. “¡En-ri-que!, ¡En-ri-que!” gritaban todos, aplaudían, chiflaban, vitoreaban. Y como lo esperábamos volvió a salir. Tocó unas 4 o 5 canciones más y volvió a despedirse. Ya había llegado el final, pero las luces del teatro seguían apagadas. El público expectante siguió gritando como loco y para sorpresa de todos, salió una vez más. Tocó otras 4 canciones en las que nadie paró ni para respirar y así, con un público satisfecho y feliz, Bunbury se despidió de Bogotá con alegría y finalmente se fue.

Primero salió él, la banda se quedó un rato en el escenario regalando los pics de las guitarras y extendiendo sus manos a los que las alcanzaban. Pasados unos minutos, se fueron.

En la calle parecía continuar la fiesta, con el DJ, los habitantes de calle que se habían levantado para ayudar a los transeúntes a parar a los taxis, y los carros, taxis, Uber y bicicletas  que intentaban pasar por entre la gente que se paseaba por la calle sin cuidado. Mientras tanto, Bunbury y Los Santos Inocentes, en su hotel o en su avión, se preparaban para aterrizar en Quito, Ecuador y continuar por Guatemala, México, Estados Unidos y nuevamente volver a España.

Ana María Díaz

Soy editora y fundadora de la editorial independiente El salmón editores y redactora de Imagina Bogotá. Tengo una predilección por los libros infantiles y quisiera saber dibujar para ilustrar mis propias historias.

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