Los ejércitos de Evelio Rosero

6 noviembre, 2015 |
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Ismael Pasos es un profesor jubilado, anciano, que vive con su esposa Otilia en San José, Colombia. San José puede ser un pueblo imaginado, y puede no serlo, San José del Guaviare, o San José Caldas o San José como decir Pepito Pérez o fulanita de tal.

Y como gran parte de los pueblos de este país, este también se encuentra en la mitad de la nada, asediado por el título de la novela: Los ejércitos. Entonces, día y noche, en cualquier minuto el pueblo espera, como esperar que llueva, a que los ejércitos lleguen, hagan a su antojo, y luego esperar la noticia de saber a quién mataron y a quién se llevaron.

En ese pueblo vive Ismael y espía, mientras el mundo agoniza,  a su vecina que se pasea desnuda por toda la casa. Geraldina, desnuda por el calor infernal, disfruta de la vida con su esposo y su hijo, pero un día, como cualquier otro, llegan los ejércitos a la madrugada y la visten de luto. Y es que los ejércitos son todos, la guerrilla y los militares, lo buenos, los malos, los que no tiene bando, o los que el bando ya no les importa. Así, un día, mientras Ismael pasea por el pueblo a las 5 am, se oyen unos gritos. Al instante él, un viejo profesor, intenta correr a su casa, a pesar de su edad y su rodilla lesionada, pero se da cuenta que los gritos y las sombras van hacia allá, toma otro camino e inicia el día más largo de la novela. Ismael da vueltas por todo el pueblo, para en la iglesia, en la tienda, en cada esquina y se entera de que su esposa, Otilia, lo está buscando. Todo el día se buscan como gato y ratón, sin encontrarse. Cae la noche y aún no se encuentran, llega el día siguiente, el mes siguiente e Ismael sigue esperando que Otilia llegue a la casa. Entre tanto, el pueblo se reúne y habla de pedir ayuda a los pueblos vecinos y de comunicarse con la capital, con la imaginada Bogotá.

Ismael no tiene esperanza alguna, pero el pueblo cree en el interior del país, en las cordillera de los Andes, en Bogotá. Allá, en el centro está la salvación.

El pueblo se hunde poco a poco en un infierno del que nadie se es capaz de salvar. Primero se va el alcalde, luego se van los policías, el general, el padre de la iglesia. Matan a estos y a los otros, y todos los vecinos, que alguna vez fueron estudiantes del profesor Ismael, huyen del pueblo en camiones, helicópteros, a pie, huyen de noche bajo la lluvia, de día y sin esperanza. Pero Ismael decide quedarse, porque allí es el único sitio donde podrá esperar a que vuelva Otilia. No hay agua, electricidad o comida, su casa ha sido saqueada, el patio destrozado, no hay quien se salve, pero el viejo se queda en su cama, en su pueblo con sus gatos a quienes llama Los Sobrevivientes.   

¿A dónde huyó todo el pueblo? A donde no lleguen los ejércitos, a las casas de distintos familiares, a la capital. El profesor tiene una hija que vive en Bogotá con su esposo, y ella insiste en recibirlos, en plural, porque no sabe que su madre a pasado a ser parte de la lista de desaparecidos. “’Profesor, ¿por qué no se va con nosotras, con nuestras familias?’, me preguntan. Yo les digo que adónde. ‘A Bogotá’, me dicen. Yo les digo que no entiendo. ‘Se lo suplicamos, profesor, ya lo tenemos todo listo, hoy mismo nos vamos. En Bogotá podrá esperar por Otilia, desde allá ventilarán mejor las cosas. O váyase donde su hija, pero váyase cuanto antes, deje este pueblo’. ‘Claro que no me voy’ les digo” (Rosero, pg 133).

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Ilustración y portada: Yeidi, http://bocetosdebocetos.blogspot.com.co/

Ismael no tiene esperanza alguna, pero el pueblo cree en el interior del país, en las cordillera de los Andes, en Bogotá. Allá, en el centro está la salvación. Allá, donde está el presidente, allá estaremos mejor. Allá, donde sí llega el agua, la luz, la comida y donde sí ponen atención. Pero es allá, donde viviremos y donde nunca sabremos nada de los desaparecidos.

Acá, en la ciudad de Bogotá, en la Universidad Externado de Colombia, el 2 de octubre hubo un debate por las elecciones a la alcaldía 2015 – 2019. Allí, el candidato Rafael Pardo le decía al electo Enrique Peñalosa, frente a un tema de la construcción del metro, que por Mosquera se preocupa el alcalde de Mosquera, que ellos no podían entrar a decidir qué hacían o no con los habitantes de ese municipio. Así, Bogotá se preocupa por Bogotá, y nada más. Luego, en el debate de El espectador con Blu Radio, el 19 de octubre, el candidato Francisco Santos proponía frente al tema de la indigencia, vestirlos, alimentarlos y llevarlos a fincas fuera de Bogotá para una rehabilitación. Entonces, Bogotá se preocupa por llevar los problemas fuera de ella.

En la novela San José puede ser un pueblo ficticio, pero Bogotá está presente con mayúscula y tilde, clara y definida.

El alcalde no solo deberá enfrentar no solo los problemas que día a día se extienden a lo largo y ancho de la ciudad, sino que también tiene una responsabilidad, como todos los bogotanos, en cuanto a cómo el resto de Colombia imagina a Bogotá, cómo ven en esta capital una esperanza de vida, y cómo estás calles no están preparadas para acogerlos. En un pueblo infernal en la mitad de la nada, la gente se muere de un balazo, pero migran a Bogotá y se mueren de hambre. En la novela San José puede ser un pueblo ficticio, pero Bogotá está presente con mayúscula y tilde, clara y definida.

En la novela Los ejércitos del escritor bogotano Evelio Rosero, San José, es decir, cualquier pueblo, es decir Colombia imagina a Bogotá, y fuera de la novela, en la vida real, Bogotá debe responder. 

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