Los Cerros Orientales: patrimonio, ecológico y cultural de Bogotá

3 abril, 2016 |
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En días pasados estuve con un grupo de investigadores en Guasca y Guatavita haciendo un recorrido por los hermosos paisajes paramunos y boscosos de esta tierra de la que depende en parte el abastecimiento de agua para nuestra ciudad. El grupo estaba conformado por líderes locales, geógrafa, abogada, sociólogo, arqueólogo, historiador, fotógrafas, administrador turístico y 3 biólogos de diferentes especialidades. Lo más interesante de este recorrido fue que la motivación de hacerlo no fue producto de algún proyecto o remuneración, sino de un acuerdo al que llegamos por el amor a estas tierras y montañas. Observamos unos de los petroglifos mejor conservados de la zona que nos recuerdan que por aquí estuvieron comunidades prehispánicas que consideraban las montañas una sola unidad y las recorrían de manera circular siguiendo el rumbo de lo que hoy denominamos lagunas sagradas.

Petroglifos

Petroglifos localizados en el municipio de Guasca. Foto: Patricia Bejarano M.

Recordamos que Guasca significa “rodeado de cerros” y que así como Guasca, nuestra querida Bogotá y en general toda esta región aún conectada por bosques y páramos, está rodeada de cerros, de los que depende nuestra agua, nuestra biodiversidad, nuestro paisaje y nuestra posibilidad de reconexión con la naturaleza y con nuestra existencia misma.

La forma más cercana que tenemos los habitantes de Bogotá de aproximarnos a estos paisajes es a través de lo que hoy y desde el año 1976 llamamos la Reserva Forestal Protectora Bosque Oriental de Bogotá, más conocida como cerros orientales. Allí confluye un entramado de realidades biofísicas, socioculturales y paisajísticas de invaluable valor que han sido tanto causa como consecuencia de la historia de nuestra querida ciudad y de la que depende en gran medida que el futuro de la ciudad sea posible.

Dado que dentro del perímetro urbano de Bogotá no se cuenta con la oferta mínima de áreas verdes sugerida por la Organización Mundial de la Salud – OMS – para garantizar nuestra salud física y mental (La OMS sugiere 10 m2/habitante y solo contamos en promedio con 4 m2/habitante), los cerros orientales se convierten además en una plataforma natural para el disfrute, la reflexión, el esparcimiento y el encuentro con lo verde. Para esto es necesario garantizar, además de contar con senderos apropiados que permitan hacer un uso público respetuoso de los cerros orientales, que dicho uso no afecte las características propias de la montaña en cuanto a su capacidad de regulación hídrica, recarga de acuíferos y mantenimiento de su biodiversidad, suelos, quebradas y riachuelos, pues de todos estos elementos depende su complejidad estructural y funcional, que hacen posible la existencia misma de estas montañas y de esa belleza escénica inigualable que tenemos en Bogotá. Eliminar algún elemento vital para la montaña es como sacar una barra de madera en un juego de jenga; en algún momento la estructura se vendrá abajo. 

Marcha

Gran caminata de fin de año realizada en los cerros orientales de Bogotá en diciembre de 2015, organizada por los Amigos de la Montaña y apoyada por Conservación Internacional Colombia. Foto: Norha Carrasco

Geológicamente, los cerros orientales de Bogotá tienen una gran importancia y potencial para el abastecimiento de aguas subterráneas ya que está formada por rocas porosas fracturadas, de acuerdo con estudios realizados por el INGEOMINAS y la Universidad de los Andes en 1997. En igual sentido, la Secretaría Distrital de Ambiente, en 2007, observa que el acuífero denominado Labor Tierna  se caracteriza por “ser el acuífero más importante dentro del Distrito y presentar una extensión regional” ; igualmente, en el año 2008 la misma Secretaría en alianza con la Universidad Militar Nueva Granada señala que esta unidad “constituye el acuífero más importante del Grupo Guadalupe, dadas sus características texturales, su friabilidad y su posición estructural que facilita la recarga de agua”. La CAR, en el marco del Plan de Manejo Ambiental de la Reserva forestal Protectora Bosque Oriental de Bogotá, le define a esta unidad un potencial de recarga muy alto; mientras que Montoya y Reyes en 2005 observan que, en el contexto de la Sabana de Bogotá, se han perforado más de 130 pozos sobre esta unidad y que los caudales de los mismos oscilan entre 1 y 18 litros por segundo. Para el caso específico de Bogotá, HIDROGEOCOL ha establecido que la unidad puede producir caudales de 10 a 60 litros por segundo.

Además de las características geológicas, está demostrado que los suelos de bosques altoandinos y páramo son fundamentales para la regulación hídrica y que la vegetación contribuye de manera importante a la captación del agua de la neblina con lo que se evidencia la importancia de conservar estas zonas para la prestación de beneficios ecosistémicos asociados a cantidad, calidad y regulación de agua.

En cuanto a la biodiversidad, nuestros estudios en Conservación Internacional, realizados durante varios años en alianza con la CAR, la Secretaría Distrital de Ambiente y las alcaldías locales de Chapinero y Usaquén, nos han permitido comprobar la presencia de una especie de pez, el capitancito enano, descubierta por primera vez para la ciencia en los Cerros Orientales de Bogotá en el año de 1912 por Eigenmann. Tenemos también 6 especies de ranas, 4 de lagartos, 2 de serpientes, más de 130 especies de aves, representados entre otros por cerca de 15 especies de colibríes, chotacabras, vencejos, halcones, pavas, gorriones y tángaras. Es muy reconfortante saber que en nuestros cerros aún tenemos mamíferos dentro de los que se destaca 1 especie de musaraña, 2 de murciélagos, 7 de ratones, borugos, cusumbos (como el que se vio recientemente en la quebrada la Vieja), zarigüeyas y hacia el norte de esta reserva Forestal, donde persisten bosques en relativo buen estado de conservación y suficientemente grandes para albergar animales más grandes, se encuentran zorros y el felino más pequeños de Colombia, el denominado por la ciencia como Leopardus tigrinus. Esto sin mencionar el enorme desconocimiento que tenemos sobre los invertebrados representados por un innumerable grupo de polinizadores entre los que se destacan gran cantidad de mariposas, moscas, abejas y abejorros.

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Algunos representantes de la fauna de nuestros Cerros Orientales. Fotografías tomadas por varios autores que reposan en los archivos de CI Colombia.

Sobre la flora, a pesar de que hay grandes sectores ocupados por vegetación exótica de pino, ciprés, eucalipto y hasta retamo espinoso que deben ser adecuadamente restaurados, en la actualidad también encontramos representaciones muy importantes de parches naturales en buenos estados de conservación o con altos potenciales de restauración y recuperación que permiten sostener y mantener la fauna antes mencionada. En nuestros estudios hemos podido registrar cerca de 116 especies, distribuidas en 101 géneros y 64 familias con diferentes arquitecturas (entre herbáceas, arbustos y árboles) que ofrecen una gran cantidad de tamaños, formas y colores de flores y frutos, que además de embellecer el paisaje ofrece alimento y refugio a los animales del lugar.

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Algunos representantes de la flora de nuestros cerros orientales. Fotografías tomadas por Diego González, archivo CI Colombia.

Conviviendo con toda esta diversidad encontramos comunidades humanas que históricamente se han asentado en estos cerros y que han generado una forma de relacionamiento particular con su entorno natural; son ellos quienes muchas veces tienen la respuesta que en ocasiones resulta difícil encontrar desde los recintos de la academia. Es desde estas comunidades que hemos podido encontrar métodos de restauración afectuosa como los implementados en la quebrada Morací, localizada en los barrios populares de la UPZ 89 de la localidad de Chapinero, donde logramos implementar siembras con tasas de mortalidad inferiores al 1%.

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Restauración ecológica en la quebrada Morací, sector Chapinero en el año 2011. Fotos: Archivo CI Colombia

Nuestros cerros han sido el escenario generador de procesos para que las personas que vivimos en la ciudad tengamos la posibilidad de reconectarnos con la naturaleza y comprender que en las urbes también podemos coexistir con otros seres vivos; nos han permitido entender que esa coexistencia no solo nos alimenta el espíritu sino que también es vital para garantizarnos otros beneficios: el agua, la disminución de los riesgos de inundación aguas abajo, el mejoramiento de la calidad del aire gracias al proceso de fotosíntesis de las plantas, la generación de brisas locales que mitigan los efectos ocasionados por las islas de calor, la belleza paisajística que brinda espacios apropiados para el deporte, la reflexión, la educación ambiental y el encuentro entre la amplia diversidad de seres humanos, porque como dice un amigo de la montaña: en la montaña todos somos realmente iguales.

Patricia Bejarano

Bióloga con grado de honor de la Universidad Nacional de Colombia, Especialista en Sistemas de Información Geográfica, Magister Science en Ciencias Biología Línea Ecología y estudiante de doctorado en Geografía. Actualmente Gerente de planificación y uso del suelo de Conservación Internacional Colombia. Ha dirigido los proyectos de recuperación integral de quebradas en las localidades de Chapinero y Usaquén. En el año de 2013 recibió el reconocimiento Henry Blaffart, por la dedicación y el trabajo de campo en condiciones adversas en pro de la conservación de la biodiversidad en favor del bienestar humano. En ese mismo año recibió el premio Head in the Sky 2013 otorgado por Conservation International en reconocimiento por el trabajo científico realizado en el municipio de Gramalote Norte de Santander para orientar la reubicación del casco urbano destruido durante la ola invernal de 2010. Es la editora del libro Historia ambiental y recuperación integral de los territorios asociados a quebradas y ríos en Bogotá (Caso Chapinero), lanzado en el evento Río +20 realizado en Bogotá el pasado 10 a 12 de agosto de 2014, evento en el cual el proyecto de recuperación integral de quebradas que ha dirigido desde el año 2009 recibió el premio "Global Best Practice of Ecological Restoration", otorgado por el Foro mundial Urbano y soportado por el Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas.

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