“El Corruptour”, o el tour por la capital del país de mierda

5 abril, 2016 |
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El Corruptour es un viaje a las entrañas del infierno. Y no nos lleva lejos, y eso da más temor. Bogotá es el escenario perfecto para ese lugar descrito por Dante, y por eso, durante tres horas el espectador viajará por la ciudad encontrándose con el lamentable panorama de que la corrupción reina, y que los responsables de la podredumbre se encuentran a salvo, mientras la sangre derramada por Jaime Garzón, una de sus víctimas, sigue sin ser limpiada del todo.

El viaje es en una Chiva, en la que más de una docena de artistas estarán develando el caso del asesinato del periodista y humorista Jaime Garzón. El recorrido es por los lugares emblemáticos que tienen relación con este magnicidio, y en aquellos donde la memoria de este personaje se niega a desaparecer.

El Corruptor IMAGINA BOGOTA

La indicación es clara, el Corruptour es medio ilícito y muy molesto para los responsables, por eso el público debe estar en todo momento alerta, en la incertidumbre del peligro. Se le cuenta con rabia, sarcasmo y mucho humor los detalles del caso del asesinato que aún está impune, y poco a poco se le insta a participar, por eso no es raro que la noche capitalina sea interrumpida por la gritería de unos personajes que con mucho dolor pasean en una Chiva.

La pregunta es, ¿Cómo hacer un homenaje a la altura del muy querido Jaime Garzón? Y la risa es una de las respuestas. Por eso los espectadores no paran de desternillarse de la risa durante gran parte del tour, que  logra de manera descarnada y muy descarada apelar a los mismos lenguajes que el comediante nos tenía acostumbrados.

Sin embargo, entre las carcajadas, es imposible evadir lo que está sucediendo. El “país de mierda” en el que vivimos se va exponiendo, y las lágrimas se arremolinan en los ojos, y ese sentimiento de desazón empieza a surgir entre los estómagos. Y bien que lo sabe Verónica Ochoa, la dramaturga, actriz y co directora de este montaje, porque al inicio ofreció a módicos precios unos baldes para vomitar si se requería, al saber la realidad de la condición humana.

El Corruptor IMAGINA BOGOTA

 

Jaime Garzón enseñó a todo un país a reírse de sus problemas, y ese fue su pecado. Pero es un acto muy serio reírse de la corrupción, es brutal y  termina irremediablemente en el dolor de la impotencia. La ironía no alcanza a ocultar todo, y Dante seguro se sonroja por haber sido clemente con su descripción, porque sin pudor Bogotá lo supera con creces.

Verónica Ochoa y todo su equipo, hacen un trabajo muy minucioso con este montaje. Logran de manera eficaz contar los pormenores del caso Jaime Garzón, con sus enredos y tramas manteniendo al espectador al borde de su silla. La puesta en escena en distintos lugares de la ciudad se ayuda con actuaciones contundentes, con personajes traídos del mundo de Jaime Garzón, y otros que se adscriben al caso.

Al final, se puede sentir que uno mismo tiene la culpa de aquellos balazos que acallaron a Garzón el 13 de agosto de 1999. Porque con el silencio y los ecos de las risas poco se ha logrado, y sin hacer mucho, hemos cedido al miedo que desde siempre se ha cultivado en este país. Y los responsables siguen libres, mientras que personajes como Jaime se encuentran silenciados en las estatuas de bronce. El infierno ya ha sucedido y nosotros somos sus artífices.

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Santiago Ernesto Lugo

Periodista, y estudiante de Artes Escénicas con énfasis en dirección. Adicto al teatro.

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