Ecobarrios en el sur de los Cerros Orientales

25 septiembre, 2016 |
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Otra forma de entender y vivir  los derechos adquiridos

Los Cerros Orientales representan uno de los  patrimonios ambientales más importantes  de Bogotá, y su paisaje es la manifestación de la manera cómo los bogotanos se han relacionado con la naturaleza. Sólo hasta la segunda mitad del siglo XX comienzan a ser visibles y reconocidos los efectos negativos del impacto humano sobre esta área, y comienza a formarse, por lo menos en parte de la población, una conciencia ambiental y de preocupación por el futuro de estas montañas. De ahí surgió la clasificación como Reserva Forestal Protectora de los Cerros Orientales, para definir este sistema montañoso como el límite oriental a la urbanización.

Desde que se tomó esta decisión, hace casi 40 años, han estado presentes diversos actores, intereses y relaciones con los Cerros. Además de las entidades públicas y sus ineficiencias o los constructores y sus presiones, organizaciones sociales y comunitarias, con fuerte sentido de acción e interlocución con las entidades públicas, han estado activas en su defensa y apropiación como un bien de interés público. No obstante, la mayoría de la ciudadanía aún no entiende los entreveros legales en torno a estas montañas.

En la sentencia del Consejo de Estado de fines de 2013, con la que se buscó proteger a los Cerros, y que dejó tranquilos a muchos, se encuentra un asunto conocido como  “derechos adquiridos”, que también se entiende de distintas formas. Para algunos, eso quiere decir revivir o conceder nuevas licencias, como han intentado grandes constructores que han estado  apoyados por el Ministerio de Vivienda y por la actual Alcaldía de Bogotá en cabeza de Enrique Peñalosa Londoño, intentos que fueron frenados en buena medida por el Magistrado César Palomino, que hasta hace poco estuvo encargado de verificar el cumplimiento de la sentencia. Para otros, los habitantes de los barrios populares, que viven desde hace años en esta zona del Distrito Capital, los derechos adquiridos se han entendido como un difícil camino, recorrido y por recorrer, para lograr la legalización, que es el requisito para el mejoramiento integral de los barrios y para lograr el reconocimiento de  las viviendas. Mucho se ha discutido en medios de comunicación y en el comité que hace seguimiento al cumplimiento de la sentencia sobre los derechos adquiridos para hacer posibles nuevas construcciones en los Cerros, pero muy poco sobre las condiciones en que podrán permanecer los barrios populares y convivir sus habitantes con una zona de valor ambiental.

Mucho se ha discutido en medios de comunicación y en el comité que hace seguimiento al cumplimiento de la sentencia sobre los derechos adquiridos para hacer posibles nuevas construcciones en los Cerros, pero muy poco sobre las condiciones en que podrán permanecer los barrios populares y convivir sus habitantes con una zona de valor ambiental

Como ya se planteó, existe todo un enredo jurídico en torno a figuras de ordenamiento de los Cerros como la misma Reserva Forestal Protectora, la denominada Franja de Adecuación y sus áreas de consolidación urbana y de ocupación pública prioritaria. Figuras que la mayoría no entiende. Pero la realidad ambiental y social es concreta. Se trata de saber vivir en la transición entre lo urbano y lo rural (categorías también discutibles, pero eso no es objeto de discusión ahora) y cómo desarrollar programas de mejoramiento de los barrios ya consolidados y en coherencia con la reserva. Ese es uno de los méritos de la sentencia del Consejo de Estado, que reconoció la realidad de la zona y apostó por conciliar la conservación con las problemáticas sociales, por lo que el reto es simplemente materializar ese propósito.

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En el detalle del mapa se ve la zona sur de la Reserva Forestal de los Cerros y la Franja de Adecuación. Los barrios, Villa Rosita, Las Violetas, Tihuaque, en sepia, atraviesan la Franja (verde oscuro), hacia el norte Corinto y El Triangulo, y entre ellos  hay zonas sin construcciones, que según la sentencia en mención, deben ser destinadas a  conformar un área de aprovechamiento ecológico y uso recreativo. Las propuestas de ecobarrios son un buen ejemplo para acercarse a la relación entre la ciudad, la franja y sus valores ambientales y por supuesto, la reserva.

                       El programa de Ecobarrios

Para muchas personas y comunidades los cerros son, antes que cualquier cosa, su hogar y espacio vital, y proteger la naturaleza hace parte de un proceso de construcción social de cómo habitar los Cerros, cómo se convive con el riesgo, y todo eso hace parte de la reivindicación de permanecer en ella. Así como se planteó en la publicación “Así se viven los Cerros”, realizada por la Secretarías Distritales de Planeación y Hábitat junto con el Fondo Patrimonio Natural en 2015, son comunidades que, capaces de soñar con nuevas formas de relación con el territorio, proponen “Ecobarrios”. Este concepto, proviene de la idea de las “Ecoaldeas”, que en Bogotá empezó a emerger en la segunda administración de Antanas Mockus (2000-2003) en el Programa de Ecobarrios, y que en su momento fue definido de la siguiente manera:

Un ECOBARRIO es definido como una comunidad de personas que con una visión de largo plazo se organiza voluntariamente con la intención de mejorar su calidad de vida para así lograr de manera integral el bienestar humano y el bienestar del medio ambiente.[1]

El tipo de actividades que se pueden desarrollar en un Ecobarrio van desde hacer huertas urbanas hasta el desarrollo progresivo de viviendas con materiales alternativos a los convencionales, pasando por la promoción de cambios de los hábitos culturales en las prácticas cotidianas, como por ejemplo, reducir la generación de residuos o mantener un hábitat humano saludable.

Sin embargo, el Programa de Ecobarrios dentro de la Administración distrital sufrió de inconstancias, como muchas otras iniciativas en la historia reciente de la ciudad, pero, a pesar de ello,  terminó siendo acogido y apropiado a su manera por algunas experiencias comunitarias, exitosas y llenas de esperanza. Según un estudio hecho por Carlos Rojas, coordinador del Programa Ecobarrios, un año después de terminada la ejecución de la primera etapa, con fondos del Distrito (año 2004), un 30% de las comunidades habían encontrado formas de mantener en funcionamiento, por su propia iniciativa, actividades asociadas a establecer un “Ecobarrio”, mientras que un 70% habían terminado de ejecutar los recursos y supeditado la continuidad del proyecto a la entrada de nuevos líderes o recursos económicos. De otra  parte, un estudio llevado a cabo en el año 2010 por la investigadora del Development Planning Unit (DPU) de la University College London (UCL), Tatiana Ome, reveló que algunos barrios como Lombardía, la Supermanzana 12, Argelia, el Cerrito, Villa Luz, Altos del Poblado, Tierra Linda, El Triángulo, Rodrigo Lara Bonilla, Álvaro Bernal Segura y Las Palmas continuaron hasta ese momento proyectos de Ecobarrios.

No obstante, durante los últimos cinco años el concepto de Ecobarrios renació con particular fuerza en los Cerros Orientales, esta vez por iniciativa de líderes comunitarios. Según Ome, ese ha sido el caso de los barrios Manantial, Corinto, Triángulo bajo, medio y alto, donde se unieron para implementar la idea del ecobarrio y proponer al Gobierno que no los reasentara, ya que en una época se consideró que se encontraban en una zona de alto riesgo y en área prohibida para la construcción por su carácter de protección ambiental. Estas comunidades, apoyadas por instituciones como el CINEP, e investigadores de varias universidades, entre ellas la University College London (UCL), y con recursos de cooperación internacional (Intermón Oxfam), demostraron que el riesgo que planteó el Gobierno Distrital en su momento no era cierto y así lograron su derecho a permanecer en un lugar en el que llevaban años de residencia.

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Iniciativas populares

En los barrios Manantial, Corinto, Triángulo bajo, medio y alto  la idea del Ecobarrio se desplegó como una estrategia que hace parte de una reivindicación urbana que mostraba al resto de la ciudad una forma alternativa de vida en los Cerros Orientales desde los sectores populares, directamente vinculada a los pactos de bordes, estrategia complementaria para frenar una inadecuada urbanización. Héctor Álvarez, uno de los líderes de este proceso y uno de los voceros de la Mesa de Cerros Orientales, señala que con las dos estrategias se busca la defensa de los derechos humanos integrales de los pobladores de estas montañas. Desde muy joven Héctor en el barrio en donde creció, el Manantial, alcanzó el liderazgo social para enfrentar las adversidades y la estigmatización social de autoconstruir un barrio en condiciones de incertidumbre y exclusión.

El origen de barrios como el Manantial y los tres sectores del Triángulo, como ha sido usual en Bogotá, fue el loteo de un antiguo terreno rural hecho por un urbanizador “pirata”, que terminó ofreciendo de manera fraudulenta una forma de acceso a la vivienda a personas que llegaban a la capital buscando un lugar para vivir. Luego el urbanizador desapareció como por arte de magia con el dinero que las familias invirtieron para cimentar su casa, dejando un lugar con todas las carencias de servicios públicos y sanitarios, vías, equipamientos etc.

Así como la de Héctor Alvarez, es la historia con muchos otros habitantes populares de los Cerros Orientales, que bajo contextos de adversidad, han logrado darle contenido a propuestas como la del “Ecobarrio”, propósito estrechamente ligado a la defensa de estas montañas y que busca darle visibilidad social a las comunidades y afirmar su permanencia en la zona con proyectos concretos. Incluso, de esta manera han logrado también obtener apoyo en diferentes momentos de entidades como el Jardín Botánico de Bogotá o la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca-CAR.

Además de los casos del Manantial y el Triángulo, existen otros en donde la organización popular ha logrado también frutos, contando asimismo con apoyo de la CAR y la Secretaría de Hábitat. Este ha sido el caso de los barrios Las Violetas y Villa Rosita, en el suroriente de los Cerros. Comparten, como los otros barrios, su lucha inicial en legalizar y mejorar sus condiciones. En un informe de la CAR denominado “Procesos Participativos e innovación social como Apropiación territorial de las comunidades en los Cerros Orientales”, la autoridad ambiental reconoce lo siguiente:

“Si bien hoy estamos enfatizando […] nuevas iniciativas de participación ciudadana e innovación social en la gestión ambiental, también es necesario reconocer las intervenciones sociales que han gestado las comunidades en aras de salvaguardar los territorios. […] Es el caso entonces de las comunidades de los Cerros Orientales que desde la llegada de los primeros pobladores, según expresan los mayores que habitan hoy los cerros, fueron acoplados a un ecosistema natural que los recibió para emprender nuevas historias de vida” (CAR, 2014:8)

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Foto de Jennifer Ramírez

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Foto de Amigos de la Montaña

 

Particularmente para el caso de Villa Rosita, localizado en la UPZ 52 La Flora en Usme, es un gran referente de ocupación y hábitat sostenible en áreas o franjas de borde urbano. Sobre esa experiencia hablamos con una de sus principales lideresas, Elizabeth Mosquera.

Germán Quimbayo (GM): ¿Cómo ha sido la historia de la experiencia de Villa Rosita?

Elizabeth Mosquera (EM): La experiencia de Villa Rosita ha sido muy interesante ya que cuando empezamos a realizar el eco barrio, era un barrio más de los cerros olvidado y desconocido para la ciudad y el gobierno. Fue una apuesta grande que hizo la CAR, al evidenciar que en ese barrio estábamos protegiendo y conservando el territorio [Los Cerros] y tratando de preservar las cinco quebradas que nacen allí. Con el grupo de mujeres de Comabaquinta (Corporación Madres en Acción Barrios Altos de la Quinta) nos dimos la tarea de repensar en mejorar nuestras condiciones y calidad de vida, le presentamos la propuesta a la CAR y fuimos apoyadas con unos recursos, sabíamos que sin la participación de la comunidad no podíamos, sin mejorar la movilidad (vías destapadas) y cuando llovía se inundaban algunas casas del agua que baja de la montaña, y sin mejorar las viviendas tampoco podíamos.

 Así que eso lo convertimos en tres componentes:

  • Participativo: la participación de la comunidad es importante en todo proceso ya que hacen parte integral de su propio desarrollo.
  • Ambiental ecológico: Para que la comunidad se empoderara de su barrio y territorio y conociera y reconociera su entorno.
  • Paisajístico: embellecer las fachadas (ya que de la puerta para dentro lo tenemos, pero de la puerta hacia afuera está todo por hacer) es ahí donde la comunidades deben de participar, para mejorar, las fachadas se pintaron de dos colores de verde por el entorno y de blanco porque los eco barrios deben ser territorios de paz en todo sentido.

GQ: ¿Cuáles han sido los logros y alcances de la experiencia de Villa Rosita? ¿Qué ha representado para sus habitantes y qué mensaje le tienen que decir, no solo a otros habitantes de los Cerros, sino al resto de la ciudad?

EM: Los logros han sido muchos:                                                                                                                                                               

  • Visibilizar el barrio, la oportunidad de mejorar el eco barrio con la apuesta que hizo la pasada Administración Distrital (“Bogotá Humana”) con el tema de borde y de ecourbanismo
  • Oportunidad de recursos para mejoramiento de vivienda
  • Oportunidad de conocer y seguir reconociendo nuestro territorio
  • Oportunidad que el gobierno distrital se interesara en el tema de los ecobarrios
  • Oportunidad de que muchos bogotanos superaran el hecho de desconocer esa belleza natural que tiene el Distrito como son los Cerros Orientales, que hay que preservarlos y conservarlos, para futuras generaciones. Además ecobarrios es una consolidación del tejido social en torno a sus habitantes y sus comunidades directamente beneficiadas
  • Los barrios de los Cerros Orientales deben todos convertirse en ecobarrios,  ya que puede ser el límite invisible de la ciudad y los cerros.

El mensaje: Los Cerros Orientales son lo más maravilloso que tenemos los habitantes de Bogotá, por eso hay que conservarlos y protegerlos, los cerros nos dan agua, respiramos aire puro en nuestro territorios, no hay que permitir que ese ecosistema natural se convierta en lozas, en cemento por eso debemos decir: los cerros son patrimonio natural de los bogotanos todos demos de conocerlos para  poder decir los cerros no se venden, ninguna decisión de los cerros sin nosotros sus habitantes.

GQ: ¿Cuáles son los principales retos que tiene la experiencia ante recientes decisiones sobre la franja de adecuación y sobre la postura de la actual Administración Distrital?

EM: Hay que llevar la administración que conozca y reconozca el territorio, que esa franja de adecuación se revitalice y que sean sus habitantes que lo hagan, hay que defender ese territorio como fuente de vida, lucha. Paz de sus habitantes y nuestra propuesta con el nuevo POT es que nuestra UPZ 52 la Flora se convierta en una UPSA (Unidad de Planeación Social Ambiental) donde podamos blindar de cualquier intervención de los ecosistemas cerros  orientales , parque entre nubes y las cinco quebradas que nacen en el territorio: Yomasa, Santa Librada, San Pedrina, Bolonia y El Arrayanal. Esta administración lo que tiene que hacer es invertir en los barrios de cerros orientales y cumplir el fallo del Consejo de Estado y pagar la deuda social y ambiental que por años se le debe a los habitantes que están en la franja de adecuación.

Esta administración lo que tiene que hacer es invertir en los barrios de cerros orientales y cumplir el fallo del Consejo de Estado y pagar la deuda social y ambiental que por años se le debe a los habitantes que están en la franja de adecuación

En una visita que Imagina Bogotá hizo a Villa Rosita, de la mano de Elizabeth, se pudo constatar algo que es un común denominador en procesos que han establecido comunidades y organizaciones sociales populares no solo con el gobierno distrital, sino con diferentes autoridades públicas. Cuando finalmente se logran posicionar reclamos y demandas por parte de las comunidades y obtener respuesta desde estas instancias, los apoyos son fuertes y decididos en un principio, pero resultan inconstantes en el largo aliento debido a discontinuidades de programas, recursos financieros, entre otros, que usualmente corresponden a los eternos cambios que hay cada cuatro años en donde el “Síndrome de Adán” abriga a cada mandatario de turno y su administración. Elizabeth, en ese sentido, apunta:

Si la actual Administración distrital quiere trabajar por los Cerros Orientales, debe trabajar con todos los actores (sic), incluyendo sus habitantes y pobladores, quienes hemos sido sus defensores. Queremos mostrarle a la ciudad el tesoro que tienen en los Cerros”.

Para esta nota quisimos obtener el concepto oficial de funcionarios de la actual Administración Distrital, pero no logramos encontrar respuesta. Lo que sí es claro, y es algo en lo que insisten las organizaciones como la Mesa de Cerros, es que en la actualidad y a pesar de contar con el fallo de la sentencia del Consejo de Estado, no ha existido un cabal cumplimiento por parte de las autoridades competentes del orden local, distrital, regional y nacional, particularmente con la situación del manejo de la Franja de Adecuación en donde se encuentran estos Ecobarrios.

Las historias que han protagonizado personas como Elizabeth o Héctor, son fuente de esperanza, pero que hoy a 2016 y después de más de dos años del fallo del Consejo de Estado que esperaba resolver de manera definitiva un limbo jurídico de casi 9, de nuevo las comunidades enfrentan un escenario de incertidumbre, ya que actualmente se ha desconocido por parte de la actual Administración distrital los avances hechos por el mismo Distrito entre 2014 y 2015 en el marco del cumplimiento de dicho fallo. Esos avances correspondieron a un trabajo con diversos sectores sociales y populares en torno a los Cerros, entre otros, en el desarrollo de un Plan de Manejo para la Franja de Adecuación correspondiente a las realidades territoriales.

Asimismo, los líderes de los barrios populares han denunciado que el Comité de Verificación de cumplimiento de dicho fallo no cuenta con la representatividad de estos sectores sociales populares y se ha hecho de espaldas a la ciudadanía, así como también existe la denuncia hecha por diferentes analistas, líderes sociales y expertos, sobre la total ausencia en el actual Plan de Desarrollo “Bogotá Mejor para Todos” (2016-2019) de programas y recursos de inversión para continuar con el proceso de cumplimiento de la sentencia para la protección de los Cerros, entre esos, financiar el Plan de Manejo de la Franja de Adecuación y apoyar iniciativas como los Ecobarrios, que se constituirían como la mejor estrategia de pacto de borde para evitar la urbanización de los Cerros y ejemplo de habitabilidad desde sus pobladores históricos, y exigida durante años por ellos mismos.

La “innovación social” por la protección y el derecho al territorio en los Cerros, está puesta sobre la mesa y es clara, así como el fallo de la sentencia del Consejo de Estado. Las mismas comunidades siguen elaborando cómo se interpreta y qué les aporta ese mandato y cómo superar las tensiones que el mismo no ha logrado resolver. No se necesita de intermediarios como el sector de la construcción, ahora apoyado por el Distrito y el mismo Ministerio de Vivienda, que impongan así sea de manera “amigable y desinteresada” su propia visión, desconociendo absolutamente historias de vida como las de los habitantes de los Cerros, quienes desde el norte hasta el sur, nos invitan a conocerlos, quererlos y disfrutarlos.

Fotos de: Jennifer Ramírez

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[1] Informe de la Alcaldía Mayor de Bogotá sobre el Programa Ecobarrios. 2003. Disponible aquí: https://goo.gl/xRzB8o

Germán Quimbayo

Ecólogo – MSc. en Geografía Recorriendo y “estudiando” a Bogotá, he cultivado ante todo mi ser y oficio. He tenido experiencia en temas de ordenamiento territorial y participación comunitaria ambiental en entornos urbanos, tanto como investigador independiente como haciendo parte de procesos con instituciones del ámbito Distrital y Nacional. Actualmente soy estudiante de doctorado en Política Ambiental en el Departamento de Estudios Geográficos e Históricos de la Universidad de Eastern Finland. Ah, y amo apreciar música. Twitter: @gquimbayo Página de Internet: https://uef.academia.edu/gquimbayo

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