¿Cómo narrar la violencia?

12 abril, 2016 |
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El abrazo de la serpiente compitió por un Óscar en la selección de mejor película extranjera de este año. Aprovechamos el momento para rememorar una película bogotana, Confesión a Laura del director Jaime Osorio, ganadora de premios como la Opera Prima al guión de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, el Premio de la Crítica a mejor película otorgado por la crítica especializada en el Festival de Cine de Huelva (España), el premio Especial del Jurado y Premio Coral a mejor actriz en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano (La Habana – Cuba), entre otros.  Su estreno fue en el año 1991, y el elenco lo conformaron Vicky Hernández, Gustavo Londoño y María Cristina Gálvez.

La novedad de la obra consiste en narrar este evento de extrema violencia de una forma cotidiana, a partir de la historia de tres personajes que viven al lado de la Biblioteca Nacional: Santiago, Josefina y Laura.

La película transcurre durante la época de la violencia, tras la muerte de Jorge Eliecer Gaitán en el centro de la ciudad. De acuerdo a su contexto cabría perfectamente en una narrativa de acción, armas, violencia, en fin. Sin embargo, sucede todo lo contrario, el guión y la narración son los protagonistas; entonces aquí radica su calidad. Lo que hace es mostrar este evento de extrema violencia de una forma cotidiana, a partir de la historia de tres personajes que viven al lado de la Biblioteca Nacional: Santiago, Josefina y Laura. El día siguiente al Bogotazo, Josefina le manda un ponqué a su vecina Laura por su cumpleaños. Santiago, su esposo, es quien lo lleva, pero cuando llega a donde Laura se desata la violencia en las calles y no puede regresar a su casa. Entonces, a partir de ese enfoque cotidiano de la película, es posible analizar la relación de los personajes como un reflejo del momento que se está viviendo, en la medida en que lo cotidiano es tan violento, en un ámbito discursivo, como lo que se vive en las calles de la ciudad.

 

Confesión a Laura 2

Josefina, la esposa de Santiago, representa la esencia del partido conservador. Su rol como mujer casada de clase media alta va por encima del conflicto que se está viviendo y eso se ve en su deseo por mandarle el ponqué a Laura. Ella es el único personaje que muestra un control sobre la situación, la única que sabe qué hacer, cómo actuar y tiene la certeza de qué es lo que va a pasar. Cuando Santiago prende la radio para enterarse de cómo está la situación, a la preocupación de Santiago, ella dice “no señor, no está grave, para eso tenemos un presidente. (…) Es controlable, todo es controlable para el gobierno. (…) Sólo es la guacherna que anda por ahí gritando” (Osorio). Aquí se muestra un poder que tiene una verdad y que tiene el control de las cosas. Josefina, al referirse a los liberales como una “guacherna que anda por ahí gritando” se siente superior, se siente parte de los vencedores: los liberales han perdido a su representante y ahora son una muchedumbre sin sentido.

La relación de los personajes es un reflejo del momento histórico, en la medida en que lo cotidiano es tan violento, en un ámbito discursivo, como lo que se vive en las calles de la ciudad.

Para Josefina la muerte de Gaitán no es más que un suceso más y cuando Santiago le reclama por su comportamiento indiferente y le recalca que han matado a Gaitán, ella dice “Sí, lo mataron y qué. Ya está muerto, nada va a cambiar. (…) Sí claro, ese alboroto dura uno o dos días y después todo tan tranquilo” (Osorio). Gaitán no representa nada para ella, no hay un reconocimiento o una identificación con ese tipo de ideales. De hecho, siente indiferencia hacia el evento que se ha desatado tras su muerte, y tiene el poder de denigrarlo, de quitarle toda la importancia y de decir con seguridad que pasará, se calmará ese “alboroto”, y todo volverá a la normalidad; es la restitución del partido conservador en el gobierno de Mariano Ospina Pérez. Es en él en quien Josefina confía como presidente, es él quien maneja ese gobierno capaz de controlar todo, es él quien calmará a la guacherna.

Santiago desde el inicio de la película está preocupado por lo que está pasando afuera. Como ya se mencionó, él está pendiente de lo que dice la Radiodifusora Nacional, de lo que recomiendan hacer, de las directrices para actuar. A diferencia de Josefina, él sí ve el conflicto cerca, se siente parte de este, teme por su seguridad. Se ve cuando ella le ordena que lleve el ponqué a donde Laura, y él lo duda porque le da miedo cruzar la calle, le da miedo salir. Santiago cree que lo van a asesinar los francotiradores que se han instalado en los techos para asegurar el orden en la calle, mientras que Josefina los ve como sujetos que la protegen y cuidan el orden. En la escena, se acercan ambos a la ventana y ella le dice: “Mijo, ¿quiere más tranquilidad?” (Osorio). Esto demuestra la oposición de ideales que tienen los personajes, en este caso Santiago representa la esencia del partido Liberal. Luego, cuando ya se dispone a salir, casi en contra de su voluntad,  Josefina nota la corbata roja que lleva puesta y le dice “¿y esa corbata roja?” a lo que Santiago responde “¿roja? No es como vino tinto” (Osorio). Por un lado, Josefina nota la corbata y de inmediato lo controla, lo cuestiona, lo resalta; por otro lado, Santiago lleva una corbata roja justo el día después del Bogotazo, es inevitable conectarlo con una cierta fidelidad al partido de Gaitán. Así, Santiago sale hacia la casa de Laura, lleno de miedo, en contra de sus ideales, derrotado por el control de Josefina.

Para Josefina la muerte de Gaitán no es más que un suceso más: “Sí, lo mataron y qué. Ya está muerto, nada va a cambiar.”

Esta relación entre Josefina y Santiago, al ser claramente opuesta entre ideales, retrata lo sucedido en el Bogotazo. Cuando Josefina envía a Santiago a donde Laura, lo está enviando a su propia muerte. Al hacerlo, salir de la casa se sobrepone a él y lo quiebra, lo hace vulnerable, acalla su discurso. Sin embargo, una vez Santiago ha llegado a donde Laura, se redefine, confirma sus ideales y los fortalece. Josefina no tiene acceso a la casa de Laura, solo por medio de llamadas telefónicas o señas por la ventana, es el momento en el que ella no tiene el control, no se sobrepone a Santiago y por esto que él tiene la posibilidad de crecer. Es justo en este momento de auge en el que Santiago es más fuerte y está más definido, que sale de la casa de Laura y desaparece. A Santiago lo asesinan como a Gaitán, y Josefina, como Mariano Ospina Pérez, se queda con el poder. No obstante, Josefina sin Santiago pierde el control. De la misma forma, el presidente conservador en el Bogotazo, tras la muerte de Gaitán, pierde el control del pueblo. Esta es la forma en que la película logra narrar la violencia de una manera en la que es concebida y vivida en Colombia, cotidiana y normal. Así que en esta época de buen cine, recomendamos Confesión a Laura para los bogotanos.

Bibliografía
Confesión a Laura. Dir. Jaime Osorio. 1991.

Ana María Díaz

Soy editora y fundadora de la editorial independiente El salmón editores y redactora de Imagina Bogotá. Tengo una predilección por los libros infantiles y quisiera saber dibujar para ilustrar mis propias historias.

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