Carlos Vives en Bogotá: o Bogotá en Carlos Vives

18 agosto, 2015 |
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Foto: Francesco Degasperi AFP

Por 40,000 personas pasa el número de asistentes al concierto de Carlos Vives en la noche del 13 de agosto.

Desde las cinco de la tarde hasta las nueve no pararon de entrar personas buscando hacerse lugar para poder ver en el escenario al artista del pueblo, o en este caso, de la ciudad. Porque a pesar de que nació a muchos kilómetros del centro, en la costa de Santa Marta, Carlos Vives puede ser el artista de cada rincón del país. Y ha quedado demostrado en el estadio, con esa multitud de cabezas y voces en coordinación perfecta, tan parecida a las noches mágicas de campeonatos, de barras o cánticos, dedicados a los triunfos de los equipos bogotanos.

El momento de éxtasis, cuando la tarima se convirtió en todo el estadio.

 

El concierto empezó alrededor de las 9. Estaba programado para empezar antes, pero se corrió por petición del samario. El escenario tenía dos pantallas gigantes a sus lados, los músicos de La Provincia en la mitad, y un corazón profundo arriba de ellos que no paró de latir hasta las 12 am, tal como la gran masa de personas. Para los ojos del público no se veía más, pero luego el escenario habría de traer múltiples sorpresas. La primera de ellas vino en las primeras canciones, luego de homenajear a Mayte, cuando la música empezó a calentar al público. Carlos Vives dijo, “está subiendo la temperatura”, y con eso introdujo a Maluma, que llegó con su hit homónimo y la puesta en escena, cinco bailarinas. Así, la correspondencia entre artista y público crecía, y también las sorpresas.

La fiesta siguió, y del reggaetón de Medellín, pasamos al hip hop de Quibdó: Choquibtown en la tarima cantando “Cuando te veo”, el sencillo de su nuevo álbum y luego “El mar de sus ojos”, de Más + Corazón profundo, el álbum del motivo del concierto y de la gira. Las sorpresas continuaron y las canciones también. Esta vez fue el turno de un video de Carlos Vives en el parque del Tayrona, allí se encontraba con un cacique que le indicaba el camino de su vida, el de preservar la cultura a partir de sus canciones. Y, para homenajear esa experiencia y el paisaje, el artista del pueblo entonó “La tierra del olvido”, la nueva versión que conmemora los 20 años de su estreno. Este fue el momento de éxtasis, cuando la tarima se convirtió en todo el estadio. La canción inició con Fanny Lu y Fonseca, luego el coro, y se iluminó la noche. El cholo Valderrama salió del piso y entonó una nota tan larga como su trayectoria, y junto a él, la pólvora. Cientos de bengalas para aumentar la emoción del momento, donde también cantaron representantes de Herencia de Timbiquí y Coral Group.  

Pero las sorpresas no terminaron ahí, aún quedaban los más esperados. Mientras Carlos Vives entonaba un vallenato en compañía Egidio Cuadrado, todos se preparaban para recibir a uno de los grandes de la noche, Marc Anthony. Lamentablemente, no pudo asistir porque había tenido un problema con el avión. Sin embargo, esto no paró la fiesta, ya que el mismo Carlos Vives lo llamó por celular para homenajearlo con “Vivir mi vida” con la voz de un monteriano, sin esperarlo tanto Vives como el público, Paola Turbay entró al escenario a bailar la canción. La noche se acercaba a su fin, y una sorpresa más salió al escenario a poner a cantar a todo el público en su idioma natal, portugués. Michel Teló cantó “Ai se eu te pego” y luego entonó “Como le gusta a tu cuerpo” al lado del protagonista de la noche. Más tarde, fue Gusi el que entró al escenario para dar paso la ultima gran sorpresa de la noche.

Ante los ojos de los músicos, había una multitud de tanta gente, que parecía que toda Bogotá estuviera dentro del Estadio Nemesio Camacho el Campín.

 

 

Luego de un mensaje de Greenpeace, en donde Carlos Vives incentivó a todo su público a la conservación de los páramos, dijo que el guión del concierto iba hasta ahí. Que luego del aquel mensaje, el concierto acababa. El unísono de todas las voces del público le decían un claro, “No” y luego, pedían “otra, otra”. Así, vino una tanda de clásicos como “El rock de mi pueblo”, entre otros. De repente, salió corriendo del escenario, se apagaron las luces, y cuando todos creíamos que todo había terminado en la mitad de la tarima salió Wisin con  “Adrenalina”, el público gritó hasta más no poder, y luego el puertorriqueño presentó con un grito a su compatriota Daddy Yankee, con quien cantó “Sígueme y te sigo”. Definitivamente este era el final del concierto.

El público empezó a irse, porque nadie esperaba que Carlos Vives volviera a salir, pero esta vez en la mitad de la gramilla, hacia el lado derecho del estadio. Cantó acompañado de su acordeonero, caminó hacia el otro extremo y pasó por entre el público de las gradas hasta volver a llegar al escenario. Increíble, parecía como si el samario no quisiera acabar el concierto y quisiera quedarse hasta que el público aguantara.

Sin embargo, debía haber un final y llegó con “Carito”. Fue perfecto. A las doce de la medianoche, Bogotá aún cantaba “Qué importa la raza, tampoco el idioma, si al fin lo que vale es la buena persona”. Ante los ojos de los músicos, había una multitud de tanta gente, que parecía que toda Bogotá estuviera dentro del Estadio Nemesio Camacho el Campín.

 

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