Bronx, un parque de diversiones de inframundo

2 junio, 2016 |
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Una crónica de Sergio Ospina – Junio 1 de 2016

 

Al mejor estilo de un parque de diversiones macabro, visité el tan nombrado Bronx, al lado de la plaza del Voto Nacional en el centro de la capital de la República.

Un retén de la policía en la entrada, junto a varias vallas y bastantes uniformados, es la portada de este tenebroso libro, creado por el olvido del Estado y toda entidad gubernamental local y distrital, que permitieron el desarrollo de un submundo por cuenta de los habitantes de la calle en cinco cuadras a la redonda en la localidad de Los Mártires.

Microtráfico, trata de personas, prostitución, tortura y desaparición forzada, fueron los delitos denunciados en cientos de ocasiones por parte de quienes lograban salir vivos de allí, pero nunca fueron escuchados por las autoridades hasta el sol de hoy tras el operativo organizado por la Policía junto al Ejército y varias entidades del Distrito

Una vez adentro, la carga de energías que se sienten es bastante extraña, ya que parece que los murales tuviesen ojos y oídos, que los docenas de gatos abandonados allí tuvieran la necesidad de relatar lo que vieron en días y noches de tragedia en dicho sector, y que los gritos sordos de las víctimas torturadas y asesinadas allí quisieran ser escuchadas.

El silencio ronda por aquellos rincones y entradas oscuras de las edificaciones deterioradas, las cuales evidencian la realidad que fue evitada por nuestros ojos desde la desaparición del sector ‘El Cartucho’, y que obligó al traslado de sus habitantes a este sector, llevándolo a su total detrimento social.

Así lo cuenta uno de sus habitantes, un señor con un solo diente, lleno de arrugas y una mirada perdida en la tristeza que ha tenido que evidenciar desde hace 40 años “cuando yo llegué a este barrio, todo era normal. No habían drogadictos en la puerta de la casa, y mucho menos se escuchaban disparos y gritos en todo el día”, aseguró.

No quiso dar su nombre, porque tal como lo cuenta “si se enteran que di la entrevista, en pocas horas estaré oliendo a formol, porque a las mafias nos controlan a todos y no les gusta que hablemos de nada. Ellos son los que obligan a los viciosos a enfrentarse a la fuerza pública, porque les pagan con droga”, aseveró.

Su casa es de cuatro pisos, y mientras escuchábamos sus relatos, varios de los huéspedes miraban por las ventanas del recinto para identificar nuestra presencia y escuchar lo que el señor de edad nos relataba.

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Esta es la fachada de la casa en la que se encuentra la entrada al túnel del microtráfico. /Foto: Sergio Ospina.

Luego pasamos a la casa de los ‘combinados’, los cuales eran platos de comida hechos con los residuos de los restaurantes y de varios productos cuya fecha de vencimiento había expirado desde hace mucho tiempo “el día que intervenimos el Bronx y entramos a esta casa, había una caja llena de huevos podridos. Era tan fuerte el olor, que varios uniformados tuvieron que ser trasladados a centros asistenciales para que les aplicaran complejo B, ya que resultaron con virosis por cuenta de las bacterias que habían en el entorno”, comentó uno de los policías que estaban a cargo.

Y es que la mirada no sabe dónde centrarse, ya que hay demasiados espacios donde se quiere indagar y tratar de recrear las escenas que comentan las autoridades. Una de ellas es la famosa casa de pique de personas. Está ubicada en la esquina más importante del sector. Es de cuatro pisos y en la primera planta tiene pintado el retrato del narcotraficante Pablo Escobar, junto a la del padre Javier de Nicoló.

Aunque no tuvimos acceso a dicha edificación, su fachada demuestra que las paredes y puertas sirvieron como filtro sonoro para que los gritos de las personas torturadas y asesinadas, no fueran escuchadas por los que transitaban el lugar. Ninguno de los vidrios de sus ventanas está completo, y su pintura, como era de esperarse, está salpicada de barro, sangre y cuantas sustancias ajenas se pueda imaginar.

Otros dos bienes que llaman la atención son en las que está el túnel utilizado para el tráfico de drogas en el sector y la casa con los chorizos de perico. En la primera, su fachada no revela más que deterioro, pero en su interior está una de las rutas más secretas -hasta hace unos días- de las mafias para el transporte de dineros y materia prima.

En la segunda, los tubos que supuestamente estaban conectadas con el sistema de aguas lluvia, eran usados como bodegas de enormes cantidades de ‘perico’, vendida a los adictos y sostén económico de quienes se lucraban de la desgracia de sus clientes.

Luego están los bares y residencias que hacen la vez de la cereza del postre, el broche de oro, la gota que derramó la copa. Son bastante originales los nombres, y están sectorizados por los simpatizantes de dos reconocidos equipos de fútbol colombiano.

Uno de los bares se llama ‘Millos VIP’, ubicado en una de las esquinas en las que finaliza el Bronx. Cuenta con luces azules y dos plantas de servicio para aquellos que le hacen fuerza al equipo capitalino, mientras que Nacional, equipo de la capital antioqueña, cuenta con una residencia llamada ‘rejas negras: piezas, ratos, parches’ y un eslogan bastante atractivo para sus clientes ‘bienvenidos a la recocha de sus herman@s’.

Residencia ‘Hotel Rejas Negras’. /Foto: Sergio Ospina.

En el bar de los seguidores de los azules, había un espacio bastante singular al lado de la rockola de música. Era una habitación de 2 metros cuadrados, en la que las mujeres, sin importar su edad o condición eran objeto de abusos por parte de hombres, quienes utilizaban consoladores para estimular a su víctima y posteriormente eran puestas a disposición de cualquier persona para que hiciese con ella lo que considera conveniente.

Finalmente, algo que llama la atención es la conexión a televisión satelital que tenían varias de las residencias y bares del Bronx. Contaban con su antena satelital y un televisor a color para ver los partidos de equipos nacionales e internacionales.

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Foto: Sergio Ospina.

Posdata: los únicos seres vivos que quedaron allí, son las decenas de gatos y perros cuyos dueños ya no regresarán y que eran utilizados para el transporte de drogas al interior del sector. Todos maullan y ladran, creando una sinfonía digna de película de terror, debido al frío y al hambre que los agobia desde la desaparición de sus propietarios.

Seguramente, esa misma situación la viven las personas que decidieron no recibir la ayuda de un alcalde que, sin lugar a duda, hará que el Bronx pase al olvido y se convierta en un nuevo callejón, con un nuevo nombre en otra zona de Bogotá.

–>Columna de opinión relacionada:

¿Vamos para un tercer cartucho?

Sergio Ospina

Colombiano de pura cepa y detractor #1 de aquellos sujetos moralmente incorrectos. Positivista con los buenos y terrorista con los ineptos. Comunicador social y periodista de la Universidad Central y futuro reportero de guerra.

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