Así podría ser restaurado el bosque en la Reserva Thomas van der Hammen

26 abril, 2016 |
5714

Por: Darío Pérez, Biólogo-etnobotánico, MSc. Geografía Universidad Nacional de Colombia y Stefan Ortiz, Economista MSc. Estudios del Desarrollo Universidad de la Sorbona Paris1

 

Luego de que en el año 2000 el Ministerio de Ambiente resolvió el desacuerdo entre la CAR y el primer gobierno de Enrique Peñalosa sobre la expansión del norte de Bogotá, que dio origen a la Reserva Thomas van der Hammen, la principal e inmediata acción que había que emprender era la restauración ecológica que garantizara la conectividad ecosistémica entre los Cerros Orientales, el río Bogotá y el cerro Majuy. Esa era la verdadera propuesta del profesor holandés en honor a quién se le dio el nombre a la Reserva.

Pero los procesos judiciales y la resistencia a su declaratoria por parte de las autoridades distritales y nacionales llevaron a que la restauración quedará a un lado. Solo en el año 2011 el Consejo Directivo de la CAR expidió el acuerdo 011 que declara la Reserva Forestal Regional Productora y tres años más tarde aprobó el Plan de Manejo Ambiental por medio del acuerdo 021 de 2014.

Han sido tan dilatados los procedimientos administrativos, que muy pocos habían oído hablar de la Reserva hasta que el Alcalde Enrique Peñalosa anunciara su intención de urbanizarla al inicio de su segundo gobierno en enero de 2016.  Dicho anunció cayó como baldado de agua fría, sobre todo luego de que la administración anterior del Alcalde Gustavo Petro, dejara algunos avances que no se habían visto en años: declaró parte del suelo de la reserva como de “utilidad pública y de interés social” y destinó alrededor de 100 mil millones de pesos que, sumados a 19 mil millones de la CAR, permitirían avanzar en la compra de predios, requisito para ampliar la restauración ecológica más allá de la iniciada por el Jardín Botánico en un sector que previamente era de propiedad del Distrito. En ese sector que, es del caso señalar, fue adquirido durante el primer gobierno de Peñalosa para construir la Avenida Longitudinal de Occidente –ALO, se sembraron en los años anteriores más de 37 mil árboles de más de 27 especies para recuperar la conectividad entre el bosque Las Mercedes y el humedal La Conejera. Además el Jardín Botánico avanzó en la formulación e implementación de un “nodo de biodiversidad” en la reserva, fundamentado en la concepción de la biodiversidad urbana como estrategia de construcción de una ciudad resiliente al cambio climático.

Lo cierto es que la dilación del proceso de consolidacón jurídica y material de la Reserva Thomas van der Hammen, por múltiples razones que no es el objeto de este artículo explicar en detalle, es la culpable de que el Alcalde actual se pueda dar el “lujo” de ponerla en duda. Es más fácil manipular a la opinión pública reduciendo el asunto a una urbanización de “potreros”, que cuando se pone en evidencia que se trata de un ecosistema fundamental y único en la Sabana. Sin embargo, una ciudadanía informada no se deja engañar fácilmente, como demuestran las encuestas recientes que no favorecen las propuestas de urbanización.

 

El Legado de Thomas Van der Hammen

El proceso comenzó en 1979, en una finca que se usaba para el cultivo de maíz mediado por agroquímicos, así que el primer paso para la regeneración fue, al igual que lo hacían muchas de nuestras comunidades andinas, dejar descansar el terreno de cultivos. La época de barbecho se prolongó hasta el año 1991 y durante este tiempo se desarrollaron especies arvenses que hacían parte del banco de semillas del suelo.

Imagen 1. Area de la Finca Santa Clara

Imagen 1: área de la finca “Santa Clara” cultivada en maíz antes del inicio de la restauración en 1979 Fuente: Archivo personal familia van der Hammen.

A finales de este año se adicionó suelo proveniente del Cerro de Majuy, vecino a la finca, con el propósito de restituir el horizonte orgánico y, a partir del mes de febrero de 1992, se comenzó la siembra de especies de árboles nativos consideradas pioneras en programas de restauración, como el chilco (Baccharis latifolia) y el aliso (Alnus acuminata), provenientes de invernaderos privados e instituciones públicas como el Jardín Botánico de Bogotá “José Celestino Mutis” y la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR). La siembra programada de especies nativas se extendió con un manejo periódico hasta el año 1995.

El profesor van der Hammen, principal artífice de la Reserva, dejó como legado un magnífico ejemplo de cómo se puede restaurar un ecosistema totalmente degradado, y transformar unos “potreros” en un bosque andino de planicie. Con sus propios recursos y esfuerzos en su finca “Santa Clara” en el área rural del municipio de Chía, aplicó el modelo de restauración ecológica que desarrolló a partir del conocimiento de la historia de la dinámica de las comunidades vegetales de la Sabana, el cual es replicable en la reserva forestal del norte.

 

 

 

En los años siguientes fueron sembradas las especies nativas restantes, intentando recrear la estructura y composición de los bosques andinos que dominaban la Sabana de Bogotá y, favorecido por el aumento de la precipitación entre los años 2000 y 2007, se evidenció el arribo de las especies vegetales provenientes del Cerro de Majuy, gracias a procesos de dispersión natural.

 

 

 

 

 

Imagen 2. Profesor Thomas

Imagen 2. El Profesor Thomas van der Hammen coordina la siembra de especies nativas, luego de la época de barbecho. 

Entre los años 2008 y 2009 Juan Carlos Barbosa y Darío Pérez, bajo la tutoría de Sandra Cortés y la asesoría y seguimiento del mismo profesor van der Hammen, realizaron un estudio con la Universidad Militar Nueva Granada, cuyo objetivo era caracterizar la estructura y composición florística de este bosque luego de 15 años desde su establecimiento, y comparar los resultados con estudios hechos en el Bosque Las Mercedes, Cerro de la Conejera y el Cerro de Majuy, como ecosistemas de referencia. Sus conclusiones son reveladoras ya que, con el establecimiento de plantas nativas, se transformó un área degradada en un parche de vegetación. Hoy día, luego de relativamente poco tiempo, posee características de estructura y composición cercanas a la de bosques maduros de la Sabana de Bogotá y ha contribuido a la atracción de fauna nativa que ayuda a sus dinámicas ecológicas.

 

Imagen 3 Vista bosque

Imagen 3. Vista del bosque desde el cerro de Majuy pocos años después de la siembra. Fuente: Archivo personal Familia van der Hammen.

Florísticamente, el bosque regenerado de la Finca ‘Santa Clara’ comparte el 21% de la proporción de las especies arbóreas y arbustivas pertenecientes a las comunidades vegetales registradas en el cerro de Majuy, comparado con estudios previos realizados por el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia[1]. Cerca del 60% de la cobertura de los estratos superiores del bosque regenerado corresponde a las especies seleccionadas para la siembra inicial, mientras que el restante porcentaje son especies que han arribado luego de la dispersión natural de las semillas, en comunión con los ecosistemas cercanos; es decir, se prueba la conectividad entre los ecosistemas nativos y los proyectos de restauración ecológica, lo que favorece la regeneración natural y reduce la necesidad de manejo.

 

Imagen 4 bosque 2007

Imagen  4. Fotografía aérea que muestra el bosque establecido en el año 2007.
Fuente: Archivo personal Familia van der Hammen.

Con esto se comprueba el potencial de trabajo recíproco social y ecosistémico, pues al crear las condiciones favorables, la naturaleza misma se encarga de completar su propia restauración. Adicionalmente, este estudio permitió demostrar que el bosque establecido en la finca “Santa Clara” ha sido lo suficientemente resiliente, ya que ha soportado satisfactoriamente periodos de estrés natural causado por el cambio climático y la creciente urbanización de las áreas rurales de Chía[1]. De hecho, el bosque de planicie regenerado mantiene en la actualidad condiciones que le permiten ser autosostenible, sin depender del manejo humano.

El establecimiento de este bosque es un excelente ejemplo de conservación biológica que permite probar que las áreas restauradas pueden servir como conectores de los remanentes de vegetación original y, a mediano plazo, lograr que “la biodiversidad atraiga biodiversidad”, como lo decía el mismo profesor Thomas van der Hammen.

 

 

 

 

 

 

 

 

Ver galería fotográfica del Bosque actualmente. Fotos: Bárbara Santos.

 

Bosque 2 RVDIMG_9178IMG_9185

 

De otra parte, cabe aclarar que el hecho de que hoy en la reserva Thomas van der Hammen predominen espacios agropecuarios – especialmente agrícolas – no significa que no cumpla funciones ecológicas claves para Bogotá como es la recarga de acuíferos, la circulación de aguas subterráneas, la protección de hábitats de fauna nativa y la conservación de la biodiversidad. Es bien sabido que la reserva contiene el último redicto de bosque nativo de la Sabana, el Bosque Las Mercedes, así como el humedal la Conejera y la quebrada La Salitrosa, que junto con el humedal Torca Guaymaral, ayudan a mantener una mínima conectividad a pesar de la enorme fragmentación del paisaje.

Esos parches de biodiversidad pueden reconectarse para recuperar la funcionalidad ecológica superficial, y fortalecer la conectividad en el subsuelo, permitiendo la continuidad ecológica entre los cerros orientales y el río Bogotá.

Es decir que la reserva van der Hammen ya cumple funciones clave para la sustentabilidad de la ciudad, a pesar del deterioro producto del abandono y el desconocimiento general.  ¿Cómo sería si se consolidaran los planes de restauración diseñados por el grupo de expertos liderados por el profesor Thomas van der Hammen hace más de 15 años?

 

El llamado al Alcalde Enrique Peñalosa

Reconocer la profundidad y la seriedad del trabajo del profesor van der Hammen es lo mínimo que se esperaría del equipo de gobierno del Alcalde Enrique Peñalosa. A partir de ahí, respetar los avances en el conocimiento científico y en los proyectos académicos y políticos sobre la reserva[3], y no ignorar los fundamentos técnico-científicos que justificaron su creación, tanto en el campo de las ciencias biológicas y ecológicas, como en el campo del urbanismo y los escenarios de crecimiento de Bogotá. El Alcalde Peñalosa tiene la oportunidad de mostrar que es capaz de entender la verdadera dimensión de la reserva y asumirla como el proyecto más innovador en términos de planeación urbana y ambiental que puede tener Bogotá y América Latina.

Esperemos que se conozca y se entienda el legado del profesor van der Hammen, representado en la reserva que lleva su nombre. Ese legado, que se materializaría en la consolidación de la reserva, es una oportunidad única que tiene Bogotá de re-pensarse desde la sustentabilidad socioambiental, y de sumarse a las acciones que a lo largo del país envían un mensaje de reciprocidad entre sociedades y ecosistemas. Esas acciones contribuyen significativamente a la construcción de modelos de desarrollo alternativos, que en varias ciudades del mundo ya se están poniendo en práctica.

 

 

[1] Ver Andrade, G. 2016 en http://www.unperiodico.unal.edu.co/dper/article/el-soporte-cientifico-de-la-reserva-van-der-hammen-que-ignora-el-alcalde.html y Rangel, O. 2016 en http://www.accefyn.org.co/sp/documents/Nota_Orlando_Rangel.pdf

[2] Ver: http://www.elespectador.com/noticias/bogota/asi-casa-de-thomas-van-der-hammen-galeria-615407

[3] Ver: Cortés-S. S., van der Hammen, T. y Rangel-Ch. O. 1999 en: http://www.accefyn.org.co/revista/Vol_23/89/529-554.pdf y Cortés-S. S. 2003 en http://revistas.unal.edu.co/index.php/cal/article/view/39404/41295

Últimas Historias

Más vistos esta semana

Columnas populares