Arte, quema de libros y Don Qujote de La Mancha: entrevista a Juan José Posada

15 octubre, 2015 |
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Hace poco acabó la semana de las artes en Bogotá y una de las ferias más reconocidas a nivel latinoamericano: ArtBo. Allí, miles de artistas buscan mostrar sus obras para lanzarse al mundo del arte. Hablamos con uno de ellos, un ganador de la convocatoria Artecámara de la Cámara de Comercio de Bogotá. Él nos cuenta cómo llegó a la feria y cómo es la vida de un artista plástico en Bogotá. Pero antes, recordemos un poco al ingenioso hidalgo de la Mancha.

Juan José Posada, de 25 años, montado en su propio rocín y con la actitud de caballero andante, hace de artista, y luego, vestido de hidalgo, es profesor de colegio distrital.

Había Don Quijote vuelto de su primera travesía, molido y quebrantado, pero con los mismos férreos ideales. Por supuesto, era una preocupación para sus familiares verlo actuar de esa manera. Su sobrina se culpaba, pues lo había visto venir: “Mas yo me tengo la culpa de todo, que no avisé a vuestras mercedes de los disparates de mi señor tío, para que lo remediaran antes de llegar a lo que ha llegado, y quemaran todos estos descomulgados libros, que tiene muchos, que bien merecen ser abrasados, como si fuesen de herejes”. Esos desalmados libros de aventuras eran el origen de su locura, eran los que habían transformado a Quijano en Quijote. Gracias a ellos, montaba rocín, buscaba a su enamorada Dulcinea y luchaba contra treinta o más gigantes. Así tuvo dos vidas: la de Alonso Quijano donde era tío e hidalgo y la del Quijote donde era caballero andante. Aunque hoy no existan caballeros de adarga antigua y lanza en astillero, bien pueden los artistas relacionarse con la  vida y lucha de Don Quijote. Así, Juan José Posada de 25 años, montado en su propio rocín, con la actitud de caballero andante, hace de artista, y luego, vestido de hidalgo, es profesor de colegio distrital.

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Máquina de Improducción Simbólica I. Foto: cortesía del artista.

En su vida como caballero andante, se presentó este año en ARTBO y en la galería Neebex, y tras haberse graduado el año pasado de la Universidad Nacional de Colombia, mientras conseguía un trabajo, descubrió que también le tocaba hacer de Sancho Panza y se dedico a ser vendedor de arte a ratos, este año en la feria Odeón. En su otra vida, se levanta a las 4 de la mañana, aún de noche, y hace una travesía hasta el colegio Jaime Garzón, cerca al portal de las Américas. Dicta clases de arte hasta las 5-6 de la tarde, casi de noche. Esta vida, vestida de hidalgo, es “la que paga el arriendo”, es la de “pedir permisos”, y en pocas palabras, la que le pone límites y retos a la primera, aunque también es la que le permite salir a pelear con gigantes y no morir en el intento. “Este año ha sido correr, correr, correr, correr” cuenta. ¿Cómo llegaste a ARTBO? Hay una convocatoria para pertenecer a Artecámara, y es la convocatoria que los artistas jóvenes y, en general los menores de 30 años, todo el año están esperando. Todos quieren presentarse porque finalmente es un muy buen pantallazo. Además, es el lugar donde se supone, y esta fue la idea que nos vendieron en la escuela, que se van a mostrar los trabajos de los próximos artistas que van a salir de este país. Así que me presenté por segunda vez, este año con mi trabajo de grado Máquina de Improducción Simbólica. ¿Quién hace la convocatoria? La Cámara de Comercio de Bogotá, con el programa de Artecámara. Ellos lanzan una convocatoria anualmente para presentar artistas nuevos y jóvenes, menos de 30 años, en ARTBO. En abril es la convocatoria y a mediados de junio se sabe quiénes pasaron. Siempre tienen un curador distinto, de él depende a quién y a cuántos escojan. Esta vez me presenté, con tan buena suerte, que pasé. ¿Cuántos pasan? Esta vez pasaron treinta y tres, depende del curador; este año, de hecho, fuimos muchísimos, nunca había habido tantos artistas en Artecámara al tiempo. En cambio, el año pasado que lo curó Jaime Cerón, fueron como veinte más o menos. Pasaste, y luego ¿qué pasa? Fue raro porque yo estaba esperando los resultados, así como cuando uno esta esperando saber si pasó a la universidad. La noche anterior, antes que publicaran los resultados, me llegó un correo de la curadora, Ángela Méndez, diciendo “oye, mira, es que saliste seleccionado, pero entonces yo quiero saber cómo vas a hacer tu performance”. Perdí un poco la emoción, porque supe antes de tiempo y no tuve momento de procesar que estaba dentro. Su preocupación de cómo iba a presentarse la obra era válida, pues había fuego involucrado. Así comencé el proceso de pensar cómo íbamos a presentar esto y cuáles eran los requerimientos que tenía para poder hacer el performance. Le dije que yo estaba dispuesto a hacerlo, que por mí no había ningún problema, y ella me dijo: “bueno listo, quedas en contacto con mi asistente”. Entonces, Juliana, su asistente, al mes siguiente se puso en contacto con nosotros y nos dio la bienvenida.

Su preocupación de cómo iba a presentarse la obra era válida, pues había fuego involucrado.

Luego vino el proceso de presentar la obra, lo que había que mandar, lo que iba salir en internet y demás. De la mano surgieron las dificultades, porque mi performance consistía en prender un libro en llamas. Corferias dijo no, y por extensión, la Cámara de Comercio dijo que no porque podía ser peligroso. Eso terminó en que tenía que pedir una serie de permisos supremamente grandes, me dijeron: “saque un certificado de uso de extintores” y dije bueno. Llamé a los bomberos y me dijeron “Claro, ¿usted es una empresa?”, “No”, “¿tiene un grupo de mínimo diez personas?”, “No, somos cuatro”. “No, no podemos hacerlo”. Entonces pregunté “¿que probabilidades hay de que estén?”, “Todas, a $527.000 la hora”. Hice cuentas, y me salía a algo más de un millón, está muy costoso, pensé. Finalmente, corferias nunca dio el brazo a torcer y la feria transcurrió sin que yo pudiera hacer la acción. En todo caso, como no se pudo hacer, presentamos un video y mostramos, colgados en la pared, los libros quemados. Sobre la obra: Como dije al principio, la fuente de la locura del Quijote eran los libros. Por ellos, el hidalgo desenfundaba su esp ada, recitaba poemas y cabalgaba grandes distancias sobre su rocín flaco. Por eso, para curarlo, había que quemar todos los ejemplares de caballería, pues tenían unos conceptos que habían inundado su realidad, ahogándola. El loco era él, nadie más, y los otros, sobre todo la sobrina y el ama, estaban de acuerdo con practicar dicha incandescente acción. Sin embargo, siempre tendremos la duda: ¿no podría ser que todos fueran los locos y él el cuerdo?

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Máquina de Improducción Simbólica I. Foto: cortesía del artista.

Aquí tenemos al “loco”, al caballero andante, al artista. Al que se pone la armadura blanca, un casco negro, enciende el mechero y prende una enciclopedia. A él se le ha dado la oportunidad de cambiar la acción, de ponerla a su favor. Si los libros de caballería enloquecen, las enciclopedias resumen, unifican, controlan. El propósito es destruir el libro que lo contiene todo y a su vez el concepto de universalidad. El proceso se titula “Máquina de Improducción Simbólica 1 (M.I.S1), y hace parte de un conjunto de cuatro máquinas. M.I.S 1: “Toda la idea de la obra surge a partir de intentar destruir distintos tipos de imágenes quepartían de ciertos conceptos que yo entendía como básicos dentro de nuestra sociedad. Dentro del libro hay un hilo que lo atraviesa desde el inicio al fin, que es la idea o el concepto que lo conecta. Entonces, por ejemplo, uno lee 1984 de George Orwell, y la idea de control esta desde el inicio hasta el fin: mi idea es destruir esa idea del concepto, en ese caso en particular, del control. Lo que hacía era prender el libro en llamas en un espacio oscuro y comenzar a leerlo, que las propias llamas iluminaran las letras y yo pudiera leer mientras el fuego me lo permitiera” cuenta el artista. ¿Qué libros quemaste? Los primeros libros que quemé fueron unas enciclopedias: las enciclopedias encierran el concepto de la universalidad, eso es lo que pretenden, contener la información de todo el universo dentro de una serie libros. Tuve la idea de empezar por ese concepto, que era el más primario y quemarlos a partir de eso. La primera fue una enciclopedia ilustrada que encontré. En ARTBO, en Artecámara, quemé una historia del arte. Este fue el segundo paso y a medida que vaya repitiendo la obra, voy a ir quemando distintas series de libros, dependiendo también del contexto. Las otras obras eran también en pro de destruir imágenes. M.I.S 2: Esta consistía en pasar un libro de espejos: la gente lo que hacía era ver su imagen e iba pasando sus páginas. El libro se titulaba historia de la humanidad, y tenia distintos sujetos, “yo” “nos” “tú” y “otros”. Después de ver su imagen y pasar la página, esta se destruía. A la vez yo llevaba un registro de toda la gente que había destruido sus imágenes en esa pieza.   M.I.S 3: Esta surge a partir de la idea de una imagen que se va destruyendo a medida que las personas la ven. Resultó en una instalación en la que yo ponía un proyector de diapositivas con imágenes icónicas de la historia del arte sobre un papel fotográfico, y como el papel es fotosensible, cuando el proyector de diapositivas se prendía, el papel empezaba a oscurecerse. Eso también tenía un tratamiento químico, y a medida que la gente tenía prendido el proyector, el papel se oscurecía y la imagen desaparecía. Yo después terminaba el proceso de revelado y mostraba el producto, cómo quedaban las imágenes.

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Máquina de Improducción Simbólica II en la Galería Neebex. Foto: Yorely Natalia Valero.

¿Y lo que vas hacer ahora es seguir con la cuarta máquina? Esa está en remojo todavía, por ahora tengo una serie de proyectos. El año pasado tuve una idea en torno a toda esta construcción de la paz, en eso va un poco las miras de este nuevo proyecto, antes de los seis meses que nos establecieron como fecha límite. Igual que mi trabajo anterior, esto también tiene un tinte político bastante fuerte, por lo menos para mí. Por ahora, lo que viene es hacer nuevas obras, más trabajo y mirar dónde se va a mostrar. Aunque Artecámara es un buen vehículo para mostrarse, me parece que todavía es un vehículo muy alejado de la gente del común, de la totalidad de las personas. A mí me interesa poder tener una obra en el espacio publico, que pueda intervenir en la cotidianidad de las personas, que no necesariamente tienen esta relación con el arte constantemente.   ¿Algo de esto se vende?   En Artecámara, no. Artecámara es solamente para mostrar artistas jóvenes, así que ellos buscan además artistas sin representación comercial. Es decir, si tú vas a participar en alguna otra feria con una galería, estás descalificado. Pero yo presente este trabajo en Neebex, y aunque está a la venta, finalmente son libros quemados. ¿Quién va a comprar un libro quemado?, ¿o un espejo roto?, ¿o imágenes en negro? Digamos que el trabajo nunca fue pensado para que se vendiera, precisamente por eso es que tengo dos vidas paralelas. Se produce un desfalco grande. Y así, sin decir mucho más, me despedí del hidalgo, el artista, Juan José Posada, quién seguirá corriendo por algún lugar de esta ancha Bogotá, en busca de más aventuras.

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