¿VAMOS PARA UN TERCER CARTUCHO?

1 junio, 2016 |

 

La acción policial ejecutada en el Bronx este fin de semana es propicia para volver a la historia del parque Tercer Milenio. Hasta el año 2006 la inversión más significativa en términos de recuperación del centro tradicional de Bogotá la constituía el macroproyecto parque Tercer Milenio, ejecutado durante el primer período de gobierno del alcalde Peñalosa. Esta zona, que presentaba un alto grado de deterioro y estaba fuera del control policivo, era un núcleo de drogadicción, violencia, expendio de drogas y tráfico con objetos robados. Se aplicó un proceso de renovación pura y dura, que arrasaba con lo existente para construir urbanismo y arquitectura completamente ajenos, con el propósito de atraer una población distinta a sus habitantes usuales.

Samuel Jaramillo (2007)[1] cuantifica la inversión en la renovación del Cartucho, para el período comprendido entre 1999 y 2005, en 99.624 millones de pesos (según fuentes de Planeación Distrital de Bogotá), suma que actualizada a precios de 2015 se eleva a $ 146 mil millones. Jaramillo advierte que los datos del año 2005 están incompletos. Pero el problema en sí mismo no son los recursos públicos que se invirtieron, sino que el efecto en la recuperación socio-económica del centro es bastante moderado. Así lo demuestra el investigador del CEDE de la Universidad de los Andes, quien señala que después del 2000 y hasta el 2005 no se construyeron oficinas, la construcción de vivienda disminuyó en un 50% con respecto al período inmediatamente anterior (1997-1999), y lo único que se incrementó significativamente fue la construcción de locales comerciales.

A pesar de la inversión social en la reinserción de la población adicta a sustancias sicoactivas que, según Juan Carlos Garzón (2013)[2],  logró rehabilitar unas 1.500 personas y atender cerca de 1.000 familias, aparece el Bronx como la memoria ineluctable del Cartucho. El cáncer se extiende y consolida a toda velocidad, no muy lejos de su lugar original. Y es que según Garzón “[…] desmantelar estas zonas propicias para el crimen es un paso necesario para la seguridad ciudadana, pero este objetivo, sin embargo, exige una estrategia que vaya más allá de dar golpes mediáticos y del uso de la fuerza”. Garzón  sostiene que el efecto “no esperado” de estas operaciones es la expansión del problema en nuevos territorios y la reacomodación, a las circunstancias, de las facciones que propician el crimen.

Por otra parte, la configuración urbana del proyecto del Milenio dejó mucho que desear y luce ahora como desierto inaccesible en medio de intercambiadores viales. El gran parque impuesto a un urbanismo de manzanas, paramentado (es decir, alineado por el frente de los solares) y de calles duras, sigue siendo un intruso en la zona, apropiado apenas por los indigentes de siempre, quienes lo convirtieron en su casa nocturna y, finalmente, en el azaroso Tercer Cartucho.  Expertos internacionales, desde el momento mismo de la concepción del proyecto, auguraban el fracaso de esta experiencia. Y los historiadores de la Javeriana invocaban la venganza de las brujas coloniales, a quienes se les había violado la memoria de su sagrado aquelarre.

En palabras que gustan al propio alcalde Peñalosa, ¿el estado de cosas del parque Tercer Milenio será producto de la improvisación en su gobierno anterior? ¿O será, acaso, una torpeza suya no suficientemente debatida?

Al contrario, como lo señalaba Ximena Samper (2013)[3], ¿será que, más de una década después de la intervención, se trata de un proyecto inacabado? Desacierto o producto inconcluso, lo que sí parece una impericia mayor es que el burgomaestre quiera repetir sus errores del pasado en la actual intervención del Bronx, justo ahora, en pleno siglo XXI, cuando la renovación arrasadora ya no se practica más en los sectores céntricos de ciudad civilizada alguna. Y cuando los discursos vigentes del urbanismo para estas áreas están relacionados con la regeneración y revitalización urbanas, que proponen considerar el centro como un mosaico, rico en diversidad, y construir sus nuevas identidades desde el reconocimiento de las diferencias propias de una zona compleja, incluyendo a los actores todos.

En suma, el parque del Milenio necesita hoy día de una recomposición de sus estructuras urbanísticas que lo dote de nuevas funciones urbanas, esto es, una nueva intervención que corrija el equívoco anterior. Y el Bronx, su vecino inmediato, reclama acciones que, como lo señalaba Garzón (2013), resuelvan el problema de fondo: la disolución de economías ilegales que provocan la violencia y el crimen en la ciudad. Apremia, por supuesto, el desafío de la rehabilitación de personas dependientes de sustancias sicoactivas y población marginalizada, así como la atención de menores. Urge, sin duda, el diseño de una intervención urbana revitalizadora de esta zona del centro tradicional, que evite suscitar el alzhéimer urbano. No más  cartuchos en el centro de la ciudad.

[1] Jaramillo, Samuel (2007). “Reflexión sobre las políticas de recuperación del centro (y del centro histórico) de Bogotá”, pp.151-203. En El Financiamiento de los Centros Históricos en América Latina y el Caribe. Carrión, Fernando (ed). Quito: Flacso – Sede Ecuador, pp.480.

[2] Garzón, Juan Carlos (2013). “Seguridad ciudadana en la olla”. Bogotá: Razón pública (http://www.razonpublica.com/index.php/econom-y-sociedad-temas-29/3665-seguridad-ciudadana-en-la-olla.html?highlight=WyJqdWFuIl0=).

[3] Samper, Ximena (2013). “El parque Tercer Milenio aún está en construcción”. Bogotá: El Espectador.

Maria Eugenia Martínez Delgado

Arquitecta, con una larga trayectoria en los asuntos del patrimonio urbano y los centros históricos. Ha incursionado en temas de planeación urbana y regional. Fue directora del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural de Bogotá (2012-2015). Dirigió la primera Maestría en restauración de monumentos del país, en la Universidad Javeriana (1998-2003). Coordinó el Plan Nacional de Centros Históricos (1992-1994), en Colcultura (1992-1994).

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