¿Vale la pena mantener la «descentralización territorial» en Bogotá?

24 junio, 2015 |

Los candidatos a la alcaldía de Bogotá deberían proponer soluciones de fondo a la descentralización territorial

Al tiempo que Bogotá ha aplazado la decisión del metro, entre otras razones por su elevado costo, ha gastado en las localidades de Bogotá desde 1992 una cifra superior a los 10 billones de pesos de hoy y nadie sabe qué impacto se ha logrado en la calidad de vida de los bogotanos con estos recursos.

Los candidatos a la alcaldía de Bogotá deberían proponer soluciones de fondo a la descentralización territorial. Durante los debates de la constituyente de 1991 algunos consideraron que Bogotá debería tener una descentralización interna, propia de la ciudad, e incluso Jaime Castro propuso que se eligiera por voto directo a los alcaldes locales. En ese momento se planteó que la ciudad requería un esquema de descentralización para acercar la administración a la gente, mejorar la prestación de algunos servicios de carácter local y sobre todo para estimular una mayor participación de los ciudadanos en los asuntos públicos. El entusiasmo de las autoridades, sin embargo, no duró mucho, y en el estatuto orgánico de la ciudad se creó un engendro condenado al fracaso.

No existe un solo documento técnico de la alcaldía de Bogotá que muestre los impactos de la descentralización territorial, lo cual es difícil de hacer entre otras cosas porque nunca se definieron servicios precisos a cargo de las localidades

Se trata de un engendro porque se dejó una descentralización a medias y desproporcionada: se eligen los ediles, pero no los alcaldes locales, se otorga personería jurídica a los fondos de desarrollo local pero no a las localidades, se asigna el 10% de los ingresos ordinarios del Distrito para inversión pero no se dota a las alcaldías de estructura y planta de personal propia. Para completar, las autoridades distritales desde la expedición del estatuto orgánico en 1993 no han aprobado un solo acuerdo que establezca con claridad las competencias de las localidades. El modelo de Bogotá no es desconcentración, pero tampoco descentralización territorial, es una especie de descentralización incompleta, una nueva figura en el derecho administrativo. Finalmente, para rematar, a las autoridades de Bogotá poco les interesa la democracia local y el tema de la descentralización ha sido un asunto de cuarta categoría manejado por una oficina de tercera en la secretaría de gobierno.

No existe un solo documento técnico de la alcaldía de Bogotá que muestre los impactos de la descentralización territorial, lo cual es difícil de hacer entre otras cosas porque nunca se definieron servicios precisos a cargo de las localidades. La mayoría de los ciudadanos apenas sabe que existen, no conocen a sus autoridades y no participan en nada y la atención a los temas de convivencia es precaria por no decir desastrosa.

Es conveniente tomar decisiones de fondo: diseñar una verdadera descentralización o dejar simplemente una desconcentración eliminando las Juntas Administradoras Locales. En el primer caso es necesario definir las competencias locales, precisando los servicios por los cuales deben responder ante la ciudadanía, dotar a las alcaldías locales de personería jurídica propia y de una estructura administrativa adecuada a sus competencias y establecer la elección popular de alcaldes. No se trataría de crear municipios, por cuanto las localidades hacen parte de Bogotá y las competencias serían básicamente asuntos locales reglamentados por el Concejo para no afectar las decisiones metropolitanas.

La mayoría de las fuerzas políticas de la ciudad, y probablemente la mayoría de precandidatos y candidatos a la alcaldía mayor, no considera conveniente la descentralización territorial y se opone rotundamente a la elección popular de los alcaldes locales; además, este es un tema que interesa poco a la ciudadanía y a la opinión pública. ¿Por qué no entonces tomar una decisión de fondo y suprimirla? ¿para qué mantener un engendro costoso e inoperante? Sería mejor una desconcentración bien diseñada en vez de mantener la farsa de una descentralización incompleta, que consume casi 600.000 millones al año.

El modelo de Bogotá no es desconcentración, pero tampoco descentralización territorial, es una especie de descentralización incompleta, una nueva figura en el derecho administrativo

Sin embargo, no es fácil hacer estos cambios porque la descentralización de Bogotá, está organizada en la Constitución y la ley. Los habitantes de la ciudad y sus autoridades no tienen autonomía para definir el modelo de organización territorial interna que requieren y qué bueno sería que los precandidatos y candidatos tuvieran un mínimo de dignidad autonómica para reclamar su derecho a decidir sobre su organización interna y  sobre la asignación de los recursos correspondientes.

Alberto Maldonado

Economista de la Universidad Externado de Colombia, Doctor en Gobierno y Administración Pública de la Universidad Complutense. Interesado en temas como administración pública, descentralización territorial, desarrollo regional y urbano y desarrollo institucional. institucional.

Recomendados

Más vistos esta semana

Columnas populares