TEATRO VREVE

29 abril, 2016 |

Dormida/Mujer/Muerta  – Creación original de Víctor Viviescas Una obra que gira en torno a una disfuncional familia cuyas relaciones interpersonales se deterioran luego de que el patriarca de la casa ha sido acusado de asesinar a su asistente. En temporada en Teatro La Calendaria (Calle 12 No. 2-59) del 28 al 30 de abril de 2016

 

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Dormida/Mujer/Muerta – Creación original de Víctor Viviescas

He dejado pasar unos días para  escribir sobre  la más reciente creación de Teatro Vreve, que fue estrenada el 15 de abril en el Teatro Estudio del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, entidad coproductora de este montaje.

En esta puesta en escena podemos hablar de excesos en muchos sentidos. En todo momento se invita al espectador a participar en una experiencia de los límites y con los límites. El lenguaje es desbordado, rico en metáforas, alusiones, conocimientos, expresiones sensibles y profundas, metalenguajes y también presencia de lo coloquial. En especial destaco los extensos monólogos del personaje “La Hija” que si bien es una niña resulta ser el personaje-lenguaje o el personaje-discurso, o quizás es justamente por ser una niña que puede ser el lugar de muchas enunciaciones personales, íntimas, históricas, ecológicas, periodísticas, políticas. En su última aparición, porque la aparición es la forma de ser escénica de este personaje,  “La hija” llega al paroxismo de esa mezcla de emociones y conocimientos para convertirse en una portadora de su propia historia como hija de los más “poderosos” y también encarnar y evocar la muerte violenta de tantas mujeres, así como de tantos desastres mundiales.

Ese es el monólogo final que la actriz encarna (interpreta es un término que se queda corto) sosteniendo una tela de color metálico y muy ligera a la cual se aferra (como si fuera el último retazo de vida) para luchar contra el viento, cuya fuerza es tan devastadora como lo que ella dice. Ella se resiste a morir y lo hace con una palabra herida, con un cuerpo a punto desfallecer. Resiste a la violencia y a la muerte. Esta es una experiencia límite,  en la que palabra y resistencia se hacen una en la imagen y en la encarnación de una lucha.

Hay un entrecruzamiento de los géneros teatrales que también produce sus excesos. Los “poderosos” están en el registro escénico de la farsa y la parodia con tintes de melodrama. Los subalternos (guardaespaldas, matones, etc) se acercan a una gestualidad animal, carnavalesca. Otros invitados (familiares de un poeta laureado amante de la esposa de “El”) usan las máscaras y desde ese lugar desenmascaran la farsa de los poderosos. Uno de los pilares de la obra es su  dimensión cómica. Sin embargo en la función a la que asistí tuve la impresión de que ante este exceso de recursos paródicos el público no descifraba todos los códigos y no reaccionaba ante la comicidad propuesta. O quizás el público no logra reír tan cómodamente porque queda atrapado en otra emoción límite, la de la farsa extrema que lleva a tocar el límite de una violencia descarnada.

Captura de pantalla 2016-04-29 a las 10.02.43 a.m.Captura de pantalla 2016-04-29 a las 10.02.35 a.m.Captura de pantalla 2016-04-29 a las 10.02.17 a.m.Fotografía: Carlos Lema

El montaje de las escenas de los “poderosos” (del personaje de “El” y su familia, de “él “ y las extrañas amantes rusas, de “él y sus subalternos) da como resultado una ilustración colorida, histriónica y exhuberante de lo “decadente”, de lo “patético” y de lo “violento” que emana desde los antros del poder y la tiranía. Unos cuadros muy grotescos y unas  líneas narrativas que generan una intriga elemental. Todo lo que sucede con la mujer-dormida-muerta que aparece como una maja vestida de rojo sobre un sofá verde chillón interesa al espectador desde el primer momento.  Una amante rusa de un tirano criollo o de un mafioso de estas latitudes, que está muerta o dormida. Está muerta. Sólo que el sueño y la muerte se asemejan. Y las muertes de los poderosos no se cuestionan.

Las líneas narrativas también se ramifican de una manera caprichosa y entonces se salen de un marco realista. La mujer dormida tiene una gemela que viaja desde la estepa y viene a ocupar su lugar y su aparición es inexplicable. Son Irina y Karina. La madre de origen humilde (lavandera de ropa que engendró al hijo tirano) es un remedo de un personaje de telenovela barata y a la par una madre pobre que por momentos habla como intelectual y puede enunciar y denunciar al monstruo y profetizar su caída. La esposa de “El” es un híbrido con rasgos  de nobleza de cuna, doctorada en Heidegger y banalidad pura. La metáfora de la evasión y el artificio en todas sus formas. Y así podría hacerse el análisis de todos los personajes, a excepción del de “La Hija” que, si bien hace parte de la farsa, es la que se separa de ella para ser un personaje-lenguaje.

“El” al que hemos definido como el “poderoso”, el “mafioso”, el “tirano”  es el centro de gravedad de toda la pieza y sin embargo, en mi opinión,  le falta algo.   Es el personaje más esquemático y construido sobre el cliché de lo que es un mafioso.  Y no estoy diciendo que no funcione bien su rol, como tal. Los clichés son una buena herramienta. Encuentro que hace falta un elemento diferenciador, una distancia frente a ese mundo del exceso paródico, que podría estar en ese personaje del poderoso, como un observador más frío y calculador ante su reino en decadencia. Me atrevo a hacer esta reflexión porque justamente en esta obra construida sobre el exceso hace falta lo opuesto: la carencia, lo directo, lo escueto.

Captura de pantalla 2016-04-29 a las 10.02.17 a.m.La pieza está hecha sobre citaciones históricas, literarias, periodísticas unas directas otras sugeridas. Un par de gemelas rusas sacadas de la literatura de ese país, amigas de Anton Chéjov. Un discurso del tirano escrito por Karina como declaración del poder de Occidente. Hechos históricos, víctimas de nuestro país y de muchos otros del mundo contemporáneo, desastres ecológicos, masacres, todo un torrente que va adquiriendo poder de denuncia. Imágenes en video que juegan con los opuestos: los lugares del poder y los poderosos y la violencia más extrema en todas sus formas.

Hay una tensión que se va construyendo en el montaje: entre el adentro cada vez más blindado del poderoso y el afuera amenazante de los violentados. Ese afuera alcanza las alcantarillas del lugar central y el ritmo de la obra se vuelve frenético.  Hay más muertos que esconder y el derrumbe está cerca. En el video se suceden más imágenes y cuando la acción cesa, aparece “La hija” para convertirse en la viva acción, imagen y palabra de  la “resistencia”. No logra resistir. Pero sus palabras son lo último que oímos y éstas siguen resonando en la oscuridad antes del aplauso.

El exceso es una opción artística para el dramaturgo y director de escena Víctor Viviescas. Una elección que admiro y respeto. Como en todo camino hay riesgos y uno de ellos es que el espectador sienta que el exceso lo sobrepasa y se declare rendido porque no logra asimilar todo lo que este tipo de montajes propone. Lo que me produce admiración es esa capacidad de componer una obra con tanto y tan rico material, con tantas citaciones y referencias históricas, y con tanta teatralidad. Una obra que nos invita a estar más allá de nuestros límites: los de la duración, los de la narrativa, los de los sentidos y significados  y los de una comprensión más inmediata de la experiencia teatral. Y al ir más allá de ciertos límites entramos en el territorio de una gran ficción que está atravesada por trazos y rasgos de realidad y desde el efecto de simultaneidad percibimos que la realidad es en verdad grotesca, farsesca y violenta.

Felicito a todo el grupo porque los retos del montaje también fueron para ellos, un ir más allá de ciertos límites de la interpretación.

Adela Donadio

Estudio Filosofía y Letras y realizó una Especialización en Literatura Hispanoamericana. Es gestora cultural, directora de teatro y profesora. De su trayectoria profesional como gestora se destaca el largo período de vinculación al Teatro Nacional y al Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá de 1996 al 2011. Dirigió La Casa del Teatro Nacional, La Escuela de teatro y todos los proyectos artísticos y pedagógicos de esta sala. Hasta el 2009 fue la Subdirectora Artística del FITB, en el campo de la curaduría, proyectos de coproducciones internacionales, eventos académcios, contratación e impresos. Del 2012 al 2014 tuvo el cargo de Subdirectora de los Equipamientos Culturales del Idartes; la gestión, programación y proyección de los escenarios públicos de Bogota . Ha dirigido obras de autores colombianos, argentinos, alemanes contemporáneos y textos clásicos. Actualmente es profesora de la Universidad Javeriana.

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