Si el alcalde fuera yo

20 agosto, 2015 |

A poco menos de tres meses para que los bogotanos salgamos a decidir el rumbo de nuestra ciudad, eligiendo un nuevo Alcalde Mayor y de ahí para abajo todos los cargos de representación que estipula la ley, se me vino a la mente un juego muy común en edades tempranas.

Esas edades en las que el sueño es ser astronauta, o en donde los juegos con los primos se centran en simular roles profesionales. Y es que es este último en mención en el que me quiero centrar.

Posiblemente usted estará pensando cómo se puede relacionar esto con Bogotá o, más aún, con la forma en la que imagino mi ciudad. Pues bien, es muy sencillo. Partiendo de este juego he decidido pensar como Alcalde Mayor y, en dos puntos, resumiré lo que este humilde servidor, que habla desde la perspectiva de un bogotano de pura cepa que está viendo lo mal que va la ciudad, hablaría en el discurso de posesión. Nada de movilidad, seguridad o empleo, porque realmente me hace falta estudiar muchísimo para plantearle soluciones a la problemática y no soy ni experto en movilidad ni magister en urbanismo. Sencillamente son dos puntos, de muchos de los que podría escribir, que me cuestiono cada vez que paso por el puente de la NQS, cada vez que veo al mismo señor de edad en la intersección de la 127 con 7ma pidiendo limosna o cada vez que cojo la autopista un sábado.

¿Cuándo será el día que entendamos que usted y yo tenemos el mismo derecho de ver una ciudad limpia y que, por una simple cuestión de respeto, no me apodero de un bien?

1.

Nunca he logrado concebir por qué un bogotano, como usted y como yo, opta por tirarse un bien público pegando carteles de avisos de conciertos o con grafitis que denotan el mayor grado de amor por una persona. Sí, esos grafitis que dicen “Te Amo mi Prinzesa” o cosas por el estilo, sin siquiera percatarse de cómo se escribe en español. Y es que si usted decide fijarse bien en los muros o en los puentes bogotanos, no hay siquiera uno que no tenga algo pegado, algo pintado, algo dibujado. Además de ser una cuestión antihigiénica, denotando suciedad y falta de una reglamentación severa, lo que más me cuestiono de esta situación es la forma en la que se entiende lo público. ¿Cuándo será el día que lo público lo entendamos como lo que es de todos y no como lo que no es de nadie? ¿Cuándo será el día en que entendamos que el puente de la 106 no me pertenece y que no puedo escribir cuanta barbaridad se me viene a la cabeza en un momento de desamor? ¿Cuándo será el día que entendamos que usted y yo tenemos el mismo derecho de ver una ciudad limpia y que, por una simple cuestión de respeto, no me apodero de un bien? Y aunque no soy absolutamente nadie para entrar a educar a aquellos que deciden pegar publicidad en el espacio público o de aquellos que deciden tirar el carro hasta la línea de la cebra más cercana al semáforo, sí soy un bogotano que ve, con mayor preocupación cada vez, cómo la suciedad visual y el desorden se apoderan de la capital de un país al que llegan centenares de extranjeros mensualmente.

¿Creemos que va a haber paz en un lugar en el que, todos bajo la legalidad, consideramos tener la razón y ser superiores al otro?

 

2.

Creo que el peor mal que tenemos los bogotanos es que todos nos creemos superiores al del lado que, a su vez, se cree mayor que yo y que el del lado de él. Y así sucesivamente. Es una cadena de superioridad que no tiene fin, porque todos creemos ser la cúspide. Y es que esto queda más que demostrado en acciones que son comunes en nuestra sociedad egoísta, como el hecho de tirarle el carro al del lado para que no pase, de pitar sin pudor alguno apenas cambie el semáforo o de tirar la basura por la ventana porque alguien inferior a mí lo recogerá. Es una sociedad que, sola, se odia. Y, acá, me surgen varias preguntas concretas. ¿Le tiraría el carro al del lado, incluso sabiendo que es su mamá la que está manejando? ¿Botaría la basura si supiera que es su hijo quien la debe recoger? ¿Pitaría sin control, incluso sabiendo que es alguien que está aprendiendo a manejar, tal y como usted lo tuvo que haber hecho algún día? Acá no pretendo que la sociedad bogotana se convierta en un alma caritativa que le diga “sí” a todo. Simplemente pretendo demostrar, con ejemplos tan cotidianos, el nivel de odio y de egoísmo en el que nos encontramos. ¿Creemos que va a haber paz en un lugar en el que, todos bajo la legalidad, consideramos tener la razón y ser superiores al otro?

Para concluir mí discurso de posesión, y como se hace habitualmente, le daría las gracias a las personas más cercanas y a todo aquel que me haya ayudado durante la campaña, dejando claro que no hago favores políticos y que todavía creo en los equipos de altísimas calidades para gobernar. Pero, sobre todo, agradecería el hecho de haber nacido en una ciudad como Bogotá que, a pesar de todos los problemas que tiene actualmente, siempre aparece con algo especial que sorprende.

~ ~ ~

DEL DICHO AL HECHO: En cada una de las columnas que escriba para Imagina Bogotá, a quien le doy las gracias por invitarme a este espacio, terminaré con el apoyo a alguna de las propuestas de los candidatos a la Alcaldía, y que pueda suscitar alguna discusión entre los lectores. Y el primero de ellos se centra en que estoy completamente de acuerdo con la propuesta de Enrique Peñalosa de recuperar la navegabilidad del río Bogotá para que se convierta en un eje de desarrollo.  

@Boniventos

Santiago Bonivento

Joven bogotano. Estudiante de Derecho en la Pontificia Universidad Javeriana (2015). Expresidente del Consejo Estudiantil del Gimnasio La Montaña (2013- 2015). Fundador de la Alianza Consejo de Consejos de Bogotá (2014 – 2015). Miembro del equipo organizador de TEDxYouth@GLM (2014) y de la Junta Directiva de Congreso Joven (2015). Ponente en el IX Encuentro Nacional de Líderes Estudiantiles (2014). Fiel convencido de la unión para transformar y del actuar para trascender. También escribe en KienyKe @boniventos

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