¿Qué dice la Bogotá Mejor?

27 agosto, 2016 |

 

Yo también me estoy acordando, con esta encendida polémica sobre educar en la diversidad, de mis épocas de colegio. En aquel entonces, no existía la palabra matoneo, ni mucho menos la agringada bullying, pero sí la discriminacion, tanto explícita como tácita. Existía la vergüenza que nos inoculaba el cura profesor de religión,  a quien años después descubrimos en los medios como encubridor de las prácticas pedófilas de un tal cura Rozo. Existía el obligado silencio sobre nuestra orientación sexual.

También, la burla permanente de algunos compañeros de clase, quienes nos necesitaban para afirmar su macho interior modelado con paciencia por generaciones de padres maltratadores. Uno de esos machos fue el primero en intentar tener sexo conmigo, claro, en la clandestinidad. Otro de esos machos, más maduro, es ahora el novio de uno de mis compañeros de bachillerato: Uno que, al fin, salió del closet. 

Existía la mirada indiferente del cuerpo docente de esta escuela de élite, que hacía la vista gorda frente a la presión discriminatoria que ejercían esos compañeros de aula sobre el grupo de loquitas en cada uno de los grados, desde la primaria hasta el bachillerato.

Todo eso nos hizo quienes somos ahora. En ese entonces, la defensa era estar juntos y sobresalir por otras cosas: rendimiento académico, deportes, coro, grupo de teatro, grupo de apostolado, disciplina, etc. Ante la intolerancia, muchos nos volvimos demasiado buenas personas.

Ante la burla, algunos dimos respeto y, ante la duda de la familia, excelentes calificaciones. Otros, con menos suerte, se fueron de los colegios. Se deprimieron. Se marginaron. No puedo decir que a algún conocido de mi generación le haya ocurrido lo mismo que a Sergio Urrego, pero seguro muchos pensamos alguna vez que no deberíamos vivir.

Eso era lo que nos decían todos. Que está mal ser maricón. Que es pecado. Que es contagioso.

Ahora, estamos en un país un poco más avanzado. Donde hay políticas de equidad y leyes anti discriminación. Sin embargo, en esta nación que ha visto realizar importantes conquistas, vemos hoy el resurgimiento de posturas retardatarias. Marchas en contra de la igualdad con consignas de odio: mejor un hijo muerto que marica. Críticas a la Ministra de Educación diciendo que fue violada y le gustó. Produce gran tristeza ver a dirigentes políticos avalando semejantes despropósitos.

Y hoy ante la tristeza, ante la indignación por la ola de afirmaciones temerarias en contra de nuestra vida,  a la que llaman, de forma irresponsable, “ideología de género”, reaccionamos con argumentos distintos. En lo personal, ya no quiero ser mejor nadie.

Quiero tener oportunidades para ejercer mis derechos. Y que las demás personas también las tengan. Pero ya no voy a esconder mi rabia tras una sonrisa. Ahora la expreso. Y la expreso en forma de una pregunta directa y concisa, para el gobierno de la ciudad.

Ante esta arremetida de discriminación, ¿qué hace la Bogotá Mejor para todos?

La ciudadanía merece una respuesta  clara desde todos sus estamentos; en especial desde la Secretaría de Educación Distrital, la de Integración Social y el Despacho del Alcalde Mayor.

No crean que por tener la Subdirección de Asuntos LGBT y la Dirección de Diversidad Sexual, a las cuales la actual administración ha reducido el presupuesto de forma abrupta, ya están cumpliendo.

Es el deber de este gobierno informar qué ha hecho para cumplir la sentencia de la Corte con respecto a la educación en la diversidad y qué acciones de protección se tomarán frente a la desinformación que lideran los seguidores del Procurador y de la Senadora Morales.

Ya pasó el tiempo en que los excluidos nos volvíamos mejores personas, por pura ira. Ahora es cuando exigimos de forma contundente la garantía de nuestros derechos. Que se pronuncie el “Doctor” Peñalosa.