¿Por qué no votar por un dibujo animado?

3 octubre, 2015 |

 

IMAGINA BOGOTA baner elecciones

En 2014, Colombia y su memoria de borracho enlagunado elegían quién sería el próximo en ocupar el despacho presidencial. En medio de todas las babosadas que el elector promedio debe aguantar por parte de quienes manipulan su opinión, uno de los medios de comunicación que ahora ponderan a Peñalosa como el nuevo mesías en bicicleta decidió preguntarles a los aspirantes cuál era la grosería que más pronunciaban y cuál era su frase favorita. Con respecto a la frase favorita (porque ninguno decía groserías), el doctor Peñalosa respondió que la suya era una frase de la película de Disney El rey león. “Hakuna Matata”, dijo con su tonito del norte de Bogotá y con una herida en la frente que se hizo al golpearse contra una puerta. Luego explicó que esa frase, su frase, significaba “Cero problema. Tranquilo, hermano. Ningún problema”.

Hace un tiempo algunos peñalosistas empezaron a compartir un video con el que esperaban convencer al resto de la gente de votar por su candidato. “Homenaje al mejor alcalde que ha tenido mi ciudad” es el nombre del video. Mientras otros políticos apelan a las clásicas sonrisas falsas, el fraude y a los comerciales en los que miran con simpatía hacia el lente de la cámara, el equipo de Peñalosa optó por perratearse los trilladísimos vídeos al estilo de Magic Markers para exponer la conmovedora biografía de su candidato en dibujos animados. En este punto es imposible preguntarse quiénes, qué clase de gente, son los amigos de Peñalosa.

Pensar que todos los ancianos y los reaccionarios cuarentones van a votar por Kike (o por Pachito) no es nada raro. Un candidato gomelo con saquito de lana y la barba corta (sin peligro de parecer comunista) cae bastante bien en una ciudad de tradición arribista como Bogotá que confunde a la “gente bien” con la “gente de bien”. Pensar en que hay adultos jóvenes peñalosistas es un poco más exótico si se piensa que para la época en la que Peñalosa fue alcalde bordeaban los quince años de edad. Si se los oye, pareciera que a los quince años hubieran entendido cómo debe funcionar una ciudad. Hablan como si tuvieran conocimientos profundos sobre el tema; ahora son adultos y dan cátedra de cultura política y uno tiende a olvidarse de que fueron convencidos, en parte, por un dibujo animado. Una generación de niños bien que creció viendo Cartoon Network no debería tener nada en contra de alguien cuya frase de combate es (o era) “Hakuna Matata”.

En la biografía animada de Peñalosa, el pequeño Enrique aparece como un niño con barba al que matoneaban por lo que hacía su papá en el Incoder y en el Ministerio de Agricultura. Aunque el dibujo animado dice que el padre de Kike se fue porque los terratenientes (que ahora sí toleran a su hijo) no toleraban su heroica labor. Lo cierto es que su salida tuvo que ver más con la corrupción que con la repartición de tierras. Eso, por supuesto, no lo dice el dibujo animado. Lo que sí dice es que, al irse del país, Enrique fue a Estados Unidos donde conoció la pobreza que no había conocido en Colombia y luego, entre otras proezas, se fue a París para entender allá que debía volver a Colombia a convertir a Bogotá en una ciudad a la que cualquier gringo quisiera venir, o en la que cualquier colombiano que se sienta gringo pudiera vivir sin sentirse en el tercer mundo.

Si uno se pone en la tarea de revisar la prensa de la época de la alcaldía de Kike, es difícil encontrar a alguien que hablara bien de quien ahora todos hablan bien. Si calificativos como “arrogante” recuerdan lo que la prensa ha dicho de otros alcaldes, hay que darse una vuelta por los archivos de los principales medios. Los huecos de las calles, los desalojos de los vendedores ambulantes, extrañas contrataciones en las que se pagaron cerca de 45.000 pesos de la época por cada bolardo o las polémicas por el pico y placa eran el pan de cada día. De repente, como por arte de magia, el doctor Peñalosa reaparece (otra vez), ahora con el lema “Recuperemos a Bogotá” y con la conciencia limpia, como siempre.

Como lo de las lozas de la avenida Caracas no aparece en el dibujo animado, habrá que suponer que es un tema poco importante que ni le quita ni le pone a la imagen de un candidato como Enrique.

En el delirio de comparar a Bogotá con las ciudades en las que sueñan vivir los peñalosistas que no se han ido del país, ninguno ha dicho nunca que cualquier ciudad del mundo es un caos. Cuenta la leyenda que Peñalosa hizo el Transmilenio, una de las maravillas del mundo, y que en poco tiempo los políticos de izquierda acabaron con él dejándonos donde estamos. Como lo de las lozas de la avenida Caracas no aparece en el dibujo animado, habrá que suponer que es un tema poco importante que ni le quita ni le pone a la imagen de un candidato como Enrique.

Cabe aclarar que lo de las lozas no es lo único que no aparece en su biografía. En la caricatura tampoco se responde por qué la alcaldía de Enriquito mandó a hacer miles de calcomanías para el pico y placa si con el número de la matrícula se podía saber qué carros estaban en restricción.

Mucho se ha escrito y vociferado sobre lo malo que hizo Peñalosa durante su alcaldía, pero, como pasa con su camarada Álvaro, a ninguno de sus electores parece importarle. Si la política colombiana tiene una característica es precisamente la de contar con unos electores cuyo voto no cambia con ningún argumento o razón y otros que no sabe la diferencia entre la izquierda y la derecha, que no saben quiénes quieren mantener las empresas públicas o quiénes quieren feriarlas, y van por la vida hablando bien del candidato que más se parezca a sus familiares, es decir, alguien “bien”, que en Colombia es sinónimo de honestidad porque hay que dejar claro que los ricos no roban.

¿Alguien ha oído a Peñalosa decir algo inteligente alguna vez? Tal vez su esposa. Sólo en Colombia puede liderar las encuestas un candidato que no debate y que se juega la carta de la manipulación mediática para ganar una elección. Como a nadie le importa quiénes son los dueños de los medios de comunicación ni de las firmas de encuestas ni cuáles son sus amigos, hay quienes piensan que deben votar por el que va ganando siendo fieles al oportunismo que caracteriza a un pueblo en el que los candidatos pasan de un lado a otro con tal de engañar a la gente, de venderse como se vende el detergente o el papel higiénico.

Ver que los comerciantes y la “gente bien” están con Peñalosa y desean “recuperar a Bogotá” (como si tuviera que ser de ellos y no de todos), uno se pregunta cómo es que los mismos que tanto se quejaban porque los bolardos dañaban el comercio y porque el pico y placa les afectaba las ventas, ahora dicen que Peñalosa es una especie de genio urbanista llegado directamente del futuro a salvarnos y que fue Petro el inventor de todos su males.

De repente los que no montan en Transmilenio lo defienden, los que no montan en bicicleta defienden la de Peñalosa pero atacan la de Petro. Lo triste de todo esto es que no hay razón que valga para bajar a alguien del bus articulado de Kike.

Aunque muchos tienen miedo de que gane Peñalosa, o en su defecto Pardo, o en su defecto Pachito, que no son muy diferentes aunque cambie el color de la corbata o del saco de cachemir, hay que pensar que la publicidad se hace para vender cosas que no se están vendiendo bien. Si toda la maquinaria mediática insiste en meter a Peñalosa hasta en la sopa es porque hay un sector de la sociedad bogotana que está asustado porque sabe que Bogotá no quiere que la recuperen los mismos políticos con cara de enteleridos que fingen no matar una mosca, pero que tranzan con los mismos contratistas y los mismos corruptos que han tranzado todos, porque el único poder que tiene un alcalde es el de contratar. ¿Y cómo es que se roba el presupuesto? Que lo diga otro dibujo animado.

De repente los que no montan en Transmilenio lo defienden, los que no montan en bicicleta defienden la de Peñalosa pero atacan la de Petro. Lo triste de todo esto es que no hay razón que valga para bajar a alguien del bus articulado de Kike. Con él, como con Uribe, están quienes no entienden de argumentos, los ingenuos, los que se dejan convencer de un dibujo animado de que todo va a estar bien porque sí y de que un alcalde que en su momento salió con más del 70% de desaprobación va a hacerles el milagrito de mantener su Bogotá estratificada, hostil y segura, como les gusta. Otra de las frases que utilizó Kike en una de sus campañas fue “Por la Bogotá que soñamos”. Lo que nadie notó es que para soñar sólo hace falta estar dormidos. No queda más que decir que “Hakuna Matata”. La democracia colombiana es un dibujo animado.

 

 

César Jaramillo

Kamikaze audiovisual con perversa inclinación hacia las letras y el insulto. Paranoico, místico de supermercado, políticamente inaceptable conspiracionista de restaurante chino, ocultista de parque infantil y desilusionista profesional. Dirige el programa Los Enigmas.net en HPe Radio donde plantea "enigmas" sobre los políticos.

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