Patrimonio cultural y reforzamiento estructural en arquitectura de tierra cruda

13 septiembre, 2016 |

Aunque no se conoce con exactitud su número, en Colombia son múltiples las construcciones elaboradas con tierra que, a su vez, son de valor patrimonial. Su intervención debe cumplir el Reglamento de construcción sismo resistente, conocido como Norma de sismo resistencia – NSR10. El problema es que esta norma no considera la tierra como material de construcción y menos los sistemas constructivos que la utilizan.

A propósito de las opciones de utilización del Hospital San Juan de Dios, se explican alternativas para el reforzamiento estructural de edificaciones de interés cultural en tierra cruda, que podrían disminuir costos totales de restauración

Se trasladan, entonces, exigencias propias de estructuras elásticas a aquellas cuya técnica constructiva se basa en la tapia pisada, el adobe y el bahareque, que son inelásticas. Se ha pretendido incluso cambiar el comportamiento estructural de inmuebles patrimoniales de primer orden, mediante la inclusión forzada del concreto. Con ello se está afectando la conformación del espacio, el valor y hasta la estabilidad de bienes culturales, con costos exagerados que ponen en riesgo la conservación del patrimonio cultural, porque los propietarios prefieren demoler que reforzar o también, porque si se refuerza no alcanza el dinero para la restauración u otras formas de reutilización de la arquitectura. Si reforzar cuesta más que hacer nuevo, es necesario verificar si falla la norma o falla su interpretación.

Ante esta situación y con el propósito de contribuir desde Bogotá a la solución de tan delicado problema, durante el gobierno de Gustavo Petro se contrató a la Asociación de Ingeniería Sísmica –AIS- para el desarrollo de una investigación que soportara adecuadamente las discusiones y propuestas normativas en la materia. Esta se dividió en dos fases: la primera, arquitectura de adobe y tapia pisada (tierra cruda) y la segunda, arquitectura de ladrillo (tierra cocida). La investigación no incorporó el bahareque como material de estudio, porque su uso no es generalizado en Bogotá, pero si consideró trabajos anteriores de la Corporación la Candelaria con la misma AIS y la Universidad de los Andes, de la Universidad Javeriana y la Escuela Colombiana de Ingeniería.

El primer paso fue el examen de múltiples trámites adelantados ante la oficina de Patrimonio Cultural. Luego se procedió al diseño de los especímenes de laboratorio, los cuales debían reproducir características reales. Maestros y obreros de la construcción, provenientes de Barichara, con la ayuda de la Escuela Taller de Bogotá, construyeron modelos de tierra cruda, de gran tamaño, en el Laboratorio de Estructuras de la Universidad de los Andes, el mejor del país en las pruebas exigidas en la investigación. Los muros y esquinas de casas fueron sometidos a ensayos que simulaban sismos, en mesa vibratoria y muro de reacción, con la presencia del director del Laboratorio, docentes y estudiantes de pregrado y maestría, quienes participaron activamente de este proyecto.

La investigación de adobe y tapia pisada, concluyó en diciembre de 2015. La de mampostería de ladrillo (tierra cocida) quedó financiada parcialmente y contratados varios de sus componentes. Aquí apenas se presenta un abrebocas de las conclusiones de la fase finalizada por la Asociación de Ingeniería Sísmica.

El sistema constructivo, adobe o tapia pisada, y los detalles del procedimiento constructivo, aparejos (o trabas del adobe) y tamaño del tapial, inciden considerablemente en el desempeño estructural del inmueble; sin embargo, los equipos de ingenieros que analizan problemas de sismo-resistencia no los están teniendo en cuenta. Tampoco verifican los cambios del material ni de los sistemas constructivos.

Los análisis desde la ingeniería asumen cada inmueble como un elemento aislado y desconocen que, por lo general, hacen parte de conjuntos estructurales más amplios. Toman como base del análisis solo el levantamiento arquitectónico y el plano catastral, que refleja una realidad jurídica, la de los límites de la propiedad inmobiliaria definida por la mitad del muro medianero

Los análisis desde la ingeniería asumen cada inmueble como un elemento aislado y desconocen que, por lo general, hacen parte de conjuntos estructurales más amplios. Toman como base del análisis solo el levantamiento arquitectónico y el plano catastral, que refleja una realidad jurídica, la de los límites de la propiedad inmobiliaria definida por la mitad del muro medianero. Se desconoce que muchas veces muros perpendiculares externos cumplen el papel de riostras (travesaños que ayudan a sostener la edificación) o también que, como ocurre en el centro histórico de Bogotá, los muros medianeros miden generalmente 60 centímetros y, por lo tanto, al considerar solo 30 centímetros se generan distorsiones en la propuesta de reforzamiento, que llevan a proyectar intervenciones más invasivas y más costosas. Son necesarios, en consecuencia, estudios morfológicos de manzana para identificar el conjunto que define las condiciones estructurales.

Los ensayos de laboratorio (muro de reacción) de especímenes de adobe y tapia pisada, sin reforzamiento, y con aplicación de carga cíclica paralela al plano, mostraron que la capacidad de carga y deformación es diferente. Cuando estos mismos muros se reforzaron con entramado en madera y tensores, para igual tipo de prueba, mostraron un aumento de su capacidad de carga y deformación también diferente. Sin embargo, los equipos ingenieriles consideran que ambos soportes están hechos de tierra y se comportan estructuralmente de igual manera.

Las pruebas evidenciaron que la construcción de una viga perimetral para anclar la cimentación tiene incidencia muy reducida en la mejora del comportamiento de la estructura. Esta es una acción costosa y de riesgo, cuya eliminación favorecería de manera considerable los procesos de reforzamiento y, sobretodo, el bolsillo de quien los paga. Después de los ensayos de laboratorio, se puede afirmar que funciona mejor que el concreto la madera estructural con tensores, ubicada estratégicamente en los costados de vanos y puertas donde, por supuesto, es más frágil el sistema constructivo original. Y, claro está, a lo largo de los muros, construyendo una especie de caja de madera que contenga la estructura de los muros de tierra. Esta caja exige regatas (incisiones), para acomodar la madera, que se traduce en intervención de la estructura de los muros, pero, en todo caso, de tamaño menor que las exigidas para el concreto.

La investigación mencionada deja un camino trazado en la solución de uno de los problemas más gruesos que afrontan los inmuebles que constituyen el patrimonio cultural y, por ello mismo, amerita ser continuada para que, sumada a esfuerzos del nivel nacional, produzca una norma adecuada a las características y comportamiento estructural de la arquitectura patrimonial construida en tierra. Los esfuerzos deben dirigirse a disminuir su vulnerabilidad a los sismos y no a cambiar su comportamiento estructural.

Los esfuerzos en el tratamiento de los inmuebles patrimoniales deben dirigirse a disminuir su vulnerabilidad a los sismos y no a cambiar su comportamiento estructural

Es pertinente añadir que, de lograrse la incorporación de las conclusiones y recomendaciones de esta investigación a la NSR10, se verán favorecidos proyectos del centro tradicional tan destacados como la recuperación del Complejo Hospitalario San Juan de Dios, el Hospital Santa Clara y otras tipologías funcionales del patrimonio cultural, por cuanto los reforzamientos estructurales podrían costar menos que ahora. Por supuesto, el enorme y oneroso reforzamiento de las estructuras antiguas que debe hacer la Universidad de los Andes tanto como el trabajo de revitalización de la Candelaria y sus alrededores tienen aquí un insumo significativo para que estos procesos lleguen a costos más racionales.

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Maria Eugenia Martínez Delgado

Arquitecta, con una larga trayectoria en los asuntos del patrimonio urbano y los centros históricos. Ha incursionado en temas de planeación urbana y regional. Fue directora del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural de Bogotá (2012-2015). Dirigió la primera Maestría en restauración de monumentos del país, en la Universidad Javeriana (1998-2003). Coordinó el Plan Nacional de Centros Históricos (1992-1994), en Colcultura (1992-1994).

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