Patrimonio cultural y Plan de Desarrollo

14 marzo, 2016 |

Un examen a los diagnósticos y propuestas del Anteproyecto del “Plan de Desarrollo Bogotá mejor para todos”, entregado para el análisis del Consejo Territorial de Planeación, permite afirmar que el patrimonio cultural es prácticamente inexistente en esta carta de navegación del gobierno de la ciudad para los próximos cuatro años. En el documento se encuentra apenas un listado de buenas intenciones, sin estructura clara, que evidencia un regreso a las políticas dominantemente culturalistas del tema.

El patrimonio cultural constituye la memoria de la historia de la ciudad y el referente de identidad de la sociedad, y su recuperación es una oportunidad de mejoramiento y re-significación de esa historia y esa identidad. El principal ejemplo es el Centro Tradicional, que es un patrimonio común y un recurso para la democratización; es el punto geográfico de articulación entre el norte y el sur y, en consecuencia, revitalizarlo es aportar a la integración de la ciudad toda. Por esto es importante mantenerlo vivo, habitable, seguro y aprovechar el potencial de inversión en grandes proyectos, como el de la recuperación del Hospital San Juan de Dios, para el logro de re-equilibrios urbanos.

El patrimonio cultural constituye la memoria de la historia de la ciudad y el referente de identidad de la sociedad.

En el país hay avances importantes en relación con la comprensión de lo que es patrimonio cultural y cómo se valora. Inicialmente estuvo en el centro del problema “el monumento”, hecho individual y meramente físico, luego la visión se amplió a  la valoración de centros y sectores urbanos, hasta llegar a una mirada abarcadora de “la ciudad como bien cultural” y extenderse a las expresiones de la arquitectura popular y de lugares con significación especial, histórica y social.  Lo  histórico se asume, entonces, no sólo como pasado sino también como proceso en construcción  y el patrimonio arquitectónico y urbano como elemento esencial de la construcción de la ciudad contemporánea.

El Plan de Revitalización del Centro Tradicional de Bogotá, desarrollado entre junio de 2012 y diciembre de 2015 recoge esta evolución y propone el concepto de paisaje urbano histórico, que remite a una relación equilibrada y sostenible entre el medio construido y el medio natural, al igual que entre la satisfacción de las necesidades de las generaciones presentes y futuras y la preservación de la herencia del pasado. Este concepto facilita el trabajo de articulación de los diversos patrimonios teniendo como eje una visión sistémica del patrimonio cultural. Adicionalmente, el Laboratorio Urbano constituido para este Plan de Revitalización demostró que el enfoque de proyecto urbano permite hacer más con menos recursos, a la vez que superar la perspectiva tradicional exclusivamente culturalista, restrictiva y de trámite.

Al hablar de culturalismo nos referimos a la consideración aislada de los bienes culturales tanto de su espacio físico como de su contexto histórico y social, visión que excluye el sistema territorial en el cual se insertan y que desconoce la doble connotación del patrimonio cultural: como objeto de cultura y como componente del ordenamiento y la planificación de un territorio complejo. La falta de comprensión de su naturaleza conduce a propuestas que no logran articularse con otros sistemas territoriales y no consiguen tampoco transformar las realidades de este patrimonio.

El  “Plan de Desarrollo Bogotá Mejor para todos” nos ofrece como objetivo alcanzar la felicidad individual y la recuperación de la autoestima ciudadana.

En la ciudad construida están presentes distintas dinámicas: la densificación, la regeneración y revitalización de zonas en declive, la protección del patrimonio y el mejoramiento de barrios y viviendas. Todos esos procesos demandan políticas, estrategias  e inversiones públicas articuladas, que incluyan la dimensión social y que asuman la diversidad y complejidad de la realidad urbana. En 1995 cuando se empezaron a formular los planes de desarrollo, o en el año 2000 cuando se formularon los primeros planes de ordenamiento territorial, se podía ignorar la posibilidad que ofrece el patrimonio cultural a la intervención transformadora de los territorios y a la integración socio-espacial, pero en el año 2016 no es posible desconocer estos desafíos urbanísticos.

El proyecto de “Plan de Desarrollo Bogotá Mejor para todos” nos ofrece como objetivo central alcanzar la felicidad individual y la recuperación de la autoestima ciudadana, la “última oportunidad” para transformar la dinámica de crecimiento de Bogotá y para incrementar el bienestar. Se propone como visión para el 5º Centenario: “[…] Bogotá se habrá consolidado como referente internacional de ciudad creativa, incluyente, sostenible en donde sus habitantes alcanzan el desarrollo pleno de su potencial humano y constituyen una ciudad feliz […]”. (p.22).

Para lograr esos objetivos, este Plan se apoya en tres pilares: Igualdad en calidad de vida, Democracia Urbana y Construcción de Comunidad y cuatro estrategias transversales: Nuevo ordenamiento territorial; Calidad de vida urbana que promueve el desarrollo económico basado en el conocimiento; Sostenibilidad ambiental basada en la eficiencia energética y el crecimiento compacto de la ciudad; y Gobierno legítimo, eficiente en lo administrativo y fortalecido en lo local, que presta servicios de calidad al menor costo y en forma equitativa. (p. 16).

El Plan se apoya en tres pilares: Igualdad en calidad de vida, Democracia Urbana y Construcción de Comunidad.

No parece prudente detenernos a cuestionar el simplismo en el concepto de felicidad que aquí se plantea y más bien examinamos la propuesta de cultura inserta en los tres pilares mencionados, tanto en las estrategias como en las metas de resultado, para concluir que el panorama del patrimonio cultural es verdaderamente desalentador. En cuatro párrafos inconexos, éste se concibe como un problema de estímulos, de fortalecimiento de la infraestructura cultural, de ampliación del acceso al patrimonio inmaterial o desde su aporte a una visión restringida de la democratización de la cultura. En las tablas síntesis no existe correspondencia alguna entre proyectos estratégicos, metas e indicadores. (pp. 115 y 214). Peor todavía, el patrimonio cultural no es entendido como sistema ni visto articuladamente en la intervención territorial de la ciudad.

Los importantes avances de finales de la década de 1980 y primeros años 1990,  en la Colcultura de Liliana Bonilla, Carolina Barco, Olga Pizano y de académicos de la Universidad Nacional de Colombia, lograron ser incorporados a la Ley 388 de 1997, pero posteriormente fueron revertidos por el mismo gobierno nacional a la visión anterior predominantemente culturalista que se acaba de explicar. Es esta visión la que nos presenta el Anteproyecto del “Plan de Desarrollo Bogotá mejor para todos”, regresando a épocas pasadas y desconociendo progresos recientes.

El Plan de Revitalización del Centro Tradicional de Bogotá, entendido como instrumento de orden múltiple y variado para un centro complejo, merece continuar y ser incluido en el nuevo Plan de Desarrollo. Especial importancia presenta la continuidad de proyectos financiados o en obra como la Iglesia del Voto Nacional o la Plaza la Santamaría. El proyecto habitacional de Las Cruces (mejoramiento de 150 viviendas) y la recuperación de fachadas,  con recursos y acción del Sector Hábitat, que aplicó por primera vez en el centro de la ciudad el Subsidio Distrital de Vivienda en Especie, demostró que el Mejoramiento Barrial es una posibilidad de lograr que otros objetivos e instrumentos de política pública se sumen a la protección del patrimonio cultural. La estrategia habitacional avanzó, pues, en proyectos para Egipto y Belén que bien vale no detener. Hoy, algunos de sus instrumentos, son  presentados por miembros del gabinete Peñalosa como un simple “Poner la casa en orden”, pero no, no se trata simplemente de un problema de orden, limpieza o seguridad sino, sobretodo, de calidad de vida conservando a la vez el patrimonio cultural.

Es urgente también la continuidad de la recomposición de tejidos en la fragmentada Avenida Comuneros mediante la construcción en ella de vivienda social, así como del Proyecto Nodo de La Concordia que inició con  la contratación de la Plaza de Mercado y la Galería Santa Fe.

En el año 2000, con los primeros POT, se podía ignorar lo que ofrece el patrimonio cultural a la integración socio-espacial. Hoy no es posible desconocer esos desafíos urbanísticos.

La recuperación del Conjunto Hospitalario San Juan de Dios, que propuso la Universidad Nacional de Colombia, y la restauración integral del Instituto Materno Infantil, no son exclusivamente proyectos de salud: éstos forman parte de una propuesta urbanística y patrimonial de gran importancia para el Centro Tradicional. Por su parte, el Paseo de las Universidades que inicia la Universidad de los Andes, necesita de gestión para integrar otras instituciones a esta iniciativa. Y las acciones incluidas en la estrategia de Movilidad, concebidas por la misma Universidad de los Andes y dirigidas por el actual secretario de Movilidad, quedaron listas para iniciar.

Los proyectos transversales, orientados a la puesta en valor del patrimonio material e inmaterial del centro, “Candelaria es tu Casa”, “Bogotá en un Café” y “Monumentos en Espacio Público”, no sólo demostraron la pertinencia de trabajar en varias escalas urbanísticas y sociales sino que lograron concretar victorias tempranas y motivar, en torno a ellos, una población que ahora los reclama. De otro lado, la reglamentación del Centro Tradicional, pensada a partir de las conceptualizaciones del paisaje urbano histórico, que se traduce en el reconocimiento de morfologías particulares y de las diferentes maneras  de habitar un territorio, tiene un progreso del 50% que no se debe desechar.  

La mención de estos avances no desconoce  que el Centro Tradicional todavía está deteriorado y es evidente que aún falta mucho camino por recorrer, pero iniciar un plan de nuevo cuño sería retrasar todavía más la recuperación de la Candelaria y sus alrededores. La experiencia de Ciudad de México es aleccionadora: en 1998, esta ciudad inscribió ante la Unesco un Plan de Acción para la revitalización de su Centro Histórico, que han continuado los diferentes jefes de gobierno sin que importara su color político; quince años después lucía bastante rehabilitado y hoy es un caso paradigmático de la revitalización de centros en América Latina.

La recuperación del Conjunto Hospitalario San Juan de Dios forma parte de una propuesta urbanística y patrimonial de gran importancia para el Centro Tradicional.

Hay otros programas en curso que no es posible detallar aquí como la georreferenciación y sistematización de la información de los bienes de interés cultural, que inició con una experiencia piloto aportada por el Banco Interamericano de Desarrollo – BID , y que a su vez sirvió al tablero de control para el Plan. Este proyecto permite, además, consultar desde la página virtual del IDPC  y a través de dispositivos móviles, una cédula básica y la ficha de inventario de los monumentos (esculturas y obras de arte en el espacio público). Está también el contrato de investigación con la Asociación de Ingeniería Sísmica para proponer que el Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente NSR-10 contemple alternativas de reforzamiento para estructuras “inelásticas”  en tapia, adobe y ladrillo y reduzca, así, los costos de éste y, en consecuencia, de restauración.

El Plan de Desarrollo tiene como objetivo recoger el programa de gobierno del nuevo gobernante electo que, legítimamente, puede establecer cambios en las políticas. Pero dar continuidad a desarrollos conceptuales y apuestas de la sociedad en el largo plazo, es la principal muestra de la capacidad de gobernar y  crear consensos.

 

Maria Eugenia Martínez Delgado

Arquitecta, con una larga trayectoria en los asuntos del patrimonio urbano y los centros históricos. Ha incursionado en temas de planeación urbana y regional. Fue directora del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural de Bogotá (2012-2015). Dirigió la primera Maestría en restauración de monumentos del país, en la Universidad Javeriana (1998-2003). Coordinó el Plan Nacional de Centros Históricos (1992-1994), en Colcultura (1992-1994).

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