Por el valor de la memoria: el Museo de Bogotá

7 octubre, 2016 |

En días pasados, la secretaria de Cultura anunció que recibió un Museo de Bogotá al borde del cierre. No es cierto. La vigencia de los contratos de muchos profesionales finalizó y, como era apenas obvio, ella debió definir con oportunidad un plan de contingencia para la contratación en ésta y otras áreas. En diciembre de 2015, quedaron abiertas al público cuatro exposiciones, reseñadas en la página web del Instituto de Patrimonio Cultural, pero bajo los logos de la nueva administración.

Si nuestra tarea era ocuparnos del patrimonio cultural de una ciudad desde la divulgación de valores por medio de una estrategia museológica, era necesario entender dos asuntos principales: el primero, el patrimonio es ámbito fundamental de comprensión y significación del fenómeno urbano; el segundo, el patrimonio establece un derrotero ético en relación con los horizontes de transformación de una determinada cultura urbana. Dicho de otra manera, ocuparse del patrimonio cultural de una ciudad desde una perspectiva museológica, significa identificar, primero, los modos e instancias de su construcción y, segundo, verificar su valor colectivo.

El museo, en otras palabras, es un espacio privilegiado de resignificación del territorio y la ciudad y de investigación en valores patrimoniales. Resignificar el territorio implica entender los nexos entre memoria y ciudad, no desde el tiempo sucesivo sino más bien desde el tiempo que se entrelaza. Esto es, la concreta capacidad de un ‘cierto’ pasado de vivir más allá de su propia época y hacer parte de un momento histórico ulterior: el presente.

Lo anterior significa que un museo de ciudad debe responder a dos necesidades: una de carácter epistemológico, que implica la creación de un espacio de investigación de ciudad y que se tradujo en el programa de Paisajes culturales. Y la otra de carácter histórico, que implica la creación ya no de un museo sino de museologías, es decir estrategias de simbolización del territorio en el territorio, y que se tradujo en el programa de Políticas de la memoria.

En el gobierno Petro, el  Museo adelantó 14 exposiciones temporales en la sede de la Casa Sámano y 3 en el espacio público. Al finalizar el año 2015 en esta Casa Sámano quedaron dos exposiciones: “Memorias de la Revitalización”, propuesta artística de Camilo Bojacá sobre el Plan de revitalización del centro tradicional de Bogotá y “Casi café”, exposición fotográfica de Jorge Panchoaga relacionada con el programa Bogotá en un Café, del citado Plan.

La exposición de la colección permanente inició en la Casa de las Urnas -cuya restauración se ejecutó durante el mismo gobierno Petro- con “Los síntomas de la modernidad” de Saúl Orduz. Los estímulos a la ciudadanía, que relacionaban arte, patrimonio y ciudad, se agruparon en el Laboratorio cultural de ciudad. Sus mejores trabajos fueron sometidos a la curaduría del Museo y se dejaron también expuestos, a nuestra partida, en espacio opuesto al que ocupaba Saúl Orduz, en esta Casa de las Urnas.

Se definió, además, el proyecto Teatros de la Memoria que realizó 6 performance y 2 intervenciones teatrales en el espacio público. Se trabajó en el planteamiento curatorial para el Museo a cielo abierto, es decir  la caracterización museológica del espacio público, a través de dos ejes viales: calle 26 y carrera séptima. Del mismo modo, se adelantó el planteamiento curatorial para la Colección a cielo abierto del Museo de Bogotá (monumentos conmemorativos y obras de arte en el espacio público), por medio de una experiencia piloto en el barrio Las Aguas.

Justo para la colección permanente se dejó concluido el Guión museológico y el Guión museográfico, así como el Estudio de públicos y los Lineamientos de la oferta educativa. Se adelantó el Registro e Inventario de la colección (13.500 fotos y 435 planos) y se trabajó en el Fortalecimiento del servicio de consulta y préstamo. Se ejecutó también el Plan de manejo de la colección, que incluye: el Manual de prácticas para el registro e inventario de la colección iconográfica, la Política de colecciones y el Plan de manejo de la colección mismo.

Vale recordar que el Museo de Bogotá tiene como antecedente al antiguo Museo de Desarrollo Urbano y su colección está compuesta principalmente por unas 25.000 fotografías y unos 500 planos. Es apenas sensato concebir el Museo desde su propia historia y colección y, precisamente, desde allí, el gobierno Petro se comprometió con este proyecto, recogiendo aportes anteriores.

Claro está, tal herencia no se encuentra exenta de tropiezos y dificultades; proponer un Museo de Ciudad para una metrópoli como Bogotá, en medio de múltiples compromisos y frentes de obra del Instituto de Patrimonio Cultural, no era tarea fácil. Habría que decir, sin embargo, que el Guión museológico plantea un salto conceptual sobre esa suerte de ‘entelequia’ que suelen ser los museos de ciudad y, al menos, este logro se debió proteger de la devastación. Todo lo que se había hecho se pudo someter a debate calificado, con la claridad que la única manera de consolidar un proyecto de esta dimensión era construyendo sobre la herencia recibida.

Una posible explicación de la costosa decisión, para la ciudad, de inventarse de nuevo el Museo de Bogotá, puede ser un empalme ineficaz. Quizá, el coordinador actual al tener experiencia específica en campos distintos al museológico no consiguió valorar suficientemente lo hecho antes, construido bajo la coordinación de Julien Petit, con interesante trayectoria en el campo particular de los museos.

Por último, este sugerente proyecto de ciudad iniciaba una propuesta grande a la que había que sumar criterio, energías y dinero; pero, ¿cómo lograrlo ahora con tan poca voluntad de continuidad y cuando la oficina de Patrimonio, a la cual está adscrito, fue sometida a un recorte presupuestal del 35% de 17.000 millones de pesos?

Ver Anexo

 

Maria Eugenia Martínez Delgado

Arquitecta, con una larga trayectoria en los asuntos del patrimonio urbano y los centros históricos. Ha incursionado en temas de planeación urbana y regional. Fue directora del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural de Bogotá (2012-2015). Dirigió la primera Maestría en restauración de monumentos del país, en la Universidad Javeriana (1998-2003). Coordinó el Plan Nacional de Centros Históricos (1992-1994), en Colcultura (1992-1994).

Más vistos esta semana

Columnas populares