Labio de Liebre (venganza o perdón) de Fabio Rubiano Orjuela

12 marzo, 2016 |

No es sencillo retomar en el teatro situaciones de extrema violencia como son las masacres colombianas de los  años recientes perpetradas en muchos municipios colombianos por paramilitares y alianzas de estos con fuerzas militares. Justamente  una familia campesina, víctima de una de estas masacres y conformada por una madre, dos hijos y una niña, invaden de modo fantasmal la casa de su victimario quien paga una pena en el exilio en un país nórdico. No lo dejan tranquilo ni un instante hasta que lo obligan a confesar y pedir perdón. Este es el principal hilo narrativo de la obra “Labio de Liebre” última creación del Teatro Petra, escrita y dirigida por Fabio Rubiano. Montaje que ha tenido gran éxito en todo el país y en sus giras internacionales, que a la fecha han sido muchas . Un obra ovacionada por el público y que cuenta con favorables opiniones de la prensa.

No es sencillo hablar del dolor de los otros. No es fácil nombrar o recrear esos momentos de horror que han vivido muchos colombianos porque en estos  episodios de barbarie se han sobrepasado todos los límites. Y una reflexión sobre el cómo hacerlo y con qué propósito es tarea obligada para los artistas que se deciden a tocar estas situaciones e historias.

Desdibujar el sufrimiento real es un rodeo para evitar abordar la complejidad del conflicto.

Pese a la gran acogida de la  obra y a los comentarios elogiosos,  es cuestionable lo que termina planteando en términos de una visión sobre el conflicto las víctimas y los victimarios . Una posición política, pese a las afirmaciones que Fabio Pubiano ha hecho al respecto, y públicamente. Ha declarado que no le interesa hacer teatro político, ni testimonial, ni documental, sino sólo los conflictos que el teatro mismo tiene la virtud de hacer surgir.

Paradójico porque la complejidad socio-política es parte de la situación dramática elegida. Sin embargo,  para Rubiano y su grupo de actores parece que jugar con los artificios teatrales puros resulta una vía cómoda. Hacer parodia garantiza el humor. Lo que uno no entiende es por que sacar provecho “teatral” de temas tan críticos, comprometedores y dolorosos. El resultado, un espectáculo atractivo fácil de digerir,  divertido y de gusto común. Los términos existentes para nombrar todos los aspectos del conflicto colombiano y del proceso de paz fueron incorporados al texto y no se tratan con ninguna profundidad. Se menciona la justicia transicional, la reparación, el dilema entre venganza y perdón, la impunidad, las víctimas y los victimarios, las penas que deben o no recibir los perpetradores de la violencia de todos los frentes. Con todos estos temas el público se siente identificado.

 

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Labio de liebre es una coproducción del Teatro Colón y el Teatro Petra. Programada en el Teatro Colón en el XV FITB, marzo 16.

La dramaturgia tiene una estructura predecible, poco elaborada y hasta ingenua. La familia campesina  acosa de tal manera al victimario con sus apariciones fantasmales que éste no puede escapar del asedio  y termina pidiendo perdón. Se pone literalmente en los zapatos de ellos: es decir en sus botas de campesinos. Les confiesa donde está enterrados, dice “La Verdad” y al final se debate ligeramente entre el dilema de “venganza o perdón”. El victimario, de frente al público, pronuncia la tan esperada palabra: “perdón”. Un victimario que pide un perdón verdadero y sin tantas complicaciones. Ahora sí el teatro le ganó a la realidad. Está históricamente probado que pocos son los victimarios que además de confesar por el interés concreto de negociar las penas van más allá de eso. Como no hubo límites para perpetrar el horror tampoco los hay para reconocerlo y menos para el arrepentimiento. Este victimario es un victimario ideal. Un lobito bueno.

Caricaturizar a las víctimas es violento y la obra lo hace deliberadamente.

De las víctimas se hace un retrato colorido con elementos folclóricos típicos. Los actores se regodean en la recreación de los acentos regionales, en la imitación gestual y en las escenas como cuadros costumbristas.  La obra hace parodia de una familia campesina víctima. La caricaturiza, la recrea en tono de burla, la ridiculiza y  ofrece de ella una mirada pobre y reductora. De esta manera, al hacer pasar su sufrimiento por este prisma de la parodia se minimiza todo dolor, todo horror, toda verdad. Hasta se permiten hacer chistes perversos. Un hermano le dice al otro: “hermano, agradezca que con su cabeza no jugaron fútbol”. O la niña casi adolescente, quien ha sido abusada por el victimario, termina enamorada de él, le dice algo así como “me violaste” y le manda un beso. Desdibujar el sufrimiento real es un rodeo para evitar abordar la complejidad del conflicto. Pero debemos recordar que no se trata de la realidad sino de la teatralidad. Al final  resulta que esta familia devela asuntos íntimos: el padre ha abusado de la propia hija. Desde el tono de la parodia se sugiere que estos campesinos tienen sus perversidades y el tratamiento de su condición de víctimas se atenúa con estos apuntes morbosos.

Volviendo a las declaraciones del autor si no hay interés en hacer teatro político, ni documental, ni testimonial ¿para qué elegir esta situación histórica? ¿Para abordarla de manera caprichosa y arbitraria? Caricaturizar a las víctimas es violento. Y la obra lo hace deliberadamente. La simplificación de lo complejo del conflicto es complaciente. Sacarle provecho al vocabulario del conflicto y del proceso de paz es estratégico. Por consideración a las víctimas de carne y hueso del país una obra de esta naturaleza debería ser seriamente cuestionada.

 

Adela Donadio

Estudio Filosofía y Letras y realizó una Especialización en Literatura Hispanoamericana. Es gestora cultural, directora de teatro y profesora. De su trayectoria profesional como gestora se destaca el largo período de vinculación al Teatro Nacional y al Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá de 1996 al 2011. Dirigió La Casa del Teatro Nacional, La Escuela de teatro y todos los proyectos artísticos y pedagógicos de esta sala. Hasta el 2009 fue la Subdirectora Artística del FITB, en el campo de la curaduría, proyectos de coproducciones internacionales, eventos académcios, contratación e impresos. Del 2012 al 2014 tuvo el cargo de Subdirectora de los Equipamientos Culturales del Idartes; la gestión, programación y proyección de los escenarios públicos de Bogota . Ha dirigido obras de autores colombianos, argentinos, alemanes contemporáneos y textos clásicos. Actualmente es profesora de la Universidad Javeriana.

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