La Habana y Bogotá: como el cielo y el infierno

25 agosto, 2016 |

 

Hace unos días (el 13 de Agosto del 2016) cumplió 90 años Fidel Castro Ruz. Líder de la Revolución Cubana. Referente político de generaciones, quien ha generado amores y odios de igual intensidad.  Para algunos es el diablo, para otros es lo mejor que les pudo haber pasado en la historia de su nación y del continente. Gústele a quien le guste, Fidel es ya uno de los personajes más importantes de la historia de la humanidad en el siglo XX.

Acabo de regresar de un viaje de mitad de año a Cuba para cumplir algunas obligaciones académicas, pero también aprovechar y descansar. De paso la isla me enseñó mucho. Desde hace varios días ando pensando en mi viaje a Cuba en clave de este cumpleaños y sus conmemoraciones.

Porque Fidel en sí es toda una cátedra de política revolucionaria.

Cuando uno viaja es inevitable comparar. Se compara la comida del lugar al que llegas con la comida a  la que estás acostumbrado. Se comparan las formas de vestir. Las maneras de hablar. Se compara absolutamente todo, porque finalmente se está arraigado a un territorio, y viajar a otro, aunque sea solo por un breve tiempo, te lleva a pensar en lo que ya para ti es costumbre o “normal”.

La mayor parte del tiempo lo pase en La Habana, y es una ciudad muy particular. Era una ciudad amurallada, de la cual solo quedan algunos vestigios. Es una ciudad costera. La invasión de los ingleses ya hace siglos se nota en su arquitectura. La visité en medio del verano, y el verano lo sentí con toda su fuerza, un calor de mierda a diferencia de la a veces helada Bogotá.

Al igual que Bogotá, la Habana concentra un gran porcentaje de gente del país, ambas son capitales y ambas son centros políticos y sociales de sus naciones, en otras palabras lo que pasa en La Habana se repite en toda Cuba de diversas formas, al igual que Bogotá (aunque la distancia política, económica y social de Bogotá con el resto de Colombia sea mayor) pero eso es lo poco que tienen en común.

De las primeras cosas que uno nota cuando pasea por La Habana es que no existen los habitantes de la calle; algo tan “normal” en Bogotá que se ha vuelto casi que parte del paisaje de la “Atenas Suramericana”, y entonces no te encuentras, por ejemplo, con personas, familias o madres con niños pidiendo limosna o “algo de comer”; esa es una diferencia fundamental entre La Habana y Bogotá.

Algo que también se nota al caminar por La Habana es que no hay niñas o niños en la calle en horario escolar. Toda la niñez en esa ciudad a la hora de estudiar está estudiando. Eso es algo que impacta en países azotados por el neoliberalismo como el nuestro, en donde es “normal” encontrarse niños en la calle en horario de clases, o porque no quieren estudiar o porque no pueden hacerlo, o porque les parece más “chévere” hacer parte de la pandilla del barrio, o porque tienen que trabajar para “ayudar” en la casa. La educación gratuita, universal y de calidad para todas y todos en Cuba se traducen en jardines infantiles, escuelas y universidades para la ciudadanía. En Bogotá por el contrario le quieren entregar la educación a la empresa privada o convertirla en mercancía, a pesar de que se ha cerrado de una forma significativa la brecha entre colegios públicos y privados en las pruebas Saber-Pro.

Otra cosa que pronto comprendes como turista en La Habana es que puedes caminar tranquilo, que lo más probable es que no te van a robar. Cuando una ciudad como La Habana le ha resuelto a su gente sus derechos sociales y sus necesidades básicas, pues el robo se reduce a su mínima expresión, por no decir que se elimina por completo. A diferencia de Bogotá en donde ya no puedes sacar tu celular tranquilo en la calle sin estar alerta de cualquiera que se te acerque, en La Habana se pone en práctica esa idea de que la “Seguridad Ciudadana” es algo más allá que tombos, cámaras, y tomas mediáticas  e ineficientes de lugares como el Bronx. Eso es algo que debería aprender el engominado “secretario” ¿o sub-secretario? de seguridad, la seguridad no debería ser un tema de percepción.

En el barrio en donde viví mientras estuve en La Habana conté once consultorios médicos a disposición de la gente de ese barrio, ¡once!, cada médico en esa ciudad tiene bajo su responsabilidad un cierto número de familias para el ejercicio de la medicina preventiva. La gente da por sentado que si te enfermas, tu médico familiar te resuelve tus problemas de salud y te da la medicina que necesitas; en Bogotá el solo pensar en hacer la fila en la EPS para que te den la cita dentro de tres meses te enferma mucho más de lo que ya estás, ni hablar de las filas en hospitales “públicos” como el de Kennedy, que ahora Peñalosa quiere acabar para entregarlos a la empresa privada. En La Habana, a diferencia de Bogotá, la gente considera, y recibe, como un derecho la salud de calidad.

Bogotá tiene un déficit habitacional elevado al igual que La Habana. Bogotá es la ciudad más costosa de Colombia y una de las ciudades más costosas de América Latina, de pronto La Habana compite con ella en este aspecto en lo que tiene que ver con los precios para turistas, pero algo que sí cambia es que si tienes nacionalidad cubana y/o residencia, el gobierno cubano te asignará un lugar en donde vivir. Porque además de la reforma agraria que adelantaron desde los primeros años de la revolución, se desarrolló una reforma urbana que buscó asegurarle el derecho a la vivienda a su gente; algo todavía impensable en Bogotá en donde la nueva administración quiere expandir la ciudad, y no densificarla como dicta el sentido común, para acercar a las mayorías y no condenarlas a horas de un pésimo servicio de transporte.

La cultura merecería todo un artículo aparte. En La Habana existe toda una universidad dedicada a las artes, en terrenos que antes de la Revolución eran el Country Club de la ciudad, en otras palabras en esa ciudad la gente baila, pinta, danza, en medio de amplios terrenos en donde antes unos pocos jugaban golf; ¿qué pasaría si un gobierno bogotano o colombiano se atreviera a expropiar todo el Country Club para dedicarlo a la cultura?, si casi entierran vivo a Petro por tocarles parte del sistema de recolección de basuras y hasta Peñalosa perdió apoyo de la clase alta por iniciar la expropiación de una reducida porción del Club Country para hacer un parque. En La Habana existen más de 200 museos, el de las artes es como un mini-Louvre. Aquí, por el contrario, amenazaron con acabar con festivales de tradición como Rock al Parque.

En el sistema de transporte es en lo que más se parece Bogotá con La Habana, no porque en La Habana sea público y acá privado, sino porque ambos sistemas (Transmilenio acá y buses un poco más “clásicos” en La Habana)   son  caóticos y nada eficientes, y en ambos casos pierdes una parte importante de tu tiempo en tus traslados.

Aunque las causas del caos de uno y de otro sean allá externas, como el bloqueo económico al que está sometida la Isla desde hace medio siglo por los Estados Unidos que nos les permite hacer grandes inversiones en infraestructura como un metro subterráneo, y acá, por la miopía de insistir en los buses articulados como única alternativa de transporte masivo.

Las diferencias de La Habana, respecto a Bogotá, son responsabilidad de una sociedad que orientó su  destino de una manera diferente, de líderes como José Martí y Fidel Castro, y organizaciones construidas desde abajo como los Comités de Defensa de la Revolución, la Federación de Estudiantes Universitarios Cubanos, la Federación de Mujeres Cubanas, entre otras; pero sobre todo, de una dignidad infinita, que toda la vida le ha permitido al pueblo cubano no humillarse ante nadie y labrarse su propio futuro. ¡Feliz cumpleaños Fidel!