La expansión de Bogotá: ¿patear la lonchera?

28 marzo, 2016 |

A comienzos de este siglo XXI, cuando funcionaba la Mesa de Planificación Bogotá/Cundinamarca, se hicieron varios ejercicios de prospectiva sobre cuál sería el mejor escenario en que este anhelo de la integración regional se lograría. Uno posibilidad era el de un desarrollo altamente concentrado en Bogotá y unos cuantos municipios vecinos de la Sabana; el segundo consistía en una versión lineal del desarrollo, a lo largo de la cuenca del Río Bogotá; en estos dos primeros sencillamente la capital se iba expandiendo, en el primer caso, a la redonda y en el segundo en forma lineal.

De alguna manera, uno y otro terminarían replicando una dinámica que ha ido viviendo la región, consistente en que Bogotá absorbiera antiguos municipios, anexándolos a lo que entonces era el Distrito Especial, tal como pasó con Usaquén, Usme, Fontibón, Engativá, Bosa y Suba. Se concluyó que ninguno de ambos escenarios era el deseable por el gran costo ambiental, social y político que implicaba este proceso de anexión.

El acto protocolario que dio vida a la RAPE-Región Central se dio en el Puente de Boyacá, como un mensaje a favor de la descentralización.

El tercer escenario, que fue el elegido por los participantes en la Mesa de Planificación Bogotá/Cundinamarca, hacía alusión a una visión de una región que poco a poco se iba expandiendo, vale decir, a aquella en la cual iban concurriendo los departamentos de Boyacá, Meta y Tolima. En efecto, en este modelo regional aparecían ya visibilizadas las ciudades de Tunja, Villavicencio, Honda, La Dorada e Ibagué, además de Soacha, Chía, Zipaquirá, Facatativá, Fusagasugá, Girardot, Guaduas y Puerto Salgar. Este escenario fue tipificado como el desconcentrado, dado que daba una creciente importancia al desarrollo de esa Región Central, para lo cual se requería crear polos que impulsaran dinámicas de inversión económica y social, así como de asentamiento poblacional a efectos de evitar lo atrás descrito. 

Esta nueva visión de la Región la mostraba como un sistema complejo en el que pudieran potenciarse diferencias culturales y de vocación productiva, buscando generar un mayor equilibrio social y ambiental. Aspecto central de esta perspectiva era la priorización de 13 cuencas que irrigan la región, las cuales son centrales en la Estructura Ecológica Principal Regional, de la cual hace parte la Estructura Ecológica Principal del Distrito Capital. Se reconoció así que el patrimonio ambiental puede llegar a tener un rol fundamental en el proceso de integración regional.

El escenario desconcentrado pretendía disminuir la presión migratoria hacia Bogotá, mejorar la seguridad alimentaria y ciudadana, fortalecer la sostenibilidad ambiental y la competitividad de la región.

Este escenario desconcentrado pretendía disminuir la presión migratoria hacia Bogotá, mejorar la seguridad alimentaria y ciudadana, fortalecer la sostenibilidad ambiental y la competitividad de la región, así como lograr un mayor equilibrio socio-económico de ese territorio que construyen actores diversos en lo cultural, lo social y lo económico. Al mismo tiempo que se daba este proceso de planificación para la integración regional, surgía al interior de la ciudad una discusión acerca de su modelo de uso del suelo: ¿seguirse expandiendo, o densificarse? Y esta discusión también se había zanjado en la Mesa, en el sentido de seleccionar la segunda opción. Se consideró que no era sustentable mantener un modelo de expansión urbana por los costos ambientales y económicos que tal dinámica implicaría.  

El nacimiento de la RAPE que, en una primera etapa, sufrió un traspié por una decisión judicial, se dio por fin en septiembre de 2014 como RAPE-Región Central, en la que concurren la capital y los departamentos de Boyacá, Meta y Tolima como coequiperos; no es gratuito que el acto protocolario se hubiese llevado a cabo en el Puente de Boyacá, como un mensaje en favor de la descentralización. Esta nueva entidad asociativa retoma y busca hacer realidad es modelo de desarrollo regional desconcentrado.

La Relación Urbano/Rural/Regional

La Bogotá urbana no puede subsistir sin su sustento rural y regional. Es su ruralidad –diversa y en gran medida con uso restringido hacia la conservación- la que le permite y debería garantizar su articulación con la región. Esa ruralidad debería actuar como una bisagra que facilitara una relación armónica con un entorno que le entrega a la ciudad agua, oxígeno, alimentos, biodiversidad y paisaje, entre otros.

Sin embargo, en un claro desconocimiento de su propio metabolismo, Bogotá vive de espaldas a su ruralidad; se niega a visibilizarla, a dignificarla, a darle el lugar que le corresponde. No reconoce, por ejemplo, que tiene una población campesina en las localidades de Usaquén, Chapinero, Santa Fe, San Cristóbal, Usme, Ciudad Bolívar, Sumapaz, Bosa, Fontibón y Suba –así sea minoritaria-, y que el Páramo de Sumapaz es la Localidad 20, con una riqueza hídrica y en biodiversidad que debe cuidarse.

En un claro desconocimiento de su propio metabolismo, Bogotá vive de espaldas a su ruralidad.

Entonces, si no dirige su mirada a lo que le es próximo, mucho menos le va a interesar preguntarse de dónde viene el agua que beben sus casi 9 millones de pobladores, qué impacto puede tener en la región Orinoquia el trasvase de agua del río Guatiquía para responder a su demanda hídrica, quiénes y en dónde producen los alimentos que los bogotanos ingieren día tras día, en qué lugar se van a disponer durante las siguientes décadas las 6.500 toneladas diarias de residuos sólidos generados, hacia dónde se llevan los vientos el PM10, el PM2.5 y los GEI que se emiten dentro de la capital y cómo se afectan las poblaciones aguas abajo en la Cuenca del Río Magdalena, si las inversiones para la descontaminación del Río Bogotá se demoran. Tampoco se ha interesado por indagar acerca del impacto de homogeneización cultural causado sobre los municipios anexados hace más de medio siglo.

Dentro de la formulación y ejecución del plan de desarrollo que está próximo a expirar en la ciudad capital, el componente ambiental ha tenido un importantísimo papel, el cual no debe perder vigor ahora que se comienza a discutir el nuevo, así como la probable revisión del POT. Manteniendo esa preocupación por la sostenibilidad y la adaptación al cambio climático y profundizando el proceso de integración regional que en buena hora se formalizó, Bogotá, desde una perspectiva estratégica, debe dirigir su mirada hacia ese entorno del cual depende, entendiendo que su suerte es la de la región y que, por lo tanto, está obligada a apostarle a un juego gana-gana. Un escenario en el que el desarrollo se desconcentre, en donde todos crezcan, todos tengan acceso a calidad de vida y se garantice la sostenibilidad de la Estructura Ecológica Principal Regional.

La Reserva Van Der Hammen en este Contexto Regional

La Reserva Forestal Productora Thomas Van Der Hammen, que está formalizada con una extensión de 1.395 hectáreas, y en la actualidad tiene consolidada sólo una pequeña parte, es la principal apuesta distrital de largo plazo de integrar, no sólo elementos fundamentales de su propia Estructura Ecológica Principal, como son los Cerros Orientales y el Río Bogotá, pasando por los humedales Torca y Guaymaral, sino también otras iniciativas de impacto ambiental más amplio como, por ejemplo, la de los páramos de Chingaza-Sumapaz-Guacheneque-Guerrero y la del Plan Regional Integral de Cambio Climático.

La falta de humildad de los gobernantes bogotanos puede comprometer la supervivencia de la capital, lo cual tendría efectos catastróficos en un alcance regional y nacional.

El hecho de que hoy en día sólo una parte de su extensión jurídica se haya convertido en una realidad material no es razón suficiente para desechar una oportunidad única para lograr esa vital conectividad entre los Cerros Orientales (que contribuyen a la recarga de acuíferos) y el Río Bogotá, que tendrá un impacto mayúsculo en la sostenibilidad del recurso hídrico y de la biodiversidad distrital y regional.

La propuesta de dedicar gran parte de esta área al uso habitacional equivaldría a retomar el indeseable escenario dos referido al comienzo del presente escrito porque facilitaría la conurbación de la Sabana de Bogotá, cuando la senda que hay que reforzar, y que en buena hora se retomó, aunque sea en forma implícita y parcial, por la RAPE-Región Central, es la de fortalecer las capitales de departamento y otras poblaciones intermedias como polos de desarrollo regional. Esto por cuanto el documento técnico que le da respaldo habla del propósito de superar los desequilibrios y disparidades territoriales.

Aunque se echa de menos una propuesta explícita de ocupación de la Región y la potenciación de polos regionales desconcentrados, sí se observan elementos como los de (i) sustentabilidad ecosistémica y manejo de riesgos, (ii) infraestructura de transporte, logística y servicios públicos, (iii) competitividad y proyección internacional, (iv) seguridad alimentaria y economía rural, y (v) gobernanza y buen gobierno. Entre ellos, especialmente los (i) y (iv) tienen una relación con la existencia de activos ambientales como la Reserva Thomas Van Der Hammen en la ciudad capital.

Ojalá este modelo de integración desconcentrada de la RAPE-Región Central llegue a ser una realidad, a pesar de los cambios gubernamentales. No se puede pretender definir el rumbo de la región desde el Palacio Liévano en una actitud displicente con los municipios cercanos. La falta de humildad de los gobernantes bogotanos puede significar la no supervivencia de la capital, lo cual tendría efectos catastróficos en un alcance regional y nacional.

Es necesario que las bogotanas y los bogotanos entendamos que nuestra ciudad no puede sobrevivir de espaldas a su ruralidad y a su región. Son éstas las que le garantizan su aliento, razón más que suficiente para modificar la relación entre aquélla y éstas. Lo contrario equivaldría a patear la lonchera.

 

Claudia María Buitrago

Abogada de la Universidad de Caldas, Especialista en Instituciones Jurídico-Políticas y Derecho Público de la Universidad Nacional de Colombia, Magíster en Ciencia Política de la Universidad de los Andes, estudiante del Doctorado en Ciencias Ambientales de la Universidad del Valle. Experiencia en gestión pública en sectores como Cultura, Turismo, Ambiente, Agua Potable, Contratación, Transparencia.

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