La Casa de la Música de Bogotá: ¿sueños sospechosos?

3 mayo, 2016 |

 

— ¿Qué haces? interrogó al primero.

—Me gano la vida.

— ¿Y tú? interpeló al segundo.

—Labro un bloque de piedra.

— ¿Y tú? —preguntó al tercero.

—Construyo una catedral[1]

 

El gobierno anterior de la ciudad pretendió preparar la conmemoración de los 50 años de la Orquesta Filarmónica de Bogotá (OFB) avanzando en el proyecto para la construcción de su sede, una ambición desde administraciones anteriores, y una necesidad difícilmente aplazable por cuanto el auditorio Otto de Greiff de la Universidad Nacional tiene, para bien y como todos los escasos escenarios de la ciudad, una demanda desbordante.

Para ello se buscó la colaboración interinstitucional de las entidades de la ciudad, se definió una posible localización, aspecto de los más complejos del proceso, y se buscó la participación de destacados profesionales, dirigidos por el Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional de Colombia.

En 2012, gracias a la gestión de una articulación de instituciones culturales y empresariales, Bogotá fue admitida por la UNESCO en la Red de Ciudades Creativas de la Música. Sevilla, Gent, Glasgow, Bolonia, Brazaville y Bogotá constituyeron el primer grupo, al que hoy ya se suman otras ciudades del Japón, Corea, Europa y América.

El proyecto de la sede para la OFB se enmarcó en el programa Revitalización del Centro Ampliado de la ciudad (art.22 del Plan de Desarrollo Bogotá Humana), uno de cuyas operaciones prioritarias fue el desarrollo del polígono del Campín. El alcalde Gustavo Petro había señalado a la Casa de la Música como uno de los equipamientos que debía situarse en este importante espacio de la ciudad, al constatar que la vocación del terreno era deportiva y cultural.

La estrategia de intervención del centro tradicional y el centro ampliado se haría mediante proyectos urbanos de iniciativa pública y en alianzas con el sector privado, según el Plan Distrital de Desarrollo. Fue así como se consideraron sucesivamente las primeras ofertas de Alianzas Público-Privadas (APP) que no prosperaron, y, finalmente, se retuvo la tercera, que solo contemplaba el desarrollo del Coliseo el Campín. Es entonces cuando la administración organiza la colaboración entre el Instituto de Recreación y Deporte, la Empresa de Acueducto, la Orquesta Filarmónica, la Sociedad Colombiana de Arquitectos y la Universidad Nacional, con el fin de lograr avanzar en el proyecto de dotar de un escenario sede para la destacada Orquesta, que es, en sí misma, un patrimonio de la ciudad.

Una de las principales características de Bogotá es su diversidad de sonoridades, que reflejan la riqueza musical del país y la proyección de originales fusiones que surgen de ese contacto intercultural del que es sede la capital andina. De ahí que al pensar en un gran auditorio para la música, no se pensara exclusivamente en un auditorio para la música sinfónica, sino en un auditorio que pudiera albergar e impulsar la nueva música colombiana.

Por lo demás, la Orquesta Filarmónica, desde tiempo atrás, venía esforzándose por ser puente de unión entre lo nacional, lo clásico y lo contemporáneo, entre los músicos más destacados y las nuevas generaciones. El proyecto de La Casa de la Música de Bogotá se inscribe además en un proceso que tiene entonces ya más de medio siglo de aliento.

La ciudad ha venido realizando estudios económicos y de su infraestructura con las Universidades Nacional y de los Andes, y con la Cámara de Comercio, con la cual abrió una línea de investigación sobre la economía de la música en Bogotá, todo ello articulado a los estudios del Ministerio de Cultura (ver Seminario PULSASIONES). Esperamos que estos estudios se continúen y fortalezcan. Gracias a ellos se establecen diagnósticos y cifras que demuestran el impacto en la infancia y la juventud, en el turismo y la creatividad, de un campo musical fortalecido, unificado y diverso, en la capital de un país de gran vocación musical.

A la hora de la priorización de las inversiones, la cultura debe siempre justificar con esfuerzo su rol en la sociedad, y no nos cansaremos de hacerlo. Que Bogotá aspire a tener una Orquesta Filarmónica que no sea una especie de nómada autónoma, sino el núcleo sólido de un Sistema Orquestal y Musical, articulado a diversas agrupaciones y escenarios, a una política de formación de públicos y de dotación de instrumentos, a la promoción de la creación y al sistema de formación musical, es una visión que potencia el legado de las generaciones anteriores. Una fuerza así está bastante desarrollada en la capital y ella impacta su identidad cultural, su economía y su bienestar social.

La comparación con otras capitales de América Latina y del mundo nos invita también a perseverar en un esfuerzo que sin duda irradia a la sociedad. El año pasado se inauguró la Filarmonía de Paris. La gran capital cultural de Europa luchó su auditorio por más de veinte años y su construcción fue un proyecto de varios gobiernos de vertientes políticas diferentes. La complejidad de estos auditorios, sus costos y la gran capacidad de concertación que exigen en cualquier ciudad del mundo, demandan ambición, visión y articulación.

Hoy la humanidad no construye grandes catedrales, pero proyecta su alma y sus ideas en centros culturales, como esta Casa de la Música, sede de la Orquesta Filarmónica de Bogotá.

Bogotá Humana dio un empuje sin precedentes a la formación musical de niños y niñas ampliando la participación de la Orquesta Filarmónica y del Idartes en la jornada completa y en todas las localidades. Esta vinculación a la formación nos permitió avanzar con confianza en el sueño, tantas veces aplazado, de dotar a la Orquesta Filarmónica de Bogotá de un auditorio.

El proyecto de la Casa de la Música que avanzó Bogotá Humana es digno de tenerse en cuenta por la calidad de los diseños avanzados y los esfuerzos administrativos adelantados. Una etapa entre otras, sin duda. No entendemos que puede haber de “sospechoso”, como lo afirmara un noticiero en días pasados, en este empeño y en estos avances en la resolución de una necesidad cultural y social apremiante. Confiamos que la actual administración estudie en detalle los avances concretos realizados por entidades tan serias y le dé una segunda oportunidad a este proyecto de Bogotá, ciudad creativa de la música. Es cuestión de mirar al horizonte.

[1] Aparte de El mensaje de los constructores de catedrales de Christian Jacq & François Brunier, 1974

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] Aparte de El mensaje de los constructores de catedrales de Christian Jacq & François Brunier, 1974

 

 

Clarisa Ruiz

Gestora cultural y escritora, ha trabajado en el sector público, en el privado y ha participado en la creación de varias fundaciones . Fue Secretaria de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá, Directora de Artes del Ministerio de Cultura y Directora del Teatro Colón. Acompañó a Fanny Mikey en 4 de las primeras ediciones del Festival Iberoamericano de Teatro, subdirectora del Teatro Nacional, directora de la Casa del Teatro, directora de la Academia Superior de Artes de Bogotá (ASAB). Ha sido docente de gestión cultural, y entre sus libros se encuentran: La Voz del Jaguar con Random House, Palabras que me gustan, SM y El cartero enamorado con Panamericana.

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