Juliana no durmió bien anoche y a Peñalosa no le importa

12 abril, 2016 |

No estaba enferma. Juliana es una periodista joven muy activa, trabajó duro toda la semana, viajó a Cartagena a cubrir un evento y llegó cansada a su casa a las 10 de la noche dispuesta a dormir plácidamente. Lo que no sabía es que sus vecinos habían organizado una fiesta en la terraza del edificio e hicieron ruido hasta las 4 am. Juliana durmió mal, tuvo que levantarse temprano para ir a trabajar completamente descompensada. Sus vecinos la pasaron muy bien.

De acuerdo con la encuesta multipropósito de Bogotá, realizada por el DANE y la Secretaría de Planeación del Distrito, cerca del 37% de los bogotanos se ve afectado, con mayor o menor gravedad, por el ruido: en números absolutos, cerca de 3 millones de personas ven afectadas su tranquilidad y su salud por el ruido en diversas modalidades y grados. Algunos son esporádicos –fiestas de vecinos, martilleo, taconeo, ladridos de perros, maullidos de gastos, bateristas, cacareo de gallinas-, otros son constantes y más fuertes –música de bares, restaurantes, cantantes callejeros, iglesias, vendedores de frutas, voceadores de periódicos, religiosos como el padre Chucho-, otros permanentes –ruido de carros, camiones, buses, motos, harlistas-. La lista es interminable.

Según la encuesta realizada por el DANE y la Secretaria de Planeación, cerca de 3 millones de bogotanos ven afectadas su tranquilidad y su salud por el ruido.

Para mucha gente –usualmente los que hacen ruido- es un problema de menor importancia, una tontería, una actitud intolerante y neurótica de vecinos que no saben gozar la vida. Se trata de una posición muy parecida a la que tenían antes los fumadores que les importaba un comino la salud de los demás y fumaban en cualquier sitio. Para las entidades de salud y de ambiente el tema es serio, razón por la cual han empezado a investigar y a regular, desde hace mucho tiempo los niveles de ruido permisibles. Mediante tutelas muchas personas han logrado que sus vecinos, negocios, iglesias y otras entidades, suspendan o disminuyan sus actividades ruidosas; la Corte Constitucional en la revisión de varias tutelas ha manifestado que el ruido excesivo e ilegítimo viola derechos fundamentales a las personas como la salud y la tranquilidad, y que constituye una invasión de la privacidad.

Sin embargo, a pesar de las normas y de la existencia de entidades de control, el problema sigue siendo muy serio. Es un verdadero problema de salud pública que afecta a millones de bogotanos y les genera estrés, cansancio, tensión, ansiedad. Además, en ciertos casos conduce a agravar los problemas de convivencia cuando los vecinos terminan en riñas e incluso en casos lamentables como el del señor Manotas que asesinó a su vecino en un conflicto que inició por el ruido excesivo.

La Policía, en términos generales, no cumple adecuadamente con sus funciones de prevenir y controlar la violación de normas de convivencia como el ruido excesivo. En general, los agentes no están informados y preparados o simplemente no quieren ejercer sus labores constitucionales y legales; no responden oportunamente a las quejas de los vecinos, no ejercen su facultad legal de suspender mediante la orden de policía los comportamientos contrarios a la convivencia, se hacen los de la vista gorda y le echan la culpa a otras instituciones. Las alcaldías locales son un cero a la izquierda en la materia, no tienen planes preventivos y educativos y sus procedimientos son lentos.

Para mucha gente –usualmente los que hacen ruido- es un problema de menor importancia, una tontería, una actitud intolerante y neurótica de vecinos que no saben gozar la vida.

En el anteproyecto del Plan de Desarrollo de Peñalosa, Bogotá Mejor para Todos, se incluye un dato preocupante en el capítulo sobre seguridad y convivencia: el 43% de los entrevistados manifestó que los vecinos de su barrio escuchaban música a un volumen muy alto (Bogotá Mejor para Todos, Anteproyecto del Plan de Desarrollo, Encuesta Bienal de Culturas del Observatorio de Culturas de la Secretaría de Cultura de Bogotá p. 211). Sin embargo, no hay una análisis detallado del tema (en el capítulo sobre ambiente solo se incluyen unas pocas líneas donde se afirma que las fuentes móviles como tráfico rodado, tráfico aéreo y perifoneo aportan el 60% de la contaminación auditiva y las fuentes fijas como establecimientos de comercio, pymes, grandes industrias y construcciones, el 40% restante), tampoco metas específicas por tipo de ruido y por localidades de reducción de la afectación por ruido excesivo (la única meta planteada es muy agregada: reducir la emisión promedio de ruido de la ciudad de 73,10 decibeles a 70,10 decibeles, que sigue siendo un nivel grave) y mucho menos una estrategia o línea de acción que haga pensar que la administración se toma el tema en serio.

La revisión del anteproyecto del Plan nos muestra que el tema no es una prioridad para Peñalosa y que por tanto millones de bogotanos continuarán, durante el gobierno de la felicidad, como Juliana, teniendo un sueño infeliz.

Alberto Maldonado

Economista de la Universidad Externado de Colombia, Doctor en Gobierno y Administración Pública de la Universidad Complutense. Interesado en temas como administración pública, descentralización territorial, desarrollo regional y urbano y desarrollo institucional. institucional.

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