Enrique Peñalosa, el hombre que me roba el sueño desde enero

5 mayo, 2016 |

 

Hace unos días cuando iba en la buseta, me acordé que no llevaba mi kit de tejido, serían las casi dos horas más largas de mi vida. Así que para evitar estar conmigo misma, me puse a pensar sobre qué podría escribir esta semana. Cuando de repente me iluminé, acababa de tener una muy buena idea, escribiría sobre mis conversaciones con la gente en el bus, así haría una secuela de “Crónicas de buseta”, algo como “Crónicas de buseta recargadas” o “Crónicas de buseta: el despertar de la fuerza.”

Quienes me conocen saben que me cuesta socializar con la gente, por eso me vi obligada a diseñar una estrategia para hacerlo:

Paso 1. Romper el hielo: Subir las cejas y sonreír.

Paso 2. Iniciar la conversación de forma casual: “El trancón esta tenaz”, “El clima en Bogotá está cada vez más loco, ¿no le parece?”

Paso 3. Sostener la conversación: Mirar atentamente a la persona y asentir con la cabeza cuando responde.

Paso 4. Poner un tema clave: Hablar de un tema de coyuntura de Bogotá, para conocer su opinión.

Una vez diseñada la estrategia, al día siguiente, llena de valor la implementé. Me senté. Paso uno listo. Paso dos listo. Paso tres, una respuesta monosilábica, una mirada. Paso tres, no hay paso tres, fracasé. Así lo hice con varios pasajeros y pasajeras. Entonces lo pensé mejor y decidí escribir sobre el hombre que me roba el sueño desde enero, Enrique Peñalosa.

Aunque siempre fue claro que Peñalosa no es un buen candidato para nada en lo que se postule, si es claro que tiene sus intereses bien definidos y no están precisamente orientados hacia el bien de la ciudad. Claro que todos tienen sus intereses definidos, Bogotá fue siempre vista por Petro como un puente a la presidencia, o fue el escampadero para más de un candidato presidencial, sin embargo, el descaro no llegaba al nivel de imponer decisiones absolutamente impopulares, pues siempre fue importante la legitimación por parte de un mínimo sector capitalino, para avanzar hacia el Palacio de Nariño, por ejemplo.

En el caso de Peñalosa, parece que no le importa dar argumentos válidos, ni coherentes, como sus justificaciones sobre la Reserva van der Hammen, la venta de la ETB, la privatización de los hospitales públicos, TransMilenio, el Metro. Ya mucho han escrito de estos temas, eso toca abonárselo a Peñalosa, incentiva la escritura y la investigación.

Lo que me interesa no es si están bien o mal sus propuestas de ciudad, sino cómo a pesar de estar en el momento de ser un alcalde popular y aclamado, tiene una popularidad menor a la de Petro en su peor momento, y casi comparable a la de su primer año de gobierno cuando el Tiempo titulaba:

Peñalosa, al borde del hueco

Nadie duda que la luna de miel entre el alcalde Enrique Peñalosa y Bogotá se esfumó hace rato. Cuando hace falta solo un mes para que cumpla su primer año de gobierno, el mandatario está afrontando su primera gran crisis.” (El Tiempo 22 de noviembre de 1998).

La diferencia es que esta vez apenas han pasado algo más de cien días de gobierno y ya tiene una imagen desfavorable del 60%, según la firma Ipsos Napoléon Franco.

Pese a que las decisiones de un mandatario no sean aprobadas por la ciudadanía, normalmente quien detenta el poder busca demostrar sus beneficios por medio de estudios, validación de intelectuales, incidencia en la opinión pública mediante propaganda institucional o por medios masivos de comunicación. Sin embargo, parece que esta fórmula impajaritable y exitosa no es usada por la “Bogotá para Todos”, que está alejada de un adecuado manejo de imagen y discursivo del alcalde.

Más allá de criticar al equipo de prensa, me surgen varias preguntas ¿Será que a Enrique Peñalosa no le interesa seguir con su carrera política? Lo digo porque parece que le está apostando a la muerte súbita, regalándole a la oposición todos los argumentos para ser atacado, ¿será que su papel como burgomaestre se reduce a cumplir con unos negocios específicos? ¿Será que no ha escuchado a Francis Underwood, cuando dice que lo importante no es el dinero, sino el poder y por eso está dispuesto a perder el poder a cambio de dinero?

Stephanía Pinzón Hernández

Licenciada en Ciencias Sociales de la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia. Máster en Derecho de la Universidad Nacional de Colombia. Estudios en comunicación política en la Universidad Complutense de Madrid.

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