En Bogotá respiramos veneno (1)

5 octubre, 2018 |

En 2007 los casos de niños menores de 5 años atendidos en Bogotá por Enfermedad respiratoria aguda fueron 29 mil según el Observatorio Ambiental de la ciudad. Para 2016 el número de niños fue de 51.170 lo que significó un incremento del 43% de los casos.

En 2011 la alcaldía de Bogotá promulgo el Plan Decenal de Descontaminación del Aire con asesoría de la Universidad de los Andes, nos quedan tres años.

La alcaldía de Peñalosa derogo El decreto 098 del 2011 – producto de ese plan decenal – y todo lo referente al programa de filtros que pretendía obligar el uso de la tecnología de control de emisiones o filtros de partículas a la totalidad de la flota diésel (2000 buses de Transmilenio, 6800 buses del SITP y los más de 5000 buses y busetas del transporte público colectivo) que circula por la ciudad.

Paralelo al programa de filtros derogado es urgente la renovación de la flota de buses que lleva más de 10 años rodando por la ciudad y hoy son chimeneas gigantes. Alargar la vida útil de todos esos productores de cáncer no es la vía y tampoco la solución que ha dado nuestro alcalde sin doctorado y es comprar buses que ya están prohibidos en muchos lugares del mundo. No tiene sentido que en una ciudad como Bogotá no se le apueste al transporte eléctrico.

No podemos obviar la chatarrización incompleta de esas latas horribles que llevaban décadas rodando y digo incompleta porque además de los tropiezos falta sacar muchas latas-chimeneas rodantes de circulación

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el humo de los motores diésel es cancerígeno y estos filtros garantizan la retención de hasta el 95% de las partículas contaminantes de sus exostos según expertos suizos y colombianos de la Universidad Nacional y los Andes.

Los elementos más comunes de contaminación del aire son el ozono, el dióxido de nitrógeno, el dióxido de azufre y el material particulado que viene en tres tamaños

  1. Más grandes que 10 milésimas partes de un milímetro
  2. Entre 10 y 2.5 milésimas partes de un milímetro y
  3. Más pequeñas que 2.5 milésimas partes de un milímetro.

Estas últimas son las más peligrosas, llamadas comúnmente como partículas ultra finas y son las que más fácilmente terminan alojadas en los bronquios y circulando por nuestra sangre causando a largo plazo problemas cardiovasculares, pero principalmente respiratorios además del cáncer ya señalado y reduciendo nuestra expectativa de vida.

Además de los automotores, los principales generadores de estos elementos contaminantes del aire son las fábricas. Por eso localidades como Kennedy y Fontibón son las más contaminadas de la ciudad.

Esa derogación, la del decreto, es una equivocación según los mismos expertos ya mencionados. Lo único que garantiza es más ganancias para los dueños de los buses y una atmosfera cada vez más toxica para la salud de las bogotanas y los bogotanos.

Una política responsable que busque realmente la calidad del aire en la ciudad debe tener mínimo cinco pilares:

  1. Buscar la eficiencia energética
  2. Promover los combustibles limpios y/o energías alternativas
  3. Obligar al uso de tecnologías de control de emisiones
  4. Siembra de árboles
  5. Volver a poner en marcha el sistema de préstamo de bicicletas (recuerden que Peñalosa acabo con los pilotos) y masificarlo en la ciudad junto al montaje de un sistema intermodal de movilidad que tenga como columna vertebral un metro subterráneo y eléctrico. No el horrible TransMilenio.

A nivel nacional se han dado pasos tímidos pero importantes para amortiguar los daños a nuestro aire como por ejemplo la Ley 1205 de 2008 para obligar la mejora del ACPM que se comercializa en el país.

Otro ejemplo fue el decreto que también derogo Peñalosa que obligaba a que la reposición de taxis fuera por vehículos de cero emisiones contaminantes. (O sea taxis eléctricos). Tengan en cuenta que se necesitan mayores puntos de recarga para los vehículos eléctricos, pues solo existen dos en la ciudad, un gobierno que se tome enserio esta alternativa a los combustibles fósiles debe invertir más recursos en la apertura de más puntos de este tipo.

Es cierto que hoy existen buses eléctricos en Bogotá, pero no se puede negar que los 340 buses zonales y troncales con tecnología hibrida y eléctrica no son suficientes frente a la flota diésel que se mantiene rodando en Bogotá.

Generalmente cuando se señalan problemas como el que les estoy exponiendo se argumenta de manera mezquina que las soluciones son muy caras como si nuestra vida si se pudiera comprar o vender, cuando los datos nos dicen que el beneficio social y económico asociado con un buen aire es hasta siete veces mayor al costo de las medidas que se requieren para lograrlo. Por ejemplo: Si el SITP actual bajara la emisión de partículas contaminantes de 71 a 46 toneladas anuales Bogotá se ahorraría 92 mil millones de pesos en el tratamiento de enfermedades respiratorias durante los 5 años siguientes

Algo que caracteriza la administración de Peñalosa es descartar las recomendaciones académicas y priorizar las ganancias de los dueños de la ciudad (constructores y los dueños de TransMilenio o el sistema de recolección de basuras, por ejemplo). Lo hizo con el problema de la calidad del aire lo hace con la mayoría de las decisiones de su administración. Eso no es gerencia ni administración, y menos decisiones técnicas, es corrupción de la más canalla y sinvergüenza.

El sector de la ciudadanía que más me preocupa como víctima de la calidad del aire es el de la bici usuarios de la ciudad por el que esta alcaldía y las anteriores sacan pecho.

Los mejores cálculos nos dicen que aproximadamente en Bogotá se realizan diariamente entre 650 mil a 700 mil viajes diarios en bicicleta sobre todo por los altos costos del TransMilenio, que en la administración de Peñalosa aumento el precio del pasaje hasta en un 50%, lo que se traduce en que la mayoría de los bici usuarios es la gente más humilde de la ciudad y por lo tanto la que menos le importa a la administración distrital.

Según un estudio de la Universidad Nacional en donde se hizo una medición de cinco de las principales vías que tenemos automotores y ciclistas la contaminación del aire está peor que en ciudades como Londres o Sídney. De este estudio se descubrió que un peatón inhala caminando por la 26 en hora pico 35 mil millones de partículas ultra finas (de esas que describimos al principio) mientras que una bici usuaria puede llegar a inhalar hasta 133 mil millones.

Debemos formular planes de ordenamiento territorial que no solo piensen en infraestructura, vivienda y la puesta en marcha de sistemas de trasporte masivo impulsados por combustibles fósiles. El ordenamiento territorial responsable debe pensar en la calidad de aire que se respira en la ciudad y pasar de los experimentos y las pruebas a las políticas agresivas para cuidar nuestros pulmones.

No podemos priorizar la construcción de vías para que entren cada vez más automotores a la ciudad. Debemos impulsar un cambio cultural para que el transporte masivo sea sostenible y eso pasa por el desarrollo de un sistema de líneas de metro subterráneo y eléctrico que aliviane la carga de los buses de la ciudad que no pueden ser el centro del sistema. No nos sirve construir metros elevados como alimentadores de nuevas troncales de TransMilenio.

Continuara…

Shameel Thahir Silva

Politólogo y Magister en Estudios Políticos Latinoamericanos de la Universidad Nacional de Colombia. Ciclista urbano. Enamorado de Bogotá y con ganas de servirle a su gente. Preocupado por un país en donde quepamos todxs.  Twitter: @ShameelThahir

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