El gobierno de Enrique Peñalosa no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase capitalista.

6 abril, 2016 |

La información reciente de El Espectador sobre los propietarios de la reserva Van der Hammen y diversos artículos de prensa entre los que se destaca el de Aurelio Suárez sobre la plutocracia en Bogotá aportan indicios y evidencias para confirmar la afirmación de Marx en el Manifiesto del Partido Comunista: “el gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa.” (1) Claro está que dentro de la clase burguesa tienen prelación, como en Bogotá, los grandes capitalistas, por ejemplo,  los propietarios de tierra, los grandes constructores y los bancos. ¿Podría ser de otra forma? Probablemente no: es evidente dentro del capitalismo que quienes tienen mayor poder económico tienen también mayor poder político y obviamente los gobernantes se verán inclinados a atenderlos siempre de mejor forma.

Peñalosa cree en el capitalismo

Dice Juanita León que a los 13 años Peñalosa estaba convencido de que el socialismo era el camino pero que en la universidad entendió que había subestimado la ineficiencia del sistema socialista y entonces “se convirtió al capitalismo”. Y si el capitalismo es un sistema que se basa en la explotación del hombre por el hombre, en la concentración y centralización de la producción y del ingreso en unas pocas manos, ¿qué más podemos esperar de un converso al capitalismo? ¿Qué se afilie al partido comunista y proponga acabar la propiedad privada y crear una sociedad socialista? Pues no. Capitalismo es capitalismo y por tanto lo que hay que hacer es rodearse de capitalistas y hacer todo lo posible para que les vaya bien. Peñalosa es coherente con sus creencias, ni más faltaba.

Lo que es bueno para Pedro Gómez es bueno para Bogotá

La religión capitalista hay que practicarla cotidianamente, no basta con ir a misa de vez en cuando. Y por tanto, Peñalosa, ni corto ni perezoso, adaptó el eslogan de Wilson en Estados Unidos de lo que es bueno para la General Motors es bueno para los Estados Unidos y lo transformó en lo que es bueno para Pedro Gómez es bueno para Bogotá, y para demostrar que no es un hombre sólo de palabra, nombró en su equipo de gobierno a un ex empleado de don Pedro y a otros provenientes de empresas o gremios capitalistas. El alcalde es completamente coherente.

Peñalosa no cree en redistribuir el ingreso hacia los pobres

Y para ratificar su conversión al nuevo credo, le dice Peñalosa a Juanita León que desde muy niño estaba obsesionado con el tema de la igualdad y el desarrollo económico, pero ya de grande no cree en combatir la desigualdad de ingresos: “La discusión sobre la distribución del ingreso que hacen los economistas es realmente carreta, porque en realidad no hay maneras prácticas de cambiarlo.” El capitalista converso es consecuente y por eso ni una propuesta sobre el tema en su programa de gobierno, ni en el proyecto de plan de desarrollo. Pero es difícil creer que un urbanista tan famoso como él no sepa cómo afectar la distribución del ingreso, pero a favor de los capitalistas, basta con cambiar un artículo en un POT para multiplicar el valor de las propiedades de algunos de correligionarios y por tanto su proporción dentro de la riqueza total.

Pero además hay que vender ilusiones

Peñalosa adaptó el eslogan de Wilson de lo que es bueno para la General Motors es bueno para los Estados Unidos y lo transformó en lo que es bueno para Pedro Gómez es bueno para Bogotá.

Sin embargo el asunto no es tan simple. La afirmación de Marx ha sido criticada por ser una visión muy estrecha e insuficiente sobre el Estado, y en los últimos 150 años el capitalismo y su Estado han aprendido muchas cosas. Frente a las consecuencias del capitalismo en cuanto a la explotación, la pobreza y la miseria de la mayoría de la población, y la organización política de las clases trabajadores y el temor del conflicto político, la protesta y la revuelta, el Estado capitalista responde haciendo concesiones,  reprimiendo, y promoviendo ideas falsas sobre el sistema capitalista, en una combinación de estos elementos que varía según las circunstancias. En una ciudad como Bogotá, el Estado complementa el salario de los trabajadores asalariados y por cuenta propia ofreciendo servicios gratuitos o subsidiados en educación, salud, alimentación, cuidado infantil; se encarga de infraestructuras colectivas de transporte, espacio público y ciertos servicios. Cumple por tanto una función social cuyos principales beneficiarios son los dueños de la ciudad. Pero sobre todo, busca promover la idea de que es una institución que busca el interés común y está por encima de intereses particulares para que la gente no sea consciente de que en Bogotá  un porcentaje pequeño de la población se apropia de la gran mayoría de los beneficios del sistema.

Es posible que Peñalosa crea en su visión de ciudad, en la felicidad como propósito máximo, en la igualdad de la gente en el espacio público y en todas las demás ilusiones que ocupan buena parte de su plan de desarrollo. Pero todo esto es irrelevante frente a su tarea fundamental: defender los intereses de los más ricos, haciéndose pasar por un urbanista visionario que busca la felicidad de todos.

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(1) Marx, Karl & Engels, Friedrich. «Manifiesto del Partido Comunista», en Obras Escogidas. Moscú: Editorial Progreso: pgs. 34-35

Alberto Maldonado

Economista de la Universidad Externado de Colombia, Doctor en Gobierno y Administración Pública de la Universidad Complutense. Interesado en temas como administración pública, descentralización territorial, desarrollo regional y urbano y desarrollo institucional. institucional.

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