¿De qué se tiene que “Recuperar a Bogotá”?

23 octubre, 2015 |

Según la última encuesta de percepción ciudadana de “Bogotá Cómo Vamos”, el 73% de los bogotanos piensa que la ciudad “va por mal camino”. ¿A qué horas la ciudad perdió “el camino”? Aunque sería más preciso preguntarse: ¿Acaso alguna vez la ciudad tuvo “un camino”? ¿Hay que “recuperar a Bogotá”?

Es imposible negar el cambio que tuvo la ciudad hacia finales de la década de 1990 e inicios de los años 2000, si se compara a cómo se encontraba la ciudad antes de dicho período. También sería tonto negar que a pesar de las muy buenas intenciones que ha tenido la administración de Gustavo Petro y de varios programas exitosos (aunque pobremente divulgados), su personalidad y estilo de gobierno hayan generado una fea resistencia ante la ciudad y frente al embate de sus opositores, por lo que muchas de esas ideas quedaron inconclusas, o generaron más inconvenientes a la ciudad.

 Esa narrativa de que la ciudad “perdió el camino” cada vez más parece una especie de “coco” promovido por ciertos sectores políticos y económicos de la ciudad.

Pero sin desestimar los resultados de la encuesta, la cual refleja percepciones válidas de muchos ciudadanos, esa narrativa de que la ciudad “perdió el camino” cada vez parece más una especie de “coco” promovido por ciertos sectores políticos y económicos de la ciudad que parte de un desconocimiento profundo de cómo Bogotá es lo que es hoy que, a pesar de sus problemas e inequidades, aún cuenta con muchas fortunas, las cuales van más allá de cualquier gobernante de turno.  

El “milagro de Bogotá”, atribuido a la administración de figuras atípicas en su momento para la política local como Antanas Mockus y Enrique Peñalosa, hace  olvidar por momentos que la transformación que tuvo la ciudad hace unos años, y que además fue parcial, no debe verse desligada de momentos específicos en la historia política y económica del país que convergieron en Bogotá. Por ejemplo, ya algunos analistas han indicado una relación entre política, medidas de transformaciones urbanas, seguridad y modelo de ciudad. En concreto, en Colombia nos gusta y conforma eso de mantener una imagen “bonita” sin resolver problemas estructurales y de fondo, en este caso de una ciudad que histórica y constantemente ha reproducido inequidad y segregación, a pesar de su inimaginable diversidad social y sorprendente geografía: ¿cómo no sentirse orgulloso con una ciudad cuyo paisaje es moldeado por cerros y humedales?     

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Foto: Angélica Conde

El paso del tiempo de cierta manera ha puesto en evidencia que esas transformaciones relacionadas a la recuperación del espacio público, la seguridad y la movilidad, terminaron siendo algo coyuntural. Tarde o temprano se tenían que hacer y no fueron tan “revolucionarias” como se ha pregonado. Las cosas que la ciudad necesitaba en aquel momento (hace 15 años) se resolvieron como es usual: por salir del paso, con las mismas marrullas legales y administrativas de siempre y sin proyección ni visión de largo plazo. No quiero alargarme mucho en este punto, porque algunos ya lo han descrito con casos concretos como el de Enrique Peñalosa, pero es bueno seguirse preguntando: ¿Por qué no se estableció desde un principio y cuándo se pudo hacerlo: un plan de Ordenamiento Territorial de largo plazo; una integración metropolitana con otros municipios de manera seria y concertada; un Sistema de Transporte Público Multimodal (con metro) o un Sistema Público de Aseo y Manejo de Residuos?  

Precisamente, muchos de los problemas que actualmente copan la agenda de ciudad se concentran en asuntos como mejorar la eficiencia de la gestión pública, resolver problemas de movilidad y transporte, seguridad, mejorar el acceso y uso efectivo del espacio público para múltiples actividades urbanas o mejorar las condiciones ambientales y recuperación de ecosistemas urbanos. Aunque éste último asunto, siendo también un debate legítimo de ciudad, sigue estando al margen y circunscrito a grupos sociales sensibles al tema. Por ejemplo, el poco control o planeación de la urbanización en zonas de cerros y humedales, el impacto al paisaje por actividades de minería (cuenca del río Tunjuelo), la relación de la ciudad con su ruralidad o la bomba de tiempo que es el relleno sanitario de “Doña Juana”, por solo nombrar algunos conflictos, son productos precisamente de un modelo de ciudad claramente insostenible y sin planeación.  

El poco control o planeación de la urbanización en zonas de cerros y humedales, el impacto al paisaje por actividades de minería o la bomba de tiempo que es el relleno sanitario de “Doña Juana”, por sólo nombrar algunos conflictos, son productos precisamente de un modelo de ciudad claramente insostenible y sin planeación.

Por tanto, la manera en cómo se ha establecido el modelo de ordenamiento y ocupación de la ciudad es fundamental para entender muchas de sus problemáticas más puntuales y cotidianas. No solo se trata que los gobiernos que sucedieron a las administraciones Mockus-Peñalosa (Luis E. Garzón, Samuel Moreno, Clara López y Gustavo Petro) les hayan faltado la “gerencia”. Tiene que ver, en efecto, pero es mucho más complejo que eso, además porque una ciudad no se gerencia (a propósito, ¿a qué hora nos metieron en la cabeza esa falaz idea?).  

La convergencia de diversos y poderosos intereses que suscita una ciudad de las dimensiones de Bogotá hace que concurran y existan no solo diferentes maneras de ver y concebir la ciudad, sino de controlarla. No en vano sucedió algo como “El Carrusel” de la contratación. Por tanto, el desarrollo y crecimiento de Bogotá y su área metropolitana no han estado exentos de la influencia de múltiples intereses económicos asociados a los flujos de capitales nacionales e internacionales (con sus debidas representaciones “orgiástico-partidistas”), que de una u otra manera ha incidido en las políticas de planificación urbana. Sobre este asunto en particular, el tema de las curadurías urbanas y los desarrollos urbanísticos e inmobiliarios son un fiel reflejo de cómo a través de jugadas muy sucias se ha terminado por controlar y especular con el suelo en la ciudad.  

Se suma a lo anterior la migración y el desplazamiento (forzado o no forzado) de población proveniente de todo el país, además de la concentración del poder político y financiero y del establecimiento de servicios urbanos que, como ha sugerido Julio Carrizosa en su más reciente libro, ha resultado en una gigantesca urbe que no ha logrado conformar una integración social necesaria para el manejo adecuado y sostenible de su territorio urbano y rural.   

Foto: Angélica Conde

Por momentos la urgencia de la vida cotidiana de una metrópolis como Bogotá hace que estas dinámicas se pierdan de vista para el ciudadano común, pero que de una u otra forma se sienten en el día a día. A pesar de ello, si nos vamos de nuevo a las cifras y datos de la encuesta de “Bogotá Cómo Vamos”, vemos que la ciudad, a pesar de sus gobernantes de turno, sigue manteniendo varios índices de bienestar social y cultural y de gobernanza muy por encima de otras ciudades del país, e incluso del mundo (1,2,3,4).

Más que “Recuperar a Bogotá” o que la ciudad necesite a una especie de mesías que venga y solucione todos los problemas, necesita primero repasar su historia reciente.

De otro lado, y si nos encontramos urgidos por hallar alguna solución para la ciudad, en Bogotá se encuentran valiosos ejemplos de acción y movilización social con historia política, que han presionado en mayor o menor medida por arreglos e institucionalidades que han promovido la importancia no solo de asuntos ambientales, como la defensa de cerros, ríos y humedales, sino de un derecho a vivir en una ciudad más amable. Estas iniciativas necesitan estar presentes con mayor fuerza en proyectos más amplios de ciudad, ya que de cierta manera dichas han mantenido vivos los debates urbanos. No obstante, los arreglos políticos, sociales y, en general, institucionales existentes actualmente para la planeación y ordenamiento de la ciudad de manera participativa (más no representativa), no han dado la suficiente talla para asumir el reto.     

Más que “Recuperar a Bogotá” o que la ciudad necesite a una especie de mesías que venga y solucione todos los problemas, necesita primero repasar su historia reciente, ver qué aciertos se deben continuar (porque hay muchos) y reconocer ante todo sus múltiples desigualdades, las cuales corresponden a un modelo de ciudad, reflejo geográfico y espacial, del modelo de desarrollo que tiene un país como Colombia. Incluso, bajo esta perspectiva la ciudad tiene un potencial enorme para ser un laboratorio urbano que aporte a un consenso sobre el concepto de “lo público”, que cada vez más es un concepto “caja negra” para justificar decisiones desafortunadas de ciudad.  

Germán Quimbayo

Ecólogo – MSc. en Geografía Recorriendo y “estudiando” a Bogotá, he cultivado ante todo mi ser y oficio. He tenido experiencia en temas de ordenamiento territorial y participación comunitaria ambiental en entornos urbanos, tanto como investigador independiente como haciendo parte de procesos con instituciones del ámbito Distrital y Nacional. Actualmente soy estudiante de doctorado en Política Ambiental en el Departamento de Estudios Geográficos e Históricos de la Universidad de Eastern Finland. Ah, y amo apreciar música. Twitter: @gquimbayo Página de Internet: https://uef.academia.edu/gquimbayo

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