Crónicas de buseta

20 abril, 2016 |

Casi toda mi vida laboral se ha desarrollado cerca de mi casa, teniendo así el privilegio de almorzar en la comodidad del hogar. Escuchaba eso sí, las quejas de compañeros del trabajo por trancones, horas de viaje, y muestras de afecto o interés no solicitadas por parte de algunos caballeros, temas que para mí eran lejanos, lo más cercano que conocía de un trancón era el de cobijas. Pero las cosas buenas no duran para siempre, éste año tengo que irme en buseta hasta el trabajo.

Esta nueva etapa me ha hecho padecer en carne propia el transporte público en Bogotá, desde “vaya para atrás reina”, estar casi dos horas de pie y apachurrada cuidando el celular, los eternos trancones y la angustia por llegar tarde al trabajo o llegar temprano a la casa.

Aunque no todo es malo, cuando logro ir sentada practico el tejido en crochet y he sacado ya un gorro y empecé una maleta.

Ante mi angustia me han sugerido montar en bicicleta, ir en patines al trabajo, en fin, soluciones que para mí no lo son. Aunque el uso de la bicicleta se ha extendido en los últimos años en la capital y sin lugar a dudas ha mejorado la infraestructura para ello, temas como la seguridad, el respeto al biciusuario, la pereza, entre otros, evitan que sea una alternativa para mí.

TransMilenio tampoco lo es, mi trabajo está lejos de cualquier estación. Además de buses llenos, frecuencias irregulares y pagar caro por ir igual o peor que en un una buseta. El SITP tampoco viabiliza mi traslado, pues teniendo en cuenta todos los transbordos que sugiere Moovit, es una alternativa aún más costosa.

Taxi y Uber ya son lujos, cuando voy tarde muy tarde al trabajo, que se da con mucha frecuencia, mis rápidas conversiones de cuántos almuerzos por carrera, me impiden si quiera descargar la aplicación. Además, en el caso de los taxistas cuando no se trata de sus muletillas “por allá no voy”, “esta ruta es mejor” entonces son sus taxímetros alterados, o el “mejor quédese por aquí, no me voy a meter en un trancón”.

Por ultimo queda la buseta, conductores agresivos, machistas, los tubos del techo diseñados para gente alta y no de baja estatura como yo, sobrecupo, la competencia por el puesto en la que por supuesto, por mi falta de experiencia en análisis de movimientos, siempre pierdo y la incertidumbre de la velocidad a la que irá la buseta.

Me puse a hacer cuentas de cuánto tiempo perdía en un año yendo del  trabajo a la casa y de la casa al trabajo, 38 días. Lo peor es que trabajo en una localidad de la que vivo y son casi dos horas de viaje en más o menos 85 cuadras en línea recta. Según google es un trayecto de 47 minutos.

El problema de la movilidad no se reduce a la construcción de vías, aunque si es importante, son necesarias soluciones contundentes como el metro. Es vergonzoso que una ciudad capital en pleno 2016 no tenga Metro, sino años y años de estudios que no se traducen en hechos concretos. También lo es que la ciudadanía elija a un gobernante para que engorde sus bolsillos, que trama con discursos de supuesta experticia técnica, que se ven reducidos a los negocios que tiene con empresas como Volvo, si, la misma a la que TransMilenio le compra los buses. Pero no me voy a meter en esos terrenos.

Aunque claramente no soy experta en temas de movilidad y solo hablo por mi experiencia de un mes, ha sido tiempo más que suficiente para ver la necesidad de alternativas reales para todos, para personas como yo que no vamos en cicla al trabajo,  para ver que TransMilenio se le quedó cortó a Bogotá y no es una solución estructural, como tampoco las propuestas del Plan de Desarrollo “Bogotá Mejor para Todos”, en términos de movilidad, que viéndolo sin sesgo político, es más de lo mismo, más TransMilenio y campañas de cultura ciudadana que no tendrán impacto hasta que la ciudadanía no sea dignificada y tratada como tal.

Después de cerca de un mes en esta incertidumbre para llegar al trabajo y a mi casa, me pregunto ¿cómo quienes llevan años así, no apoyan alterativas que dignifican la vida como el Metro?, ¿será que el maltrato diario en el transporte público ya fue naturalizado? ¿Cómo apoyar propuestas de ciudad más caótica y ruidosa con un metro elevado?, ¿Será que quienes llevan años usando el transporte público están acostumbrados a ser tratados como vacas que van al matadero? La verdad es que me rehúso a ser mal-tratada.

Stephanía Pinzón Hernández – @TerribleStepha

Licenciada en Ciencias Sociales de la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia, esperando el cartón de Máster en Derecho con Perfil Investigativo de la Universidad Nacional de Colombia. Estudios en comunicación política en la Universidad Complutense de Madrid. Integrante de la Revista Hekatombe.

Stephanía Pinzón Hernández

Licenciada en Ciencias Sociales de la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia. Máster en Derecho de la Universidad Nacional de Colombia. Estudios en comunicación política en la Universidad Complutense de Madrid.

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