¿Crisis en la gestión cultural de Peñalosa?

8 junio, 2016 |

Las recientes tensiones en la gestión cultural de Bogotá y de la nación provocaron que la revista Semana[1], en artículo y foro, se preguntara por las causas y formas de su aparente crisis. No es para menos. Semana se ocupa principalmente de las artes y solo de modo tangencial del patrimonio cultural. En este artículo quiero hablar apenas de Bogotá y, a manera de mosaico compuesto por cuatro cuadros independientes, presento algunas reflexiones que evidencian los aprietos en los que se encuentra la gestión cultural en el inicio del gobierno Peñalosa.

Aunque «Bogotá mejor para Todos» tiene todavía camino por delante, es claro que este estreno ha sido dificultoso. Pareciera, pues, que hemos asistido a la llegada de un grupo de liquidadores y no de gerentes de la cultura y, en fin,  de directivos necios que se aplican  al “borrón y cuenta nueva” sin análisis calificados y sin el equipaje de buenas propuestas.

A manera de ante-texto, traigo a cuento un par de referencias rápidas a la apuesta de la cultura en el Plan Distrital de Desarrollo de Enrique Peñalosa; me había extendido en el tema del patrimonio cultural, en marzo pasado, en este mismo portal Imagina Bogotá[2] y en Semana.com[3]. Considero oportuno recordar que me sobresaltó la pobreza en las conceptualizaciones contemporáneas de los problemas de la ciudad, de la cultura misma y de la manera como estas dos temáticas se relacionan en una visión de territorio, en este plan. Debo señalar también, como lo había sustentado antes, que encontré escaso y regresivo el planteamiento para el patrimonio cultural.

 

Que ruede el cine

Insensata la ocurrencia de la secretaria de cultura de cancelar la obra de la nueva sede de la Cinemateca Distrital, entre otras razones, porque se trata de un proyecto que aporta a la revitalización del centro tradicional, prometido por ella misma. La secretaria López viene de trabajar casi veinte años en el gobierno central y su muy larga carrera como funcionaria pública la obliga a conocer que su decisión era irregular. La Cinemateca cuenta con un proyecto arquitectónico que obtuvo previamente permisos y licencia de construcción. Una obra adjudicada mediante licitación pública y con dineros depositados en un patrimonio autónomo, en fiducia, solo se puede reversar en casos extremos. Aquí no existía problema alguno y la obra se encontraba debidamente financiada. ¿Dónde se ha visto que un gerente no asuma una construcción ya programada, porque no está el dinero de la dotación? ¿No se trataba acá simplemente de cumplir las leyes vigentes de contratación pública?  En todo caso, es de celebrar la cohesión y contundencia del gremio del cine y la inclusión en el citado Plan de Desarrollo. La película todavía está por verse.

Que suene la Música

El proyecto de la Casa de la Música, que incluye, entre otros espacios, la sede de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, ha exigido la participación activa de los músicos e ingentes esfuerzos de múltiples funcionarios públicos. El avance del 70% en el diseño arquitectónico que adelanta la Universidad Nacional de Colombia (datos de Manuel Villa, director del proyecto) ha implicado pagos parciales, conforme a la entrega de productos, y desembolsos por concepto del subcontrato de acústica, con la firma inglesa Arup. Es decir, la inversión de recursos de los ciudadanos no se puede malograr ahora. No existían problemas técnicos y las diferencias contractuales entre la Empresa de Acueducto de Bogotá, el contratante, y la Universidad, el contratista, tenían solución, claro está, siempre y cuando existiera voluntad política para dotar a la ciudad de un equipamiento cultural que la situaría a la altura del título que le otorgó la UNESCO: Ciudad Capital de la Música. ¿Dónde están los gerentes? ¿Prefirieron el camino demorado de las demandas? ¿Suspender este proyecto no se llama, en suerte, detrimento patrimonial? Nuestra muy conservadora secretaria de cultura debería dar una mirada a la continuidad que otorga Medellín a proyectos que inicia una administración y concluye otra, no siempre de la misma orilla ideológica; esto no es más que civilidad y pragmatismo.

 

De magos y APP

La mención reiterada que hacen los directivos del sector cultural a las asociaciones público-privadas –APP-, sin que se avance en el tema, hace pensar que se desconoce el mecanismo. Pareciera que se confunde APP con el mecenazgo y, así, con una mágica solución. Al contrario, al privado se le debe dar la oportunidad de recuperar su inversión con recursos provenientes de pagos de los ciudadanos, trátese de pago de boletería, peajes o cualquier otro tipo de tributos. Aquí nada se regala y, por lo demás, se trata de un negocio soportado por muy complicadas normas de difícil cumplimiento y que retrasan los tiempos de ejecución.

Y del Cartucho al Bronx

El comunicado del sector cultural, con ocasión de la intervención policial en el Bronx[4], deja ver que sus directivos se interesan más por la recuperación de los hitos arquitectónicos y no así por la reconstrucción de los tejidos urbanos céntricos. Nadie duda que recobrar estos territorios es indispensable para la gobernabilidad del centro. Todos nos conmovemos frente al drama humano que allí se vivía. No obstante, sigo pensando que constituye equívoco mayúsculo la demolición de la ‘L’ y vecindades sin que previamente exista un proyecto de reconfiguración urbanística de la zona.

El Bronx hace parte funcional del centro tradicional, sector donde aplicaría principios de UNESCO (2011) en relación con intervenciones contemporáneas que reconfiguren paisajes urbanos históricos y combinen transformaciones físicas y sociales con el patrimonio cultural del entorno. En el siglo XXI, estas difíciles cirugías urbanas no se piensan ya como partes autónomas sino, bien distinto, como piezas de rompecabezas de un conjunto urbano. Hay que evitar la “renovación urbana a la brava” de los centros de ciudad, de la cual habla Germán Téllez Castañeda en la nota que se publica al tiempo con esta columna, porque sus efectos, como bien lo demuestra el parque Tercer Milenio, inducen el alzhéimer en la ciudad. Aislar funcionalmente zonas que hacen parte de un conjunto, conlleva de nuevo al deterioro o, incluso,  a la muerte urbana.

 

[1] Semana.com. (2016/05/28). “¿Hay crisis de la cultura en Colombia?” (http://www.semana.com/cultura/articulo/cultura-y-su-papel-en-el-posconflicto/475468)

[2] Imagina Bogotá, Patrimonio Cultural y Plan de Desarrollo (http://imaginabogota.com/columna/patrimonio-cultural-y-plan-de-desarrollo/)

[3] Semana.com. (2016/03/11). “Plan de Desarrollo y Patrimonio Cultural” (http://www.semana.com/opinion/articulo/maria-eugenia-martinez-al-plan-de-desarrollo-de-bogota-no-le-interesa-la-cultura/464868)

[4] SCRD (2016/06/01). http://www.culturarecreacionydeporte.gov.co/es/la-recuperacion-del-centro-historico-pasa-por-el-bronx?utm_source=phplist1797&utm_medium=email&utm_content=HTML&utm_campaign=Bolet%C3%ADn%20de%20noticias%20Secretar%C3%ADa%20de%20Cultura