¿Cómo es la vuelta de la segunda vuelta?

24 diciembre, 2018 |

La segunda vuelta electoral o también llamada balotaje, nace en el siglo XIX exactamente en 1852 con la instauración del Segundo Imperio francés de Napoleón III, se aplica nuevamente en la III República y surge con gran fuerza en la V República a través de la Constitución francesa de 1958. Es una institución electoral paradigmática del derecho electoral y constitucional francés. Se usa para definir entre dos candidatos o candidatas cuando en una elección ninguno supera un determinado porcentaje de los votos (por lo general mayoría absoluta).

En particular, la segunda vuelta en Colombia está consagrada en la Constitución de 1991, específicamente el artículo 190 contempla que si ningún candidato obtiene la mitad más uno de los votos en la primera vuelta, que busca estimular el multipartidismo y hacer amplia la competencia, “debe realizarse una nueva votación tres semanas más tarde” con el fin de garantizar mayor legitimidad popular al próximo gobernante. En otras palabras, esta medida se adopta con el fin garantizar una mayor votación y por tanto legitimidad en la elección presidencial. Sin embargo, de acuerdo con los datos de la Registraduría, no existe un comportamiento o tendencia que permita asegurar que la segunda vuelta ha mejorado los niveles de participación electoral en Colombia. En la siguiente gráfica se puede  apreciar el grado de abstención desde 1978 hasta la fecha:

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Pues bien, en las últimas semanas se ha venido debatiendo la propuesta de instaurar la figura de segunda vuelta para la elección de alcaldes, sin embargo, en el último debate la medida fue aprobada únicamente para Bogotá, el proyecto ya fue aprobado en tercer debate pero aún necesita el aval de cinco debates más en el Senado.

El principal argumento de quienes defienden la medida es “mejorar la legitimidad” en las elecciones a la alcaldía, al respecto es bien cierto que en los últimos 20 años el alcalde de Bogotá se ha elegido cada vez con menos votos (41 % en promedio), lo que deja a los/las gobernantes en una posición vulnerable y con una baja “gobernabilidad”.

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Entre las preocupaciones de quienes promueven la segunda vuelta se encuentra también la de prevenir las “nefastas” consecuencias de la revocatoria de mandatarios en el país, por ello llama la atención que uno de los principales sectores promotores de la segunda vuelta sea a su vez uno de los principales detractores de la revocatoria a Enrique Peñalosa, hablamos de PROBOGOTA. Para quienes no lo saben ProBogotá según su página es: “una organización sin ánimo de lucro, privada e independiente, creada por empresas líderes interesadas en el futuro de la Región Capital, que busca contribuir a hacer de Bogotá y la región un mejor lugar para vivir, trabajar e invertir”. Pero un poco más en detalle, es una organización creada en 2014 y que según las palabras de su primer presidente el ex ministro de Comercio Luis Guillermo Plata: “ProBogota es una fundación privada, sin fines de lucro creado por 30 de las empresas más importantes de la ciudad y el país que se preocupan por el futuro de la capital. Creemos que la ciudad puede ser mejor y que el sector privado puede desempeñar un papel importante en su desarrollo. (…) las discusiones sobre ProBogota comenzaron hace siete años en la creencia que el sector privado debe desempeñar un papel más involucrado más importante, más proactivo en el futuro de la ciudad. Mira ejemplos exitosos en otras ciudades; quizás el más conocido en Colombia es ProAntioquia que tiene 40 años. Existen asociaciones privadas similares en otras partes del mundo también en Nueva York, Londres, Barcelona“. El pasado mes de agosto Juan Carlos Pinzón ex ministro de Defensa, ex embajador en los Estados Unidos, y el candidato a vicepresidente de Germán Vargas Lleras, fue nombrado director de esta misma fundación.

Ante esta propuesta que viene avanzando al parecer con fuerza, en el Congreso de la República, vale la pena desarrollar una mirada crítica. En primer lugar hay que señalar que surge en el marco de la discusión de una reforma política en el país, reforma que viene siendo mutilada, postergada y usada para pequeñas modificaciones que no garantizan una autentica transformación del sistema político colombiano, en tal sentido y solo algunas cosas se usan los argumentos y propuestas de la Misión de Observación Electoral MOE, mientras otras se desechan, por ejemplo, entre sus observaciones se plantea “una estructura de tres instituciones electorales: la Registraduría Nacional del Estado Civil (RNEC), el Consejo Electoral Colombiano (CEC) y la Corte Electoral (CE). Las tres poseen funciones claramente separadas, pero deben trabajar de manera coordinada en plazos armonizados. El sistema de nombramiento de las máximas autoridades de estas instituciones asegura la ausencia de vínculos partidarios que comprometan su independencia y neutralidad, respondiendo así a una voluntad generalizada de garantizar la imparcialidad de la estructura electoral de Colombia”, claramente sin instituciones fortalecidas y legitimas para la ciudadanía, las demás serán medidas cosméticas en un modelo político y electoral tan cerrado como el que existe en Colombia, así que proponer una segunda vuelta para la alcaldía mayor de Bogotá sin transformar las instituciones, sin trabajar en la credibilidad de la ciudadanía en el sistema electoral, sin avanzar en la promoción de la participación, puede generar el efecto contrario y premiar la abstención con elevados costos sociales, económicos y políticos.

Por otra parte una segunda vuelta únicamente en Bogotá genera de facto condiciones de desigualdad frente al resto del país, afectando el ya retrasado y maltrecho proceso de descentralización, reforzando los viejos esquemas de política pública con “condiciones” especiales para la gran capital y además una enorme contradicción con las premisas establecidas en la Constitución del 91 en materia de descentralización e igualdad para todos los territorios.

Finalmente, el proyecto de segunda vuelta para la elección a la Alcaldía de Bogotá avanza sin un debate serio sobre el modelo de democracia para las ciudades, las regiones y los departamentos, poniendo en riesgo, además, los derechos políticos de los movimientos políticos minoritarios, alternativos o de oposición, que por lo general deben unirse para enfrentar las maquinarias electorales predominantes en nuestro sistema político. Por estas y otras razones el proyecto de segunda vuelta, bajo las condiciones actuales, se parece más a una estratagema para las elecciones que vienen, que una propuesta con verdaderas intenciones de mejorar la democracia en Bogotá.

 

Andrés Camacho M.

@andrescamacho_ Máster en Energías Renovables, Licenciado en Física, Ingeniero Eléctrico, Docente Universitario Vocero de la Revocatoria a Enrique Peñalosa y Somos Bogotá. Bloggero y Columnista de temas de Paz, Política, Ciudad, Energía y Ambiente.

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