Ciencia para Bogotá

3 junio, 2015 |

Nuestras universidades deberían estar muy concentradas en el estudio de todas las alternativas de movilidad, en conjunto con las estrategias de ordenamiento urbano, de tal manera que maximicemos la eficiencia, calidad de vida y competitividad sustentable de Bogotá

 

Hasta el año 2012  Bogotá recibía alrededor del 52% y Medellín alrededor del 23% de la inversión nacional, público y privado, en ACTI (Actividades de Ciencia, Tecnología e Innovación). Luego, a partir de 2013, cuando entraron a actuar las regalías de CT&i, ascendimos de 0,50% a 0,66% del PIB nacional en ACTI. Esta proporción ha variado ligeramente en favor de las demás regiones del país, en función de sus necesidades básicas insatisfechas y su población, favoreciendo principalmente a Córdoba y Antioquia.

Nuestras universidades deberían estar muy concentradas en el estudio de todas las alternativas de movilidad, en conjunto con las estrategias de ordenamiento urbano, de tal manera que se maximice la eficiencia, calidad de vida y competitividad sustentable de Bogotá.

El caso de Bogotá requiere mayor análisis, pues las regalías de ciencia y tecnología anuales han sido del orden de 20 mil millones, monto bastante superior a lo asignado por el Distrito Capital a dicho rubro anualmente y el sector privado invierte tímidamente. Con notables excepciones, la pequeña y mediana industria invierten marginalmente y la gran industria un poco más pero no en las dimensiones que se requieren para lograr un salto cuantitativo importante de productividad que nos acerque a la productividad de los Estados Unidos. Estamos muy por debajo de ellos en productividad y también en competitividad.

Las comparaciones son odiosas pero necesarias, especialmente cuando se dan en nuestra propia casa. El caso de Medellín es un referente importante y urgente de comparación: desde hace casi quince años tejieron confianza en el comité universidad-empresa-Estado a través de los famosos desayunos el primer viernes de cada mes, cita a la cual nadie falta. En 2004 la junta directiva de EPM decidió asignar el 0,6% de las ventas totales del grupo EPM a la investigación e innovación que les permita ser más productivos y competitivos y generó un ciclo virtuoso de alianzas con las universidades que resultaron  en por lo menos tres grupos activos: CIIEN, Centro de Investigación e Innovación en Energía; ARTICA, Alianza Regional de Tics de Antioquia; y, Bioentrópica, de biotecnología. Todo ello resultó en Ruta N, que hoy recibe numerosas compañías de innovación y es la base de un Distrito Tecnológico en crecimiento, que ocupará varias manzanas de la ciudad. En Bogotá han emulado este resultado un grupo de universidades y empresas en torno a Connect Bogotá, pero falta mucho más compromiso de parte de la administración distrital. Si bien el Distrito tiene méritos grandes en decisiones como la de asignar todas las regalías a la protección y consolidación del sistema de páramos y con los recursos de regalías de ciencia, tecnología e innovación ha propiciado becas y proyectos como la conversión del banco de sangre en el Centro de Biotecnología del Distrito, la proporción de presupuesto público y la inversión privada en investigación e innovación no se corresponden con el tamaño de la población y de la comunidad académica e investigadora de la capital.

Precisamente los problemas y retos de la capital deben ser los pretextos de investigación y de innovación.

Una próxima administración distrital debe recoger  las experiencias exitosas nacionales e internacionales y disparar el proceso de integrar el conocimiento como factor fundamental del desarrollo de nuestra ciudad. Precisamente los problemas y retos de la capital deben ser los pretextos de investigación y de innovación. Nuestras universidades deberían estar muy concentradas en el estudio de todas las alternativas de movilidad, en conjunto con las estrategias de ordenamiento urbano, de tal manera que se maximice la eficiencia, calidad de vida y competitividad sustentable de Bogotá. Así por ejemplo, hace mucho deberíamos estar operando un sistema sofisticado de gestión del tráfico que, con herramientas de última generación en matemáticas, logre disminuir la congestión en “tiempo real”, por  su capacidad de obtener datos en el momento mismo de los hechos en cada semáforo, para recalcular los tiempos de espera y flujo. Todo ello es posible con la calidad de nuestras universidades y centros de estudio. Otras ciudades en México y muchos otros países están aplicando algoritmos y modelos de simulación y control propios de la biología matemática para mejorar el tráfico y la movilidad; hace unos años nos distinguimos por la solución del Transmilenio y hoy nos preocupan muchos aspectos de su funcionamiento. Debemos reasumir la administración científica de los sistemas de servicios públicos con el objetivo de optimizar la calidad de vida, y la felicidad de nuestros habitantes, con conocimiento e innovación.  De la misma manera, la vigilancia, los huecos de las vías, la optimización de los consumos de energía y agua, todos son temas para mejorar mediante más conocimiento e innovación.

La estrategia de que las empresas de servicios públicos sean jalonadores de los procesos y en el caso de Trasmilenio y el SITP sean el objeto de optimización permanente con la mejor calidad y capacidad intelectual de nuestro sistema universitario público y privado es válida y necesaria. Además, beneficia a todos. Incluso, deberíamos pensar en convertir  la Universidad Distrital en la “universidad para las ciudades sustentables y competitivas” para dirigirla con vigor a producir nuevo conocimiento, soluciones reales y efectivas para las ciudades y llegar a exportar resultados de dicho esfuerzo; exportar conocimiento probado en nuestras condiciones, tanto en la forma de consultorías como en la de implementación de sistemas reales y concretos en otros países. Las alianzas nacionales  e internacionales son un buen camino.

La estrategia de que las empresas de servicios públicos sean jalonadores de los procesos y en el caso de Trasmilenio y el SITP sean el objeto de optimización permanente con la mejor calidad y capacidad intelectual de nuestro sistema universitario público y privado es válida y necesaria.

Una de las experiencias que ilustran este camino es la del Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional, que ha estudiado temas tan interesantes como los de suelo urbano, la estratificación y ordenamiento territorial. El reto es gigante e importante: se trata de recoger las experiencias construidas hasta el momento y estructurar un sistema parecido al de Medellín, con ajustes propios de las características y ventajas de nuestra capital  y hacerlo andar y crecer, para que se convierta en un verdadero Anillo de la Innovación en el cual todos quieran entrar, para servir, para crecer, para crear y ofrecer  más conocimiento y servicios a la sociedad de Bogotá, del país y del mundo.

Carlos Fonseca

Ing Civil, MSc,M.A.; PhD (c) Ex- Director COLCIENCIAS e Ideam. Viceministro ambiente consultor internacional,docente, ciudadano cívico actual director SIMBIOSIS

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