Ni con las cifras infladas de crecimiento urbano de Peñalosa se necesita Chingaza II

25 marzo, 2019 |

En el día del agua Antonio Navarro, precandidato a la Alcaldía de Bogotá,  prendió el debate con un trino sobre la necesidad de estudiar el proyecto Chingaza II para el abastecimiento de agua de Bogotá y de la sabana. El sentido del trino no era señalar la inconveniencia de este proyecto sino, más bien, hacer eco a voces que han llamado la atención sobre la necesidad de acelerar los proyectos de expansión de la Empresa de Acueducto. Por ejemplo, unos meses atrás, Diego Laserna había alertado, con tono catastrofista, que en 2019 la demanda de agua podría superar la oferta, anuncio que coincide con los planteamientos  proclives a las grandes obras de expansión, que ahora recurren al argumento de que el  cambio climático podría afectar la capacidad de las fuentes que abastecen la ciudad.

Por la misma época Juan Pablo Ruiz señaló en una columna  (https://www.elespectador.com/opinion/sao-paulo-y-bogota-sin-agua-columna-733762)  que los cronogramas de los proyectos de expansión poco tienen que ver con la incertidumbre por el abastecimiento de agua para Bogotá, y que el cambio climático más está asociado con  el veloz proceso de deforestación que está ocurriendo en la selva amazónica colombiana, que afecta los ciclos de agua y de lluvias en las zonas abastecedoras de los embalses. Lo ocurrido en Sao Paulo (Brasil) podría ocurrir en un futuro no lejano en Bogotá, señalaó Ruiz. Es decir, la solución no es  hacer más obras, sino tomar conciencia de los efectos de la progresiva destrucción de la Amazonía sobre la disponibilidad de agua, materia prima esencial de las proyectos de infraestructura, tan queridos por ingenieros y firmas constructoras.

A continuación se presentan algunos datos para la discusion, obtenidos en documentos oficiales,  y al final se proponen alternativas de política para asegurar el abastecimiento del agua y mantener la protección del ecosistema Chingaza.

                           Algunos datos

Sin duda, la capacidad y confiabilidad de suministro de agua para una ciudad de un poco más de 7 millones de habitantes y una región de alrededor de 8 millones es una preocupación de primer orden, pero la respuesta no puede ser la construcción de proyectos sobre ecosistemas frágiles o la alteración del ciclo hídrico regional, por encima de cualquier otra consideración.

Es algo parecido, guardadas proporciones, a la discusión sobre el incremento del suelo de expansión urbana con base en  cifras exageradas de crecimiento de la población que justifican las propuestas de acabar con la reserva Thomas van der Hammen, el bosque seco del sur o suelos de valor agrícola, sin considerar otras alternativas.

Para evaluar las condiciones de provisión de un sistema de acueducto hay que tener en cuenta, de lado de la oferta, las condiciones ambientales de las fuentes, la capacidad de almacenamiento y de las plantas de tratamiento y las características y la calidad de las redes de conducción y distribución. Del lado de la demanda, inciden el número de habitantes, los hábitos de consumo, y las necesidades de la actividad económica de la ciudad.

Al final  se puede encontrar alguna información detallada sobre estos factores, tomados del Plan maestro de acueducto y alcantarillado aprobado en 2006 y de otras fuentes oficiales, pero en resumen los datos son:

Disponibilidad agua sistema Bogotá

 

 

 

 

 

 

 

 

El margen de suministro es holgado, aunque hay que considerar las pérdidas físicas de agua, es decir lo que se destina al lavado de tanques y, sobre todo,  lo que se pierde en fugas de las redes debido a su edad o a falta de mantenimiento.

El factor que podría explicar el motivo de las alertas  es el caudal concesionado, es decir lo autorizado por la respectiva autoridad ambiental, que según el mismo plan maestro y datos recientes de la Empresa de Acueducto es de 18 m3/seg. Pero ese factor dependería del trámite de aumento del caudal en  la concesión y, en principio, no implicaría un problema real de escasez en la oferta de agua en el sistema. La Empresa de Acueducto (EAB) tendría que hacer claridad sobre este punto.

En la formulación del Plan Maestro de Acueducto fueron tenidas en cuenta estimaciones de población basadas en el censo de 1993, que señalaban que Bogotá tendría 9.747.000 habitantes en 2020 y 1.400.000 más en los municipios vecinos y solo tuvo en cuenta los datos preliminares del censo de 2005, aun sin proyecciones. Este censo arrojó 620 mil habitantes menos de lo proyectado, desfase similar al observado en el censo de 2018.  A pesar de esas estimaciones sobredimensionadas, el Plan Maestro pospuso los planes de expansión que tenía la EAB desde años atrás y, antes bien,  planteó una estrategia comercial de expansión de los servicios hacia otros municipios de Cundinamarca, para utilizar la capacidad excedente. Esta estrategia ha sido uno de los factores de crecimiento desordenado de la sabana porque a través de la venta en bloque y de decisiones equivocadas de las entidades de vigilancia y control de nivel nacional, empresas públicas y privadas pasaron de suministrar el agua a los centros urbanos a entregarla a todo tipo de usos en suelo rural o suburbano

Los proyectos de expansión pospuestos fueron Chingaza II, Embalse La Regadera II y Sumapaz. La estrategia de optimización del sistema existente sustituyó a las nuevas obras.

Adicionalmente, las estimaciones de demanda en 2020 cercana a 25m3/segundo no se cumplieron y el consumo de la ciudad hoy no llega a los 16 m3/segundo y en los municipios vecinos es inferior a  2m3/segundo. Esta caída se explica por la reducción de la población y por la reducción de los consumos por persona, cercana al 50% respecto a las proyecciones de principios de siglo.

 

                                   La Alcaldía está sumando dos veces

                                   el crecimiento esperado de la población

Según las previsiones de la EAB, con base en las proyecciones del censo de 2005, la primera obra de expansión tendría que entrar en operación en 2032. Sin embargo, el censo de 2018 ha mostrado una población en la región mucho menor a la proyectada y, por consiguiente, habrá un crecimiento menor de la población.

De hecho, la EAB en 2015 ajustó sus proyecciones de crecimiento de la demanda de Bogotá, al punto de que para 2050 sería de 21 m3/segundo, apenas un 31% más que la actual y mucho menor que la planteada hace dos décadas. Ese  crecimiento puede ser cubierto con la capacidad actual más las obras de optimización, aun atendiendo a los municipios vecinos.

Imagina conoció una comunicación de octubre de 2018, disponible en la web, dondela gerente de la Empresa de Acueducto responde a los requerimientos de la Secretaría Distrital de Planeación sobre oferta de agua para el crecimiento previsto en el proyecto de revisión del plan de ordenamiento territorial (POT). La empresa da plena certeza de la disponibilidad de agua hasta 2032, aun teniendo en cuenta una población actual de 8.231.030 habitantes (a pesar de que los datos preliminares del censo de 2018 muestran una población de 7.053.000) y un crecimiento esperado de  1.177.538 personas en Bogotá, y otro tanto en los municipios vecinos.

Según los datos de la comunicación de la EAB, en 2031 habría una demanda total de agua de 19,75 m3/segundo, mientras que la actual es de 15.84. Los  3,91 m3/segundo se distribuyen casi en  partes iguales entre Bogotá y los municipos vecinos, lo que quiere decir que esos municipios supuestamente también albergarían 1.100.000 habitantes más, es decir 190 mil personas al año, a pesar de que según el censo de 2018 la población creció a razón de 60.000 al año.

Ese crecimiento calculado para la revisión del POT está muy lejos de una lectura ajustada a la realidad demográfica de la ciudad y de la región hoy, porque la Alcaldía se niega a considerar el censo de 2018, porque deja sin piso sus propósitos de expansión urbana. Por tanto, la capacidad de abastecimiento incrementada con las obras de optimización se prolongará probablemente hasta 2050 o más, como bien lo muestran las previsiones ajustadas de crecimiento de la demanda, realizadas por la EAB en 2015

Dicho de otra manera, la demanda esperada en los 12 años de vigencia de la revisión del POT que actualmente se tramita, con proyecciones infladas para justificar la expansión urbana, se podrá atender con la optimización y posterior ampliación de la planta Wiesner, la optimización de la planta Tibitoc y la optimización de la línea Regadera-Dorado, además de las correspondientes adecuaciones de los componentes de  conducción y distribución y quedaría un remanente importante para atender el crecimiento de casi 20 años más. Esto coincide con el cálculo actualizado del comportamiento futuro de la demanda, que ya se mencionó.

 

Las cifras de la revisión del POT de Peñalosa

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           Propuestas de acciones hacia el futuro

1º. Proteger las fuentes de agua de las que dependemos, la principal de ellas, las que alimentan el subsistema de Chingaza. Este subsistema tiene una capacidad total de 16 m3/segundo, mientras que Chingaza II o suroeste ofrecería un caudal confiable de 27 m3/segundo, similar al de la totalidad del sistema actual, agua que indudablemente no necesitarán la ciudad ni los municipios cercanos. Pretender que un mismo sistema abastezca una región cada vez más grande, no solo tendrá efectos ambientales graves sobre Chingaza, sino que incrementará las vulnerabilidades y propiciará un mayor desorden territorial.

2º. Revertir decisiones inconvenientes como la de extender el servicio a Anapoima y La Mesa, como lo está haciendo la actual administración.

3º  Vigilar y controlar el cumplimiento de los cronogramas de las obras de optimización

4º Dar prioridad a un fuerte programa de reducción de pérdidas físicas, que no solo aumentará la oferta, sino que mejorará la calidad del agua, porque las filtraciones de la red contaminan el agua ya tratada a altos costos.

5º  Incrementar y mejorar las campañas de ahorro de agua. En lugar de destinar cuantiosos recursos para nuevas obras, con efectos ambientales insostenibles, desarrollar programas subsidiados para los hogares de menores ingresos de cambio a instalaciones de bajo consumo.

6º.  Desarrollar programas y generalizar dispositivos para el uso de aguas lluvias y ciertas aguas servidas en usos domésticos distintos al consumo humano.

7º.  Controlar el uso del agua en bloque, para evitar que sirva de bases para promover un crecimiento urbano disperso, costoso y depredador e iniciar de manera concertada con las autoridades nacionales, departamentales y municipales un programa de recuperación de las fuentes propias de agua para el suministro de los usos rurales.

8º. Empezar a creer en serio en la idea de sistema y de globalidad que plantea hace años el pensamiento ambiental: lo que está pasando con la destrucción de la Amazonía nos afecta también a los y las habitantes de Bogotá y no podemos seguir indiferentes, tenemos que exigir medidas eficaces de control de la deforestación y de gestión de la restauración e incluso buscar mecanismos para asignar recursos presupuestales, para que en vez de destruir el páramo de  Chingaza y afectar la cuenca de la Orinoquia, recuperemos el equilibrio del ciclo hidrológico de la región amazónica.

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María Mercedes Maldonado

Integrante de las Veedurías de Cerros y la Reserva Forestal Thomas van der Hammen. Ex Secretaria de Hábitat y de Planeación, coordinó Plan de Desarrollo de Bogotá Humana y ex candidata Progresista a la alcaldía de Bogotá 2015.

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