La calle nunca ofrece nada bueno

21 septiembre, 2016 |

“En la calle nunca ofrecen nada bueno” dije mientras observábamos el parque de la Independencia con mi novia, ella no estuvo de acuerdo, dijo que no que no le parecía. Pensé la frase nuevamente, pensé bien por qué lo había dicho y si sólo había sido una de esas afirmaciones que uno dice porque sí.

Un señor un poco desorientado y con su lengua enredada nos acababa de ofrecer algo que parecía una flor sucia hecha en fomi, mientras tanto, trataba de explicarnos que se aproximaba el día de amor y amistad. Además, caminando, una señora me había pispiado en el puente para venderme algo, había visto a un señor pidiendo dinero para el pasaje mostrando unos papeles y unas señoras haciendo firmar unas tablillas vestidas con ropa de la UNICEF.

Esas son las cosas que me habían llevado a decir semejante frase, pero es equivocado decir que eso es todo lo que ofrecen en la calle y que todo es malo, más que todo en esta ciudad inmensa. Estaría ignorando la variedad de comida, los artistas y todo lo demás que la calle puede ofrecer en una caminada por la séptima o un domingo en ciclovía.

El rebusque es una estrategia contra el desempleo y una forma de vida que empuja a todos estos vendedores, comerciantes, cocineros y artistas a la calle. El desempleo en Bogotá está alrededor del  9%, según los últimos informes. Lo cruel del asunto es que esas estadísticas no aclaran si una señora que trabaja todo el día en una esquina vendiendo chicles es empleada o desempleada.

Un gran porcentaje, entonces, de las personas que se le acercan a usted están intentando venderle algo. Si lo vemos de una forma cruda, están tratando de resolver sus necesidades de supervivencia a través de usted. Se encuentra en necesidad y usted simplemente puede no tener tiempo, no poder o no estar interesado. Esta condición entonces vuelve la interacción en la calle más tensa, más de obligación.

Decir que la calle sólo ofrece cosas malas suena como una abuela incrustada en el sofá de la sala. A medida que escribo recuerdo que la calle tiene muchos andenes y, tal vez, simplemente tuve la mala suerte de caminar en uno muy feo esta tarde.

Un día con una amiga, comprábamos unos chicles y un señor a nuestras espaldas nos pidió algo de comer. Le respondí que no podíamos ayudarle, que lo sentía mucho mientras trataba de que nos alejáramos  de él, mi amiga me detuvo, me renegó y dijo que  ella sí le podía ayudar, sacó un puñado de monedas y se las dio.

Aparte de mostrarme lo idiota que puedo llegar a ser a veces, esa acción me mostró otras cosas. La calle es un lugar también para el intercambio, lo queramos o no tenemos que compartir ese espacio y eso nos lleva a aprender del otro, para mal o para bien. Tomen un ejemplo que ya dije, una caminata por la séptima es una exposición del arte vivo de la ciudad, comida, música, todo. Inclusive en una profesión como la mía, el periodismo, el intercambio en la calle es necesario, necesitamos acercarnos al otro para preguntarle sobre su realidad o para retratarla. Sí, siempre va a estar la sombra de la necesidad sobre todos nosotros que quizás vuelva ese intercambio algo postizo o falso, pero todo dependerá de los ojos del que los ve.

Después de escribir esto la persona que dijo “En la calle no ofrecen nada bueno” está ya lejos, quizás escondiéndose en su casa para que nadie lo moleste ofreciéndole una flor.

José Alejandro Catama Castaño

Estudiante de Comunicación Social, estudiante de fotografía, estudiante de escritura y estudiante de cine. Estudiante así le entreguen el diploma, estudiante hasta que muera. Vive en Bogotá y es más inteligente en Facebook que en Twitter.

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