Bogotá con hambre (i)

6 noviembre, 2018 |

Según la FAO más de 1000 millones de personas en el planeta tierra están subnutridas debido a la imposibilidad de acceder a alimentos suficientes por sus precios, el desempleo y la pobreza. En Colombia según cifras de Planeación Nacional son más de 3 millones de personas las que no están bien alimentadas. Todos los años se desperdician más de 9 millones de toneladas de comida que podían estar alimentando a 8 millones de personas y de esas más de 9 millones de toneladas desperdiciadas por lo menos 1,5 millones de toneladas son botadas a la basura por las familias del país.

En más de 40% de los hogares colombianos falto el dinero la semana inmediatamente anterior a esta, para comprar alimentos suficientes para alimentar de manera completa a la familia. En Bogotá por los menos en 6,5% de los hogares algún miembro de la familia se vio obligado a no comer alguna de las tres comidas diarias uno o más días de la semana mientras que en localidades como Ciudad Bolívar y Santafé es en más de 12% de los hogares.

Simplificándolo mucho, el derecho a la seguridad alimentaria que tenemos usted y yo es cuando disponemos de manera sostenida de alimentos suficientes en cantidad y calidad según nuestras necesidades biológicas; mientras tanto la soberanía alimentaria es el derecho que tenemos las comunidades y pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sostenible y ecológica, además de decidir sobre nuestro sistema alimentario y productivo. En otras palabras, es la distancia entre una Coca Cola baratísima y un jugo de curuba cultivado, producido y distribuido en la sabana bogotana sin agroquímicos.

En Bogotá se podría garantizar la seguridad y soberanía alimentaria ya que llegan diariamente más de 14 mil toneladas de comida de todos los pisos bioclimáticos y regiones de Colombia, son por lo menos 300 municipios los que envían comida a Bogotá desde Boyacá, Tolima y Meta principalmente. De esas 14 mil toneladas por lo menos 7 mil se reciclan para consumirse en otras regiones, lo cual ya demuestra una falla estructural de distribución muy similar relacionada con las toneladas de comida desperdiciada a nivel nacional.

En promedio en Bogotá un consumidor paga 100 pesos por un producto que fue comprado en 35 pesos al productor.

Súmele a eso que según el Sistema de Vigilancia Alimentaria y Nutricional (SISVAN) de la Secretaria de Salud de Bogotá, por lo menos 40 mil niños y niñas sufren desnutrición crónica en la ciudad o se encuentran en riesgo de padecerla después de sufrir la alcaldía de Enrique Peñalosa que estamos culminando.

En contraste el programa “Bogotá sin Hambre,” de la alcaldía de Lucho Garzón (2002-2006), creo más de 300 comedores comunitarios en toda la ciudad para las personas más pobres. Fue la primera política de seguridad alimentaria y nutricional a gran escala que se implementó en la capital con éxito. Gracias a ese programa el índice de desnutrición crónica de niños menores de 12 años se redujo de 15,6 por ciento en el 2002 a 12,8 por ciento en el 2006; en el mismo periodo el índice de desnutrición aguda paso de 6,3 a 5,5 por ciento.

Bogotá sin Hambre vinculo a 17 mil tenderos de las localidades de Usme, Sumapaz y Ciudad Bolívar en redes de compra directa de alimentos a organizaciones campesinas con el objetivo de reducir los costos de los mismos para la ciudadanía. Gracias a ese programa, por ejemplo, en Ciudad Bolívar las familias saltaron de comprar 10 huevos semanales en promedio a 12 huevos.

Para el 2006-2007 se servían en Bogotá comidas calientes a 600 mil niñas, niños y jóvenes estudiantes de los colegios distritales de Bogotá y 100 mil comidas calientes en los comedores comunitarios del programa.

En los años siguientes y sobre todo entre el 2012 y el 2016 con la alcaldía de Gustavo Petro, las políticas de seguridad alimentaria en la ciudad se mantuvieron y/o se fortalecieron. Un ejemplo de esto es que una comisión de 21 expertos de la UNESCO calificó la política pública de atención a la niñez entre los cero y los cinco años de la Bogotá Humana, como tremendamente innovadora y un hito mundial. La administración reconocía con inversión pública billonaria esta etapa como la más importante del ser humano, haciendo especial énfasis en la alimentación completa de nuestra niñez bogotana, partiendo del hecho de que el cerebro se desarrolla en estos primeros años de vida y una nutrición completa es decisiva para que las personas no tengan desigualdades insuperables a lo largo de su existencia.

Peñalosa es responsable directo de los retrocesos en la seguridad alimentaria de la ciudadanía bogotana en los últimos años, resultado de su versión dogmática que privilegia el mercado sobre el papel de las instituciones en el cuidado de la gente, por ejemplo, desmantelando comedores comunitarios. Al igual que lo ha hecho en otros frentes ha abandonado a los sectores populares a su suerte empobreciéndolos y en el caso particular de la seguridad alimentaria mantiene el patrón de entregarle al mercado parte de la responsabilidad.

“Bogotá te Nutre” solo ha atendido a 60 mil personas en 124 comedores comunitarios que sobreviven en la ciudad, menos de la mitad de los que existían hace 10 años, el programa reparte además de eso bonos canjeables por alimentos en negocios privados. De los 40 mil menores en situación de desnutrición, solamente 1500 de estos, más 200 madres adolescentes gestantes y lactantes de Engativá, San Cristóbal, Bosa, Ciudad Bolívar, Kennedy y Usme fueron vinculadas a un programa de la alcaldía, operado por empresas privadas y es mostrado como gran resultado y avance en la seguridad alimentaria de Bogotá.

La otra cara de la moneda en la problemática alimentaria de Bogotá esta en quienes controlan el negocio, pero eso será tema de la continuación de esta columna…