Autubers

2 mayo, 2016 |

La presencia de un autor hizo colapsar la Feria del Libro de Bogotá el sábado 23 de abril. Una multitud de jóvenes se volcó hacia el lugar para verlo. Esto podría ser un motivo de celebración pero ha sido un punto de polémica y debate acerca de las prácticas contemporáneas y el acceso a la cultura.

No fue por Fernando Vallejo ni por los invitados holandeses; tampoco, por Paolo Giordano, Carolina Sanín o los autores que conversarían sobre el compromiso de los artistas con el contexto. Ni siquiera por la charla sobre derecho a la intimidad entre Javier Darío Restrepo y Vicky Dávila, en el encuentro de periodistas.

De hecho, una parte del maduro público que quería presenciar esos diálogos se quedó por fuera. La Feria cerró puertas, se anunciaba desde temprano por varios medios: “si no es urgente visitar este evento hoy, déjelo para mañana”.

El autor que revolucionó la Feria es una estrella de las redes sociales, un “youtuber”; el fenómeno masivo se impuso frente al limitado universo de los libros.

Creo que se debe considerar que las ferias del libro no son eventos exclusivamente literarios. Allí se exhibe y se mercadea toda la diversidad de oferta de materiales impresos y lo que Germán Garmendia y la editorial Penguin Random House presentaba ese sábado, es un libro. No uno de esos objetos de “alta cultura”, no una pieza literaria, pero un libro.

Sus miles de seguidores, querían una firma en una de sus páginas; querían verlo. Como quien hace fila para ver la Gioconda en el Louvre o el Guernica en el Reina Sofía: ¡hay que estar ahí!

Antes que elevar diatribas contra este tipo de manifestación; antes que preguntar qué hace un hombre que habla por un canal de YouTube a más de 27 millones de seguidores en la Feria del Libro, como si se tratara de una profanación, deberíamos preguntarnos por qué esto genera una manifestación masiva.

Los videos de #YosoyGermán no son una muestra de utilización poética de la lengua; tampoco transmiten reflexiones éticas profundas ni generan debates políticos. Se parecen más a las “stand up comedies”. Su contenido es liviano. Tan liviano como cualquier otro producto mediático.

El hecho ha llevado a las redes a revivir un viejo debate: la cultura de masas; el poder mediático frente al poder de lo poético, del arte, de la producción de conocimiento, sus canales de circulación y mecanismos de legitimación.

Las redes sociales se meten como un virus dentro de ese universo culto que pretende ser exquisito e intelectual. Sus protagonistas,  jóvenes, van a ir a las universidades con sus gustos y necesidades. Quienes están al frente de acompañar procesos de formación para esas generaciones tienen el compromiso de cuestionar la potencia de sus valores frente a eso que atrae a sus estudiantes.

Germán es un autor. Distinto, de otro tipo. De esta época. Lo ocurrido ese día, da cuenta de que la diversidad está en todas partes. La actitud recomendable ante ella es tratar de mantener el equilibrio. No creo que este sea el pez león que ataca los preciosos e indefensos corales. El acontecimiento es distinto. Este tipo de creativo ya está en el medio. Los demás deben escoger sus reacciones y reacomodar el ecosistema.

Como escribió Walter Benjamin: No hay documento de cultura que no sea, al tiempo, de barbarie.

Alejandro Jaramillo

Artista audiovisual. Ha trabajado en diversas iniciativas de comunicación para el cambio social. Investiga sobre la relación entre los medios masivos y el acontecer social. Escribe sobre temas de diversidad sexual y genérica.

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