Blood Lions: cacería de leones en Sudáfrica

20 noviembre, 2015 |
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Ian Michler se sienta solo en medio de la tarima del auditorio Mario Laserna en la Universidad de los Andes el 13 de noviembre de 2015, toma el micrófono frente una audiencia que acaba de ver el pre estreno para Latinoamérica de Blood Lions, su más reciente documental sobre la cacería ilegal de leones en Sudáfrica, y dice: “no creo que haya una sola alma en este auditorio, o los que hayan visto el documental, que no diga que la reproducción de animales como los leones y los tigres, animales territoriales que requieren vastos kilómetros de bosque y sabana para sobrevivir, sean fichados y puestos en cautiverio en esas condiciones”. Así inicia la charla con el periodista gráfico que ha pasado 25 años denunciando la cacería ilegal de animales en Sudáfrica.

“No creo que haya un alma que diga que no importa cuánta plata esté de por medio, que debamos hacerlo para que otros puedan dispararles por diversión”.

Michler nació en Sudáfrica, es escritor, periodista, guía experto en vida silvestre y conservacionista que ha dedicado su vida a la protección de la naturaleza. Habiendo atrapado la atención de su audiencia, continúa: “No creo que haya un alma en este auditorio que diga que, dentro de esas circunstancias, no importa cuánta plata esté de por medio, que debamos hacerlo para que otros puedan dispararles por diversión. Mi documental Blood Lions se enfoca sólo en depredadores, pero esto le sucede a muchos otros animales. África tiene un negocio muy grande de reproducción de animales en cautiverio para que luego los cacen”.

Blood Lions (Leones sangrientos) fue producto de una cuidadosa y peligrosa investigación sobre las compañías que son dueñas de amplios territorios donde promueven la cacería y reproducción forzada de tigres y leones en Sudáfrica. Allí, junto a Rick Swazey, un cazador americano, inician un viaje para revelar la realidad sobre estas compañías y derribar cualquier argumento que intente justificar sus acciones. Ian Michler ha seguido esta historia desde 1999, ha visitado las granjas en donde se lleva a cabo la reproducción y ha visto el impacto que décadas de reproducción forzada ha tenido sobre los leones en cautiverio y otros depredadores. En el documental se ve cómo quienes controlan el negocio justifican sus acciones en pro de la conservación de la especie, para fines de investigación que favorece a los animales y por la educación. Sin embargo, desde que Swazey compra un león vía online desde su casa en Hawaii y luego viaja hasta Sudáfrica para hacer seguimiento a lo que sucede en estas granjas, se ve de todo menos conservación, educación e investigación en pro de los animales. Al contrario, se revela el sufrimiento de estos animales, su explotación y la complicidad de las autoridades locales y otras instituciones que  permiten que estas compañías se expandan.

Ian Michler, desde 1999, ha visitado las granjas en donde se lleva a cabo la reproducción forzada de leones en cautiverio.

Es un negocio que produce miles de dólares en un solo día, de modo que resulta bastante difícil acabar con ellas. Durante el documental hablan con cazadores de trofeos, operadores, los encargados de la reproducción forzada y contraponen su discurso con el de reconocidos ecologistas, conservacionistas y expertos en cuidado animal. Al final de día, Blood Lions es un llamado global a que se tome acción frente a este asunto y se erradique la crianza de leones para la cacería.

Antes de que Susana Caballero, profesora de la Universidad de los Andes, tomara la palabra y se sentara a conversar con Michler, él se dirigió al público. “Las preguntas que deberíamos hacernos esta tarde son, primero, veamos lo social, ¿es este un comportamiento apropiado? Segundo, veamos la parte ética, si hay alguien en el público que piense que la cacería tiene su lado bueno, entonces ¿existe algo que se pueda llamar cacería ética?, ¿lo que vieron en Blood Lions es una cacería ética? Tercero, miremos la discusión acerca del factor económico, ya que uno de los argumentos más fuertes de este tema es que crean posibilidades de empleos y producen ganancias. Cuarto y último, hay que ver los temas de conservación. Muchos de los que dirigen estos negocios se acogen a un modelo de conservación, el documental lo deconstruye, pero sigue siendo un argumento fuerte en todo el mundo. Entonces, veamos estos temas y miremos en detalle lo que significa la palabra conservación”.

En el documental se ve cómo quienes controlan el negocio justifican sus acciones en pro de la conservación de la especie, para fines de investigación que favorece a los animales y por la educación.

Así, durante la conferencia le preguntaron a Michler por las emociones ¿cómo una persona tan sensible como tú pudo soportar ver la tortura a estos animales mientras hacías la investigación? El sudafricano dijo que para poder combatir estos temas debía llevarlos al territorio donde sucedían, que no podía luchar desde afuera. Pero que llevarlo a su territorio significaba tomar decisiones más pragmáticas, tener un acercamiento más fuerte y con muy poco contenido emocional. Cuando estaba frente a frente con los líderes de las granjas, con los mismos cazadores de trofeos, no podía permitir que la emoción que sentía dentro hablara por él, debía cuidar cada cosa que hiciera. “Si ellos vinieran en este momento, le dirían al auditorio que esto es muy emocional, que lo mejor sería que fuéramos más pragmáticos, más científicos. Lo que intentan hacer es sacar el lado emocional del asunto. Y lo hacen porque las emociones son el único componente del debate que ellos no pueden controlar”.

Ian Michler y Susana Caballero

Foto: Juliana Díaz

Entre silencios largos, el auditorio está completamente atento a las palabras del reportero del medio ambiente y documentalista, “Yo siempre regreso a mi país y pienso que no fue la ciencia lo que se dio cuenta esta situación, no fue un pensamiento lógico lo que lo denunció, de hecho el gobierno usó la ciencia y un aparente pensamiento lógico para justificar estas actividades. Pero lo que cambió esto fueron las emociones. Porque las personas se empezaron a dar cuenta de que era algo totalmente inaceptable. Es lo mismo con este debate, es el componente emocional lo que nos dice ‘esto está muy mal’. Y eso no le gusta a los cazadores. Ya vieron la reacción del mundo frente a lo que pasó con el león Cecil”.

“Si los cazadores vinieran en este momento, le dirían al auditorio que esto es muy emocional, que fuéramos más pragmáticos, más científicos. Lo hacen porque las emociones son lo único que ellos no pueden controlar”.

Otra pregunta que surgió fue qué había sido lo más duro por lo que había pasado, a lo que respondió que él no se quedaba con lo duro, pero que siempre se quedaba con el movimiento de los leones. “Los leones no se mueven como las serpientes para adelante y para atrás, los leones no van para arriba y para abajo frente a una reja, ellos no hacen eso. Esto es lo que se queda conmigo, no tiene justicia encerrar a un gran depredador como los leones en estas condiciones”.

La conferencia tocó las preguntas propuestas por el reportero, pero también tuvo un lado más personal de la vida de Michler, y finalmente, luego de que él respondiera cómo evitar apoyar a estas organizaciones por error, el auditorio se alzó en aplausos. Ian Michler, sentado en medio de la tarima, quedó pasmado por un momento, se sonrojó y se le aguaron los ojos acompañados por una gran sonrisa.

El estreno para Latinoamérica de Blood Lions será en diciembre por Discovery Channel.

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